El regreso a clases y la implementación de una rutina puede representar un reto para muchos núcleos familiares. Por este motivo, Es Mental conversó con dos expertas para abordar cómo manejarlo de una forma exitosa.

Uno de los primeros pasos es comenzar a ajustar cambios paulatinamente, según se vaya acercando la fecha del reinicio de clases, dijo la psicóloga escolar María Bravo Saavedra. Acostarse a una hora particular, ir estableciendo horarios de levantarse temprano, desayunar y vestirse, y establecer horarios de juego son algunas de las medidas iniciales sugeridas por la experta. 

“Se trata de volver a retomar esa esas costumbres que se tenían antes de las vacaciones para ir familiarizando a los niños con lo que se va a presentar una vez regresen a la escuela”, indicó. A esto la también psicóloga escolar Jocelyn Morell Casellas añadió que cada rutina debe de ser adaptada a las necesidades del menor y a las particularidades correspondientes a cada núcleo familiar.

Según una encuesta realizada por el Harris Poll en nombre de la organización sin fines de lucro On Our Sleeves Movement for Children’s Mental Health, el 71% de los padres estadounidenses dicen que sus hijos experimentaron desafíos el año escolar de 2022. Entre las dificultades principales estaban la seguridad (37%), problemas académicos (26%), acoso escolar (24%), los desafíos sociales relacionados con la pandemia (24%) y los problemas de salud mental (22%).

Es importante tomar en consideración que los niños pequeños necesitan dormir un poco más, mencionó Bravo Saavedra. Por ende, requieren horarios más extensos de dormir, específicamente un poco más de ocho horas. Precisó que cuando uno duerme, no solo está descansando, sino que están ocurriendo muchos procesos importantes. El cerebro está haciendo una limpieza y dejando la información que necesitamos para poder continuar ejecutando.

Mientras, los adolescentes a veces son un poco más retantes por su acceso a la tecnología y los estímulos constantes que esto implica, comentó Bravo Saavedra. En este marco, es recomendable que los adolescentes duerman aproximadamente entre 7 a 8 horas.

“Toma más tiempo lograr establecer una rutina y mantenerla”, comunicó Bravo Saavedra al subrayar que esta es indispensable, pues le va a dar estabilidad a la vida de los menores. 

Son factores que se pueden controlar dentro de un ambiente en que siempre habrán detalles que están fuera de las manos de los niños y sus padres como los maestros, compañeros, clases, el salón, entre otros factores que pudiesen representar desafíos o retos nuevos. 

Más aún, dijo que es indispensable que los cuidadores primarios puedan preparar un espacio adecuado para que los niños y adolescentes puedan estudiar, libre de distractores posibles que el estudiante. En esta línea, Morell Casellas agregó que, antes de estudiar, se debe de tomar una merienda, tener un descanso y luego estudiar o dedicarle una momento adicional, si fue a un centro de estudios. 

Morell Casellas puntualizó que es importante tener un espacio dedicado a los estudios, una hora para ejercer las tareas y que este ambiente cuente con luz clara y que tenga los materiales necesarios, preferiblemente un escritorio o una mesa libre de distracciones.

Dentro de este contexto, ambas expertas sostuvieron que deben establecer horarios de receso entre las horas de estudio. Bravo Saavedra propuso alrededor de 10 minutos cada 30 minutos de estudio dentro de una rutina de dos horas. Mientras, Morell Casellas sugirió el método Pomodoro, un programa de estudios que también toma en consideración pausas. También propuso, tener una hora para bañarse, comer, y quitarle los electrónicos o teléfono.

Dedicar alrededor de tres horas para la preparación de un examen, dos días antes o el día antes, aconsejó Morell Casellas. El día antes que sea una un proceso de repaso y utilizar diferentes métodos que hay para estudiar hacer resúmenes como utilizar colores para enmarcar ciertas cosas, incorporar música, usar aspectos visuales o auditivos, entre otras estrategias. Explicó que hasta los nueve años, los menores son más visuales, factor importante a tomar en consideración.

De vuelta a la rutina: la importancia de mantener la comunicación

Durante lo que es este inicio de clase es sumamente importante mantener una comunicación abierta y asertiva con los hijos para conocer, cómo le está yendo en ese proceso de transición o adaptación al nuevo al nuevo año escolar cuando se tenga la oportunidad de hablar con ellos, señaló Bravo Saavedra.

Asimismo, es recomendable preguntarles cómo les fue en su día, cómo se levantaron, cómo les fue con la maestra y estar pendiente de cómo está el menor.  

También, aconsejó incluir, dentro de esta rutina, actividades que sean extracurriculares y que no tengan que ver todo con lo académico, dijo Bravo Saavedra. Mientras, alertó que los padres deben de mantener una actitud positiva, pues tienen mucho poder de influencia en los menores y sus comentarios o conductas hacia el ambiente escolar puede ser imitado. 

Mientras, Morell Casellas apuntó que es importante fomentar la independencia. No es necesario estar encima de los niños todo el tiempo con las asignaciones, pero sí, supervisar. “Que el niño sepa que sus padres están atentos a lo que le está haciendo están disponibles también para ayudarlo, permitirles expresar sus emociones y aprender a canalizarlas”, expresó.

Mientras, según la Universidad de Nueva Inglaterra es indispensable hablar sobre expectativas, asegurarles a los menores de que son capaces y que tienen el apoyo de los padres, hablarles sobre cómo manejar la limpieza de sus espacios de estudio y el higiene en el ambiente escolar, estar preparados para la posible resistencia de los menores ante este cambio, exponer el comportamiento que quieres recibir de tus hijos y tomar en consideración la personalidad de cada menor y sus patrones de comportamiento. 

Morell Casellas sugirió tener un calendario familiar, alimentarse correctamente, incorporar actividad física, actividades familiares, fomentar el concepto de familia, técnicas de relajación y respiración, celebrar logros, motivarles a tener metas y velar por la ansiedad. “Los niños de hoy día tienen la misma ansiedad que tenían los pacientes en los institutos en las instituciones de pacientes psiquiátricos”, dijo al citar la literatura científica y decir que es preocupante que a tan temprana edad se están experimentando altos niveles de ansiedad y depresión. 

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), de 2016 a 2019 un 4.4% de menores tenían depresión y un 9.4% ansiedad. Las investigaciones más recientes muestran un aumento respecto a estas estadísticas, los porcentajes de depresión crónica y severa oscilando entre un 11.5%. Otro estudio, mostró una prevalencia de entre 20 a 40% de ansiedad entre sus participantes de 2019 a 2022.

Morell Casellas recomendó el refuerzo positivo, celebrar los logros y ante el mínimo fallo hablar con el menor e intentar entender qué fue lo que sucedió en cuanto al contenido de la prueba, la dificultad de la clase, falta de comprensión o distracciones antes de regañar. Es indispensable enseñarles a resolver sus problemas y entender cómo mejorar, establecer límites, expectativas y unas reglas claras.