Lo que inició como una búsqueda inocente en Internet durante la pandemia se convirtió en el comienzo de un trastorno alimentario severo para Caroline Koziol, una exnadadora de 21 años que encabeza una gran demanda contra Meta y TikTok por algoritmos que promueven dietas extremas y contenido fitness nocivo para la salud mental.
En una sociedad en la cual los adolescentes, de 13 a 17 años, pasan 4.8 horas al día en redes sociales, como TikTok, Instagram o Facebook, la estudiante universitaria forma parte de una demanda colectiva junto otros 1, 800 demandantes (incluyendo menores, familiares de víctimas de suicidio y jurisdicciones de la nación estadounidense ) que acusan a estas plataformas de promover trastornos de la conducta alimentaria.
El relato de Koziol describe que durante el periodo de confinamiento obligatorio por COVID-19, cuando apenas tenía 17 años, comenzó a buscar entrenamientos en casa y recetas saludables en las redes sociales para mantenerse en forma para la natación. En pocas semanas, sus feeds de Instagram y TikTok se llenaron de contenido que promovía entrenamientos extremos y alimentación desordenada.
Pasó de ser una de las mejores nadadoras en su categoría a sufrir constantes desmayos, fatiga y anorexia severa.
La demanda, cuyo juicio se espera inicie en el 2026, subraya que el diseño de los algoritmos maximiza el tiempo de uso de teléfonos inteligentes y, por consiguiente, conduce a los usuarios a contenido dañino para la salud mental de usuarios vulnerables, particularmente niños y adolescentes.
Meta ya ha respondido a la acusación asegurando que se está priorizando la seguridad de los menores y que, al momento, cuentan con diversas herramientas y configuraciones diseñadas para protegerlos.
No es la primera vez que la empresa se ve involucrada en una batalla legal por el tema del bienestar emocional, pues en octubre de 2023, una coalición bipartidista de 41 estados (incluyendo DC) presentó una demanda federal alegando que las plataformas están diseñadas para crear adicción en niños y adolescentes y, además, aumentar pensamientos suicidas y trastornos alimentarios.
El contenido de redes sociales que mayormente se asocia con trastornos alimentarios es, precisamente, el que tiene que ver con cuerpos ideales, dietas extremas, ayunos prolongados, recetas ‘saludables’ que demonizan ciertos ingredientes y otros, explicó a Es Mental la psicóloga Nayaliz Meléndez, especialista en el tema.
“Plataformas como Instagram ahora mismo está súper asociada con insatisfacción corporal, especialmente entre jóvenes de 18 a 35 años”, sostuvo.
Múltiples las consecuencias de este contenido
En este mismo contexto, la psicóloga clínica Naomilee Figueroa Cintrón mencionó que también estos videos en tendencia sobre ‘lo se come en un día’ fomentan la culpa, el rechazo, la baja autoestima e incluso el desprecio al cuerpo. Que, en ocasiones, son publicados por figuras de interés, celebridades o influenciadores, con el fin de obtener visualizaciones.
“Estamos en la generación cultural donde un like decide qué rige o no la nueva norma, en el que un segundo simplista e incluso impulsivo de brindar un like, asume la responsabilidad enorme de empeorar o aumentar nuestra salud mental y rige nuestra relación con la alimentación, con nuestra mente y con nuestro cuerpo. A partir de estas conductas absolutistas, de blanco o negro, se decide si somos dignos a mostrarnos o recurrimos a escondernos con vergüenza», opinó Figueroa Cintrón.
Detalló que, usualmente, la población de adolescentes y adultos jóvenes se vuelve más vulnerable a los trastornos alimentarios a través de las redes sociales, porque a nivel biológico sus cerebros aún no están totalmente desarrollados. Con el contenido en línea se ven atacados constantemente por una realidad alterada y superficial de cuerpos y vidas idealizadas.
Y esta nueva ‘belleza’ construida, los pone en riesgo constante de consecuencias emocionales, físicas, y de pobre autoconcepto; que al final pueden terminar en trastornos de la conducta alimentaria, condiciones crónicas como efecto secundario adverso y hasta la muerte.
“Aunque los más vulnerables ante el peligro de los trastornos alimentarios son los adolescentes y adultos jóvenes, la nueva realidad dentro de las redes sociales se acaparan a toda persona que tenga una cuenta de usuario. Es por esto que esta peligrosa ola se ha vuelto infecciosa ante todas las generaciones sin distinción a las edades”, aseguró.
Algunas señales que ha visto en pacientes, de acuerdo con Meléndez, van desde las comparaciones constantes de lo que ven en plataformas sociales, culpa y vergüenza por comer o de su cuerpo, cambios drásticos en conducta alimentaria o mencionar que están haciendo retos para bajar cierta cantidad de libras en un mes.
“También lo veo mucho cuando los pacientes me dicen que tienen que evitar ciertas situaciones sociales o eventos porque no saben qué comida va haber allí; esto los restringe a salir o se preocupan demasiado por llevarse comida”, señaló.
Desafortunadamente hay un fenómeno que viene desarrollándose hace años, en el que se validan estereotipos superficiales corporales y de alimentación. Hoy es una moda, muy alejada de mejorar la salud, enfatizó Figueroa Cintrón.
Otras bandera rojas observadas entre personas experimentando estos trastornos son cuando hay una idealización excesiva de modelos o influencers que promueven el “body checking”, ejercicio extremo sin un plan intencionado al bienestar holístico ni recomendado por un profesional, escuchar que se identifiquen las comidas o rutinas como malas, buenas o saludables o no saludables, agregó.
A nivel fisiológico puede verse mediante la pérdida o aumento de peso significativo y rápido, fatiga constante, caída del cabello gradual o severo o cabello maltratado, emociones de tristeza, irritación y ansiedad; cambios de humor constantes, miedo intenso y desprecio insistente por el peso, desmayos o mareos, depresión.
Asimismo, ciclo de menstruación alterado, desgaste del esmalte dental por la constante exposición al ácido gástrico como consecuencia de los vómitos, quejas de sensibilidad al calor o al frío en los dientes, aumento de caries y/o sensación de saliva espesa o pegajosa o incluso sabor metálico.
El resultado del litigio de Koziol podría marcar un antes y después en las exigencias de responsabilidad que afrontan las grandes tecnológicas sobre este tema. Aunque Meta sostiene haber implementado limitaciones de contenido, aún queda mucho por lograr.
Las profesionales coincidieron en que las personas deben escoger detenidamente y con propósito el contenido que consumen, dar paso al dejar de seguir o mutear cuentas que se dediquen a crear narrativas negativas sobre la alimentación y el cuerpo, reducir el tiempo en pantalla (especialmente que padres, madres y cuidadores estén al pendiente de esto); trabajar activamente en cambiar la narrativa de que un ‘me gusta’ es lo más importante, ya que el valor como ser humano nunca dependerá de un contenido y, sobre todo, ir a terapia de experimentar las señales mencionadas.






