Abrir Tik Tok o Instagram y no toparse con el contenido viral de inteligencia artificial sobre frutas y vegetales protagonistas de historias de traición y mal de amores, o las llamadas ‘frutinovelas’, parece imposible en estos días. Pero más allá de lo que parece material digital inofensivo y que entretiene en las redes sociales, se esconden recompensas inmediatas y el consumo compulsivo, que afectan, según especialistas, el cerebro y la salud emocional. 

En la era digital lo absurdo y banal engancha, y para muestra las llamadas telenovelas de frutas que se han convertido en contenido viral en plataformas digitales. 

Creadas por William Rico Vélez, un estudiante colombiano de diseño industrial de 27 años, las historias suelen estar cargadas de drama, estereotipos marcados y hasta erotización implícita y hoy millones de personas las consumen a diario, afirmó la doctora Naylú Martínez, trabajadora social clínica.

El impacto en el cerebro de este contenido en redes

Y, aunque parezca que nada ocurre en el cerebro por consumir estos vídeos, se trata de un ejemplo del fenómeno de brain rot, que hace énfasis en el deterioro cognitivo, fatiga mental o falta de concentración por causa de material superficial, absurdo o rápido en redes sociales, tales como memes, vídeos cortos y humor que, en ocasiones, no tiene ni sentido. 

De hecho, en el 2024, “brain rot” fue elegida como la Palabra del Año por Oxford y tras esto han emergido diversos artículos científicos y estudios exploratorios sobre el tema.

En Demystifying the New Dilemma of Brain Rot in the Digital Era: A Review se describe, por ejemplo, que podría provocar insensibilización emocional, sobrecarga cognitiva y una autopercepción negativa; angustia psicológica, ansiedad y depresión.

Además, conductas como el doomscrolling (consumo compulsivo de noticias negativas), zombie scrolling (desplazamiento automático e inconsciente en redes) y el uso problemático de redes sociales.

Por tanto, en un mundo en el que más de cuatro mil millones de jóvenes están conectados a internet y pasan aproximadamente 6 a 7 horas diarias en línea, muchos consumen este contenido. 

En esta misma investigación, se responsabiliza al brain rot de deterioro de habilidades ejecutivas de la memoria, la planificación y toma de decisiones.

Algunos síntomas incluyen el pasar demasiadas horas frente a pantallas, la ansiedad al alejarse del teléfono móvil y la disminución en la capacidad de prestar atención a actividades que son de interés.

De acuerdo con Martínez, el problema es que este contenido, como lo son las frutinovelas, está diseñado para enganchar.

Desde la neurociencia, sabemos que los formatos rápidos, impredecibles y emocionalmente intensos activan el sistema de recompensa del cerebro, particularmente la liberación de dopamina. No se trata de que la dopamina sea “mala”, sino de cómo se estimula: micro-recompensas constantes, cambios rápidos de escena, picos emocionales artificiales”, explicó.  

Por tanto, “esto entrena al cerebro a buscar gratificación inmediata, reduciendo la tolerancia a contenidos más lentos, profundos o reflexivos”, dijo. 

Entonces ,cuando se trata de demográficos como los adolescentes (cuyo cerebro aún está en desarrollo, especialmente en áreas como la corteza prefrontal) este efecto es más pronunciado. 

En adultos, aunque existe mayor madurez cerebral, tampoco estamos exentos. El estrés, la fatiga y la sobrecarga emocional hacen que este tipo de contenido funcione como una vía rápida de escape. El problema no es verlo ocasionalmente, sino cuando se convierte en la forma predominante de desconexión”, continuó.

Por su parte, la licenciada Daniela Trabal, consejera psicológica y estudiante doctoral, aseguró que estas historias exageradas, con conflictos dramáticos, captan la atención sin requerir mucho esfuerzo mental. 

Asimismo, el uso de colores brillantes, música, voces y ediciones rápidas mantiene al cerebro constantemente estimulado, creando una sensación de recompensa inmediata que invita a seguir viendo más contenido, enfatizó.

“Pese a que suelen presentarse como humor inofensivo, muchas frutinovelas también refuerzan estereotipos de género tradicionales”, recordó.

Representan personajes femeninos como celosos, dramáticos o dependientes de relaciones románticas, mientras que los personajes masculinos suelen asociarse con infidelidad, poder o desapego emocional. 

Este tipo de narrativa repetitiva puede normalizar dinámicas tóxicas y simplificar las relaciones humanas en roles estereotipados, especialmente entre audiencias jóvenes que consumen este contenido diariamente”, señaló. 

En este mismo contexto, Martínez dijo que más allá de caricaturezco, suelen reforzar dinámicas de celos, manipulación, relaciones superficiales, hipersexualización y resolución impulsiva de conflictos. 

El cerebro humano aprende no solo por instrucción directa, sino por observación. A través de lo que en psicología conocemos como aprendizaje vicario, especialmente descrito por Albert Bandura, internalizamos patrones de conducta al verlos repetidamente, incluso cuando sabemos que son ficción, planteó. 

“Y aquí surge una pregunta importante:¿El cerebro distingue completamente entre ficción y realidad? La respuesta es compleja. A nivel racional, sí. Pero a nivel emocional y conductual, no siempre. Cuando un contenido genera activación emocional (risa, sorpresa, deseo, enojo), el cerebro lo codifica como experiencia relevante. Esto significa que, aunque sepamos que es “exagerado”, puede influir en nuestras expectativas, percepciones de relaciones y tolerancia a ciertos comportamientos”, puntualizó. 

Finalmente, dijo que no se trata de satanizar el entretenimiento ni de promover prohibiciones irreales, sino de educar, acompañar y desarrollar criterio.

En jóvenes debe ser clave el fomentar conversaciones abiertas, para ayudarles a cuestionar lo que ven, identificar estereotipos y diferenciar entre entretenimiento y realidad. No desde una crítica impositiva, sino desde un pensamiento crítico.

Mientras que para los adultos, implica autoobservación: “¿estoy usando este contenido para descansar o para evitar?, ¿puedo dejar de verlo fácilmente o siento que “uno más” nunca es suficiente?”, recomendó preguntarse.

“Para nosotros, como profesionales de la salud mental, el rol es aún más relevante. No podemos ignorar estos fenómenos culturales. Necesitamos integrarlos en la clínica, en la psicoeducación y en la prevención”, mencionó. 

“Al final, lo que vemos repetidamente no solo entretiene, también moldea”, concluyó.