La implementación de un protocolo para la prevención y manejo de casos del COVID-19 de la Red de Albergues de Violencia Doméstica de Puerto Rico puede agudizar la carencia de fondos que enfrentan los albergues de víctimas de violencia doméstica al tener que invertir más en productos de higiene personal para protegerse del contagio del novel virus. 

Las arcas de los albergues se han visto duramente golpeadas por la merma en fondos federales y estatales en los últimos años. La paralización de la economía también ha causado que sean menos los que donen a estas entidades sin fines de lucro.

A esto se añaden las estrictas partidas de gastos en las propuestas que los albergues someten para recibir fondos federales, estatales y de sin fines de lucro, las cuales, en muchos casos, les prohíben asumir gastos que no estén contemplados como servicios directos.

Sin embargo, las tres representantes de los albergues de violencia doméstica en la isla entrevistadas por Es Mental enfatizaron que, a pesar de los retos económicos que esto puede imponerles, lo llevan a cabo con satisfacción porque es su responsabilidad. 

La presidenta de la Red de Albergues de Violencia Doméstica de Puerto Rico, Vilmarie Rivera Sierra, explicó que, por lo general, el costo de una mascarilla ronda en los $8. El precio es “astronómico” cuando se multiplica por toda una plantilla de empleados más las víctimas.

“Si por lo menos se necesitan 100 mascarillas para cubrir un periodo de tiempo más o menos como el que tenemos anticipado, multiplica eso por ocho”, ejemplificó. “Es una cantidad fuerte”. 

La presidenta mencionó que se encuentran trabajando “semana a semana”, porque no son una “prioridad” ante la emergencia. Igualmente, el producto en todas las esferas ha escaseado. Han tenido que comprarlos a todo tipo de tienda e incluso almacenes. 

“Hemos tenido días en los que hemos estado con cantidades [de artículos de higiene personal] limitadas, aunque hemos podido resolver”, expresó Coraly León Morales, directora ejecutiva de la Casa Protegida Julia De Burgos. “Pero ha sido un esfuerzo titánico”. 

En lo que va de cuarentena han realizado tres compras grandes de cloro, desinfectante, guantes y mascarillas en el albergue, agregó León Morales. El producto que más complicado ha sido conseguir son los pañitos desinfectantes y el alcohol.  

“En este contexto, a medida que se compra se van utilizando”, expresó. “Representan unos costos adicionales que nosotras estamos asumiendo en estos momentos”. 

Ya que la población de víctimas de violencia doméstica que se encuentran bajo la protección de los albergues en Puerto Rico se encuentra compuesta, en su mayoría, por mujeres y menores de edad, explicó que gran parte de los productos son utilizados para limpiar los cerrojos de las puertas y las áreas comunes como las aceras.

En una videoconferencia el pasado viernes se comunicó que, al momento, no se ha reportado ningún caso positivo de COVID-19 en ninguno de los albergues de víctimas de violencia doméstica. 

Igualmente, en la conferencia de prensa explicaron que toda persona que llegue a cualquiera de los albergues por primera vez, se le deberá aislar en un lugar en la facilidad de acuerdo al nuevo protocolo ante el COVID-19 que se encuentran pronto a publicar.

Por ejemplo, llevar a la persona al lugar de aislamiento que se eligió conlleva un uso adicional de productos de higiene, a juicio de la directora ejecutiva de Casa de la Bondad, Gloria Vázquez Meléndez. “El personal está cuidando y velando no contagiarse para continuar con el servicio, es un temor con el que vivimos todos los días”.

En caso de que la persona comience a mostrar síntomas compatibles al novel virus, se le realizará una prueba para detectar si es positiva o no. Mientras espere los resultados, se le aislará. Si llegase el caso en el que la persona resulte hospitalizada, se contactará a un familiar y se tomará en cuenta la situación amenazante que la llevarse a refugiarse en el albergue. 

“Nosotros queremos tener las cosas claras”, esbozó Rivera Sierra en referencia al protocolo de la Red de Albergues. “Este tipo de cosas realmente son creadas por las oficinas de gobierno (…), y entendíamos que aunque la Oficina de la Procuradora de las Mujeres inició unas guías, eran demasiado generales”.

“Nosotros queremos trabajar de manera más detallada y con un procedimiento mucho más exhaustivo”, añadió. 

La Oficina de la Procuradora de las Mujeres ofreció una charla virtual para víctimas de violencia doméstica, en la que mostró cómo confeccionar un plan de escape en caso de padecer de violencia doméstica en tiempos de COVID-19.

En la charla se instó a contactar a un albergue para víctimas de violencia doméstica en un momento seguro, preparar una bolsa de emergencia con artículos de primera necesidad, identificar alguna persona que pueda ser de ayuda, planificar el momento de partida con exactitud, llevar dinero consigo, llevar una libreta con números de teléfono importantes y salir de la casa porque la ley así lo cobija, a pesar del toque de queda.

Igualmente, recomendó que en caso de ir a un hospital es necesario ir protegida con mascarillas y guantes, así como utilizar dispositivos tecnológicos fuera del hogar, cambiar las contraseñas con frecuencia y borrar el historial del navegador siempre que se utilice.

Mientras, las tres entrevistas instaron a la ciudadanía a donar a los albergues de violencia doméstica tanto dinero como productos per se —en la medida de lo posible—. Igualmente, al gobierno, a repensar sobre lo fundamental que es tener a los albergues abiertos para que puedan continuar brindando servicios a la población en peligro del país.