La crisis climática no solo es un problema ambiental que experimentan algunos pocos, es una expresión profunda de desigualdad y vulnerabilidad humana, estableció la psicóloga cubana Bárbara Sáez en su participación en el panel ‘Voces del Caribe y Centroamérica: Salud Mental, Resiliencia Comunitaria y Justicia Climática’ durante el 2do Simposio Comunitario de Salud Mental Sanar la Tierra, Sanar la Mente: Psicología Ambiental y Resiliencia Comunitaria de la Universidad Albizu.
Sáez, a su vez, hizo un llamado a entender esta crisis como una también de salud.
Desde Cuba y enfrentando, precisamente, dificultades complejas con el sistema energético, Sáez, enfatizó en que la psicología debe asumir un rol político, crítico y emancipador para promover espacios orientados al cambio de valores y comportamientos que promueve la crisis climática y sus secuelas sobre el bienestar físico y mental.
Aseguró que la crisis es producto de múltiples factores, que favorecen desigualdades y provoca que los efectos más significativos recaigan en poblaciones más empobrecidas. Por tanto, la psicología puede aportar al análisis de este fenómeno cargado de complejidades.
Si la psicología fuera considerada en áreas como la arquitectura, ecología y la economía, se podría promover una gestión ambiental integrada.
“El cambio climático no afecta a todas las personas por igual, impacta de manera diferenciada según la clase social, el género, la raza y el territorio”, afirmó la psicóloga.
Entonces, lo que consideró como ‘colapso ambiental’ no solo tiene impacto sobre los ecosistemas, también afecta las identidades, vínculos comunitarios y formas ‘de dar sentido a la vida’, dijo.
Por ejemplo, en contextos de exclusión, como los que existen en América Latina y El Caribe (con un número significativo de comunidades racializadas y empobrecidas), el sufrimiento ecológico se entrelaza con narrativas de abandono y/o ocupaciones ilegítimas, las cuales tienen consecuencias profundas y crecientes sobre la salud emocional, tanto de forma individual como colectiva.
“No se trata únicamente de reconocer reacciones ante desastres naturales, ampliamente abordadas por la psicología de emergencias y desastres, sino también de considerar afecciones prolongadas, como la ecoansiedad y el duelo ecológico, que emergen en contextos de incertidumbre, pérdida del vínculo con el entorno y deterioro ambiental sostenido”, detalló Sáez.
Experiencias que, según esta, no deben ser entendidas como patologías, sino como expresiones legítimas de una crisis existencial compartida por muchas comunidades de América Latina y el Caribe.
La importancia de la psicología ante la crisis climática
De acuerdo con la profesional de salud mental, reconocer que el cambio climático afecta la identidad y el bienestar es entender, además, que la psicología debe integrarse a perspectivas culturales. A partir de esto, se podría establecer un acompañamiento terapéutico.
“La práctica profesional de la psicología latinoamericana y caribeña está llamada a convertirse en una práctica de cuidado colectivo, que no se limite a atender el sufrimiento individual, sino que promueva dispositivos comunitarios, active la resiliencia compartida y transforme el dolor en fuerza de resistencia. Existen experiencias en territorios afectados por desastres donde se ha demostrado que los rituales comunitarios, las narrativas compartidas y las expresiones artísticas pueden reactivar el tejido simbólico de las comunidades, resignificando el trauma ecológico y convirtiéndolo en potencia colectiva”, hizo hincapié.
Ante esto, mencionó que la psicología de la sustentabilidad, por ejemplo, se enfatiza en el bienestar humano con prácticas como la empatía, el altruismo y la solidaridad. “Diversos autores coinciden en que la sustentabilidad no depende únicamente de la información, sino de la interacción entre emociones, cultura y sociedad”, sostuvo.
“La psicología latinoamericana y caribeña tiene la capacidad de reconfigurar sentidos colectivos en medio de la incertidumbre, promoviendo prácticas de cuidado, resiliencia y justicia ambiental. Pero, uno de los grandes retos de la psicología latinoamericana, es incorporar la crisis climática como un eje transversal en sus agendas científicas”, continuó.
Finalmente, reflexionó sobre la profesión y dijo que es momento de asumir la situación con urgencia, desde un pensamiento crítico, ética y una construcción gremial colectiva.
Un gran cambio en la formación profesional en la salud mental, debería ser la incorporación sistemática de temáticas medioambientales, tanto a nivel de pregrado como posgrado, sugirió.
De tal forma, preparar a futuros y futuras profesionales para investigar e intervenir en contextos de crisis climática y/o tener un rol al educar en estos contextos.
“Considero que la psicología, como ciencia, debe desarrollar una agenda de investigación que articule salud mental, desigualdad, ambiente, resiliencia comunitaria, y que esté situada y contextualizada en las problemáticas específicas de cada comunidad y territorio”, puntualizó.
Finalizó reiterando que: “la psicología es, sin duda, una ciencia con potencial para acompañar, resignificar y transformar los procesos asociados a la comprensión de la crisis climática y sus efectos. No obstante, para ello debe repensar su pertinencia y necesidad de comprometerse activamente con esta problemática y de replantear el papel del ser humano como parte de un ecosistema, y no como una entidad separada de él”.




![Lo que heredamos sin saberlo: la importancia de explorar la historia familiar en terapia [Columna] historia](https://www.esmental.com/wp-content/uploads/2026/10/shutterstock_2756549853-218x150.jpg)
