Una crisis de salud mental podría surgir cuando disminuyan o se eliminen eventualmente las medidas estrictas de cuarentena impuestas para combatir el COVID-19, lo que algunos expertos e incluso la Organización Mundial de la Salud (OMS) han manifestado puede tratarse de la próxima pandemia.

Hoy lunes precisamente comienza ese relajamiento de las medidas de cierre de negocios y encierro residencial impuestas por el gobierno en Puerto Rico con la entrada en vigor de una nueva orden ejecutiva que establece la reapertura paulatina de los sectores de actividad económica en la Isla.

Existe evidencia científica de otras emergencias del pasado, incluyendo epidemias y desastres naturales, que sirven de alerta para este posible escenario crítico, que incluye un aumento en los casos de ansiedad y depresión, entre otras condiciones de salud mental.

“La crisis de salud mental tiende a empezar un poco más adelante, cuando el nivel de aislamiento disminuye. Nos estamos preparando para la provisión de servicios”, sostuvo Suzanne Roig Fuertes, administradora de la Administración de Salud Mental y Contra la Adicción (ASSMCA).

Uno de los factores de riesgo para que una crisis de salud mental surja más adelante es el aspecto económico y la pérdida de empleos, de acuerdo a la funcionaria.

“Cuando vemos que todo el mundo sale a trabajar y yo no salgo, es que nos damos cuenta más claramente de la realidad que ya sabemos”, explicó Roig Fuertes en relación a las personas que han perdido sus empleos de forma permanente durante la emergencia.

La funcionaria aseguró que el Gobierno se encuentra preparándose para un posible escenario de crisis de salud mental, junto a los diferentes proveedores de servicios. Indicó, además, que en la medida en que la gente busque ayuda ahora, como asegura lo están haciendo a través de telesalud y consultas telefónicas, podría evitar “crisis futuras”.

Las cosas no van a ser igual

Kalitza Baerga, presidenta de la Asociación de Psicología de Puerto Rico (APPR), coincidió con Roig Fuertes en una posible crisis de salud mental luego de la cuarentena. Dijo que esta situación es “preocupante”, pero hay que prepararse para ese posible escenario. Mencionó que la OMS también se ha expresado al respecto, indicando que “habrá una pandemia de problemas de salud mental” luego de la cuarentena.

La psicóloga clínica dijo que el primer impacto que tendrá la gente al salir del encierro será el darse cuenta “que las cosas no van a ser igual” por un tiempo indeterminado. Y es que la gente tendrá que seguir usando mascarillas y guardando distancia de los demás para evitar el contagio con el virus, mientras se produce una vacuna. Sin embargo, dijo que “de esta experiencia podemos salir transformados para bien, siendo más solidarios, empáticos y pensando más en el bien común que en el individual”.

Baerga también coincidió con la administradora de ASSMCA en que la situación económica, que ya estaba en precaria antes de la pandemia, también puede afectar la salud emocional y psicológica de las personas.

“Tenemos que trabajar fuertemente para adaptarnos a nuestras nuevas realidades, y sobre todas las cosas, hacer nuestras exigencias al Gobierno de que las cosas se manejen de otra manera, que el dinero le llegue a la gente que lo necesita”, expresó Baerga.

Lo que dice la literatura científica

Un artículo científico publicado en Jama Internal Medicine, titulado “Los consecuencias del COVID-19 y el distanciamiento social en la salud mental”, reafirma lo expuesto por las expertas sobre qué podría pasar luego de la cuarentena. Según lo expuesto en el artículo, a pesar de los beneficios del distanciamiento social para combatir el virus, esta medida traerá consecuencias de salud mental  tanto a corto como a largo plazo.

“En el contexto de la pandemia de COVID-19, parece probable que habrá aumentos sustanciales de ansiedad y depresión, uso de sustancias, soledad y violencia doméstica; y con las escuelas cerradas, existe una posibilidad muy real de una epidemia de abuso infantil”, lee el artículo. 

Este posible escenario surge de información sobre las consecuencias de los desastres en la salud mental tras las epidemias, la que se relaciona más a las secuelas que al distanciamiento social. Sin embargo, los desastres a gran escala, que pueden ir desde traumáticos ( ataques terroristas), naturales (huracanes) y ambientales (derrames de petróleo), “casi siempre van acompañados de aumentos en la depresión, trastorno de estrés postraumático, trastorno por uso de sustancias, una amplia gama de otros trastornos mentales y del comportamiento, violencia doméstica y abuso infantil”.

En ese sentido, el artículo ofreció varios ejemplos de pasados desastres y sus consecuencias  en la salud mental. Entre ellos figura que 1 de cada 10 adultos en Nueva York mostró signos trastorno de estrés postraumático un mes después de los ataques terroristas del 11 de septiembre y casi el 25% de los neoyorquinos informaron un aumento en el consumo de alcohol después de los ataques. También, la epidemia de SARS se asoció con aumentos en el trastorno de estrés postraumático, estrés y angustia en pacientes y médicos.

Por otro lado, un estudio de Jama Psychiatry advierte que los suicidios pueden aumentar como una de las consecuencias secundarias del distanciamiento social, según fue reseñado en una columna titulada “The next pandemic? A mental health crisis”.

Los autores de la columna, John A. Quelsh, decano de University of Miami Patti and Allan Herbert Business School, y Carin-Isabel Knoop, directora ejecutiva del Global Research at Harvard Business School, mencionaron varios factores que podrían provocar problemas de salud mental luego de la cuarentena, entre los que figura el aspecto económico y la cancelación de tratamientos médicos y cirugías electivas. Sobre este último factor, explicaron que empeorará la calidad de vida y la longevidad de las personas, lo que complicará la situación más adelante.

“Las enfermedades crónicas que progresan sin un tratamiento adecuado, aumentarán el riesgo de enfermedades mentales”, indicaron.

Los columnistas señalaron que la salud mental también afecta la salud física, lo que podría representar un problema para combatir el COVID-19, ya que las personas estarían más vulnerables ante el virus. “Las enfermedades mentales, especialmente la depresión, aumentan el riesgo de muchos problemas de salud física, particularmente afecciones como accidentes cerebrovasculares, diabetes tipo 2 y enfermedades cardíacas”.