En estos días en los que la sociedad está cada vez más interesada en priorizar su salud mental, el autocuidado suele parecer unas de las herramientas para remediar la salud física y mental. Pero, ¿qué sucede cuando se convierte en un estresor, un estándar rígido y con imposiciones? Con rutinas de ejercicios que se vuelven una obligación, imposiciones de comer saludable en todo momento y sin cabida para procrastinar.

Cuando el autocuidado se transforma en expectativas por cumplir, en ocasiones, puede ser un estresor más en la vida de una persona. Lo que muchas veces comienza como un intento por ‘cuidarse’, termina convirtiéndose en una nueva forma de autoexigencia y expectativas por cumplir, según la trabajadora social clínica, la licenciada Carmen Vázquez Díaz.

Se ha visto presentado en las redes sociales o en los medios de manera estandarizada, como si todos debiéramos seguir una receta única para cuidar nuestra salud mental y emocional”, compartió.

“Desde rutinas de pilates a primera hora, alimentación sana, hasta largas horas de ejercicio; todo parece tener la misma solución para todos. Pero la realidad es que el autocuidado no es un concepto único y debería ser tan individualizado como cada persona, esto evitaría el estresor de querer cumplir con unas expectativas que en ocasiones se alejan de nuestra esencia y nuestra realidad individual”, aseguró la profesional.

El autocuidado se ha transformado, también, en una forma de mercadear servicios, con influencers y marcas (representadas por estos) haciendo dinero, sostiene la psicóloga Kati Morton en un análisis del tema.

“Es frustrante, porque la mayoría de las personas con problemas de salud mental no consiguen la ayuda que requieren, porque carecen del acceso a estos servicios. Te hacen creer que si no puedes conseguir un terapista o profesional de la salud mental, puedes probar un producto o hacer tal cosa para solucionarlo”, planteó.

Cuando estas diferentes actividades pautadas son utilizadas de forma incorrecta (ya sea porque son demasiado rígidas o imposibles de lograrse) podría causar más efectos negativos que bienestar, recordó, por su parte, el psicólogo Ángel X. Galarza Hernández. 

En ocasiones, al no lograr lo propuesto, se detona estrés, ansiedad, frustración y hasta sentimientos de culpa.

Entonces, las redes sociales también aparecen en este trayecto, vendiendo la idea de que la vida es perfecta, que nadie experimenta situaciones complicadas y que siempre hay que mostrar una sonrisa, sin importar lo difícil que pudo haber sido el día, afirmó el licenciado.

Dijo que, cuando la perfección es el modelo a seguir detrás del autocuidado, esto puede lacerar la salud física y mental de las personas. El autocuidado idealizado lleva a las personas a que se creen falsas expectativas de la efectividad del autocuidado y cuando no logran alcanzarlas tienden a frustrarse y desmotivarse.

A esto se le suma la presión social que puede surgir por compararse o querer igualar a estas personas. Las tendencias de las redes sociales y el perfeccionismo repercuten a nivel emocional; con baja autoestima, ansiedad, estrés, sentimientos de culpa, entre otros.

La presión de seguir tendencias de autocuidado que no se alinean con los verdaderos valores intereses o estilos de vida de los individuos pueden empeorar el estado emocional, creando un ciclo de autocrítica y fracaso, comentó Vázquez Díaz.

Un autocuidado sin estrés: ¿cómo se logra?

“Por ejemplo, si una persona se siente presionada para hacer ejercicio todos los días en el gimnasio, pero no disfruta de la actividad física, puede terminar abandonando el proceso y sintiéndose aún más frustrado. En cambio, si disfruta de una buena caminata al aire libre que brinda oportunidad de movimiento y meditación, en ambas instancias se incorpora el movimiento y agrega el detalle importante del disfrute. Cuando hablamos de autocuidado es importante tener presente que cada uno de nosotros tiene estrategias diferentes que puede implementar”, puntualizó. 

Por su parte, Morton recordó que el autocuidado no debe tener un costo ni un tiempo en particular. El autocuidado puede ser, por ejemplo, tomar los medicamentos regularmente, según estipulado por el profesional de salud, darse una ducha, comer balanceado e hidratarse, dejando de lado la idea rígida de que debe ser ‘saludable’.  

El psicólogo exhortó a las personas a realizar una introspección y evaluar el impacto en la salud física y mental de las prácticas de autocuidado que se realizan. Asimismo, invitó a comprender que las actividades de autocuidado no siempre se lograrán realizar como han sido planificadas.

Por tanto, “ser abierto a la flexibilidad, te ayudará a poder manejar los sentimientos de culpa y la frustración”, dijo.

Poner en práctica la gratitud y ser agradecido con las cosas que se han logrado, también es importante.

En concordancia, la trabajadora social clínica, aconsejó disfrutar el proceso y preguntarse qué realmente te hace sentir bien. Sin obviar lo esencial de ser flexible y que hay espacio para mejorar.

“El autocuidado debe ser una práctica flexible, adaptada a tus necesidades emocionales, físicas y mentales. La clave no está en seguir una lista de cosas que hacer, sino en encontrar lo que realmente te ayuda a sentirte bien y a estar en paz contigo”, concluyó.