Roblox, SnapChat, WhatsApp y hasta Discord, son herramientas digitales que parecen muy divertidas para los adultos, pero que también esconden una peligrosa realidad: se han convertido en el nuevo espacio de cacería de depredadores sexuales de niños y adolescentes, y cada vez son más lo que casos en los que agresores se hacen pasar por menores para cometer delitos. 

Y es que mientras usted lee esta historia, otro menor sin supervisión podría estar expuesto a los ataques de un depredador sexual. En Puerto Rico, como en el resto del mundo, el rostro del depredador infantil ha cambiado, y ya no solo se pasea por planteles escolares o parques, ahora puede esconderse detrás un avatar de un videojuego o un perfil falso en redes sociales.

Tal es el caso del arresto y la extradición de un depredador sexual de 29 años y residente de Rhode Island, quien utilizó Snapchat y Roblox para explotar a menores y, además, producir material sexual infantil.

El hombre interactuaba con sus víctimas mediante Roblox, haciéndoles llegar regalos para lograr conseguir sus direcciones. Posteriormente, fotografías y vídeos pornográficos. 

Una situación como esta la vivió una creadora de contenido puertorriqueña, que relató recientemente en un podcast cómo su hija casi fue víctima de un secuestrador vinculado a depredadores sexuales tras hacer amistad con un adulto (que fingió ser un adolescente) en Roblox.

La niña tenía 13 años y fue a través de un pedido de Uber Eats que la madre se dio cuenta que algo no andaba bien. Tras la desaparición de la menor durante cuatro horas, la policía alertó que se trataba de una organización criminal que explotaba menores en el estado de Chicago. El grupo ya tenía consigo direcciones de hogar, escuela y sus amigos. Además, tenían entre planes cambiar la identidad de la niña, según el testimonio.

En el portal del Registro de Ofensores Sexuales de Puerto Rico, en el 2025 se registraban 2, 400 casos relacionados con delitos digitales, incluyendo seducción y pornografía digital. Pueblos como San Juan, Bayamón, Carolina, Ponce y Caguas cuentan con la mayor fragmentación de ofensores sexuales. 

De acuerdo con el doctor Javier Méndez, especializado en terapia de niños y adolescentes, “en la medida en que aumenta el uso de plataformas con acceso a Internet, también aumentan las probabilidades de que más niños puedan ser víctimas”.

Méndez afirmó que el riesgo sigue agravando por dos factores: la accesibilidad temprana a dispositivos y la falta de madurez neuropsicológica en la adolescencia. 

“Los niños y adolescentes todavía tienen un cerebro que no ha madurado lo suficiente, especialmente en el lóbulo frontal, que es el área relacionada con la toma de decisiones juiciosas, el pensamiento crítico y las funciones ejecutivas”, sostuvo. 

El adolescente cree que eso a mí no me va a pasar”, continuó. Por tanto, esa idea los lleva a asumir riesgos, convencidos de que tienen el control de la situación.

En su práctica ha escuchado con frecuencia frases como “yo me sé cuidar” o “si alguien me escribe cosas raras, yo lo reporto”. Aunque puede parecer una decisión responsable por parte del menor, detrás suele haber una sobreestimación de las capacidades para manejar interacciones complejas con adultos que manipulan. 

Este proceso, explicó, tiene como raíz el grooming, explicó. Una estrategia calculada que busca ganar la confianza del menor sin recurrir inicialmente a la violencia. El depredador comienza con “regalos” virtuales para después insistir en conversaciones en espacios más privados. Más adelante podría solicitar fotos íntimas o proponer encuentros presenciales. 

Se trata de una dinámica lenta, estratégica y, muchas veces, imperceptible para el entorno familiar.

El perfil psicológico de los depredadores

Se crea tanta confianza que el menor llega a considerar como conocida a la otra persona detrás de la pantalla. Sobre esto, la doctora Irmarys Rosado Frau, psicóloga clínica, detalló que hasta un 80 por ciento de los niños que sufren abuso sexual conocen al perpetrador. 

Habló también del perfil psicológico de los depredadores sexuales, quienes suelen ser individuos con bajos niveles de empatía, personalidad egocéntrica, impulsividad; personalidad antisocial y/o agresividad. 

De igual forma, suelen tener una visión distorsionada de las relaciones personales, por lo que, prestar atención y reconocerlos podría hacer la diferencia.

Estos depredadores llegan a conocer bien a los niños, dónde se encuentran y con quién se relacionan. Ellos saben cómo comunicarse con sus víctimas”, describió la doctora Rosado Frau.

En la psicología se conoce como un proceso de “acondicionamiento”, dijo. Un proceso metódico que utiliza un abusador para ganarse la confianza de un menor, de sus cuidadores o incluso de su comunidad con el fin de prepararse para cometer el abuso. 

Cada vez es mayor y los niños están más vulnerables debido al acceso a la tecnología y las estrategias de abuso”, enfatizó la psicóloga clínica.

Por su parte, Méndez advirtió que experiencias de acoso, hostigamiento o abuso sexual digital pueden convertirse en traumas que acompañen a un menor hasta su adultez

“La capacidad que tiene la persona para interpretar y afrontar eventos puede verse afectada”, recordó.

En algunos casos, es necesaria la terapia psicológica especializada para trabajar las secuelas emocionales.

“No es un asunto de encerrarlos en una burbuja. Es un asunto de prepararlos para el mundo real. La clave está en el establecimiento de límites claros y progresivos. Los adultos deben definir horarios específicos de uso, tipos de acceso permitidos y reglas concretas sobre con quién interactuar. Frases ambiguas como “úsalo bien” no son suficientes”, puntualizó el doctor.

Crímenes cibernéticos y el punto de vista legal

Desde el punto de vista legal, según el licenciado Jesús Manuel Ortiz, especialista en privacidad, protección de datos y políticas de ciberseguridad, en Puerto Rico existen herramientas para denunciar estas conductas. En el Artículo 124 del Código Penal, por ejemplo, se penaliza la seducción, persuasión o coacción de menores a través de medios electrónicos, con penas que pueden alcanzar entre ocho y doce años de prisión si el adulto se hace pasar por menor. 

Además, la Ley 185-2024 atiende aspectos de privacidad y manejo de datos de menores y, actualmente, se analiza el Proyecto de la Cámara 1136, radicado por el representante Jorge Navarro Suárez, que busca reforzar medidas contra el acoso en línea.

No obstante, Ortiz recordó que la responsabilidad sobre el tema no necesariamente debe recaer completamente en la familia, pues además de existan leyes o el Estado tenga un rol importante, las plataformas deben asumir su papel. 

“Enfrentar el aumento de depredadores sexuales en línea requiere un modelo de responsabilidad compartida. Padres informados y presentes, plataformas comprometidas con entornos seguros y un Estado dispuesto a actualizar su legislación y fortalecer la educación digital”, indicó.

Sí, existen herramientas legales, pero todavía hace falta legislación que tipifique de forma específica el grooming y el acoso en redes sociales para cerrar vacíos que aprovechan los agresores”, agregó.

Hizo énfasis en que la educación digital debe empezar desde la escuela; enseñando ética en el uso de internet, saber qué se comparte y qué consecuencias puede tener una vez la información está en la red. 

Recomendó establecer límites concretos sobre con quién pueden interactuar los menores, desactivar chats privados cuando sea posible, prohibir el envío de fotografías íntimas y/o restringir el uso de dispositivos en horas de la madrugada.

Finalizó apuntando a que, el aumento de depredadores sexuales en línea no es un fenómeno aislado, sino el resultado de una sociedad hiperconectada que todavía está aprendiendo a proteger a las personas más vulnerables.