La depresión puede presentarse desde la niñez y no necesariamente comienza en la adolescencia. En el caso de los niños, no siempre se manifiesta con una tristeza visible.
El psiquiatra Dimas Tirado Morales explicó que, aunque los síntomas pueden ser similares a los de los adultos, la forma en que se manifiestan cambia según la edad.
Tirado Morales señaló que en los niños, especialmente hasta los 12 años, la depresión suele expresarse mediante irritabilidad y cambios de conducta, más que por una tristeza evidente. “No es la clásica depresión, que van a estar bien tristes y deprimidos, y calladitos”, dijo. En su lugar, podían mostrarse agresivos y presentar síntomas somáticos, como dolores de cabeza o de estómago.
La evidencia científica respalda que la irritabilidad puede ser una manifestación relevante de problemas de salud mental durante la infancia y la adolescencia. Una revisión sistemática y metaanálisis de 119 estudios, que incluyó a más de 122,000 menores de entre 2 y 18 años, encontró una asociación significativa entre la irritabilidad y la gravedad de los problemas psicopatológicos.
A medida que los menores crecen, los síntomas se parecen más a los observados en adultos. En los adolescentes aparecen con mayor frecuencia la tristeza, el aislamiento social y un deterioro en el desempeño académico. También aumenta el riesgo de abuso de sustancias, ideas suicidas, autolesiones e intentos suicidas, mencionó.
Por su parte, el psicólogo Andrés Cruz Santos coincidió con el psiquiatra al decir que la depresión puede aparecer durante la niñez y no siempre se presenta como tristeza. Explicó que, en los menores, el malestar emocional puede expresarse, principalmente, mediante la conducta, mientras que en los adolescentes puede aparecer con mayor claridad a través de emociones como la desesperanza.
Cruz Santos señaló que muchos niños pueden ser referidos por problemas de conducta, bajo rendimiento académico o conflictos familiares cuando, en realidad, esos comportamientos eran manifestaciones de sufrimiento emocional. “Detrás de un niño que parece ‘desobediente’, ‘agresivo’ o ‘desmotivado’ puede existir un trastorno emocional que requiere atención especializada”, sostuvo.
Entre las señales de alerta mencionó la irritabilidad persistente, pérdida del interés por actividades que antes disfrutaban, aislamiento, baja autoestima, dificultades escolares, pérdida de energía, cambios en el sueño o la alimentación y quejas físicas frecuentes. También destacó los comentarios negativos sobre sí mismos, sentimientos de culpa o inutilidad y las expresiones relacionadas con la muerte.
Asimismo, el psiquiatra Tirado Morales destacó que una de las señales principales es un cambio dramático en el comportamiento. En los niños pequeños, esto puede incluir negarse a ir a la escuela, acudir constantemente a la enfermería, mostrarse sumamente irritables o agresivos. También, recomendó prestar atención a cambios en el sueño, el apetito, los niveles de energía y el interés por actividades que antes disfrutaban.
Tirado Morales explicó que los adultos suelen interpretar estos cambios simplemente como malcriadez o problemas de conducta. “No necesariamente, lo asocian con una depresión”, afirmó. Por ello, consideró importante referir al menor a un profesional de salud mental cuando los cambios fueran marcados, particularmente si persistían durante unas dos semanas.
El especialista también diferenció entre una reacción temporal ante una situación difícil y un trastorno depresivo. Explicó que una pérdida, mudanza, cambio de escuela u otra experiencia estresante puede provocar tristeza o irritabilidad durante algunos días, pero si los síntomas persisten por dos semanas, el menor debe ser evaluado.
Mientras, el psicólogo Cruz Santos sostuvo que la diferencia entre una etapa de tristeza y un trastorno depresivo está, principalmente, en la intensidad, duración e impacto de los síntomas. Según indicó, cuando estos permanecen la mayor parte del día, durante al menos dos semanas, y afectan el desempeño escolar, las relaciones familiares, las amistades o las actividades cotidianas, es necesario buscar una evaluación profesional.
Factores detrás de la depresión
Cruz Santos identificó la depresión como un trastorno de origen multifactorial, en el que pueden intervenir factores biológicos, psicológicos y ambientales. Entre ellos mencionó la predisposición genética, baja autoestima, dificultades para manejar las emociones, conflictos familiares, experiencias traumáticas, acoso escolar, violencia, pérdidas, enfermedades crónicas y estrés prolongado. En adolescentes, añadió, el uso problemático de redes sociales, la comparación constante y el ciberacoso pueden aumentar la vulnerabilidad emocional.
La literatura científica también describe la depresión adolescente como un fenómeno multifactorial, en el que intervienen factores psicológicos, sociales y contextuales. Una revisión sistemática y metaanálisis identificó el consumo de sustancias, estrategias negativas de afrontamiento, dietas y peso como factores asociados con el primer episodio depresivo durante la adolescencia y la adultez joven.
Entre los factores asociados, Tirado Morales mencionó pérdidas familiares, traumas, fenómenos naturales, abuso físico o sexual, violencia doméstica, enfermedades médicas y antecedentes familiares de depresión o ansiedad como aspectos que también pudiesen contribuir.
Además, advirtió sobre el estigma. Dijo que algunos niños pueden escuchar que “los psicólogos y los psiquiatras son para locos” o que “los niños no se deprimen”. Para Tirado Morales, no validar los sentimientos del menor puede empeorar el trastorno de salud mental.
En este marco, Cruz Santos señaló que el estigma hacia la salud mental puede retrasar la búsqueda de ayuda. También, añadió el impacto de huracanes, terremotos, la pandemia, dificultades económicas, migración y separación familiar.
La detección temprana requiere colaboración entre padres, maestros y profesionales de la salud. Cruz Santos recomendó no minimizar cambios persistentes y buscar ayuda cuando existieran dudas. Asimismo, Tirado Morales dijo que la terapia psicológica es la primera línea de tratamiento para la depresión leve, mientras que los casos moderados o severos pueden requerir una combinación de psicoterapia y medicamentos. También destacó la importancia de que padres, maestros y pediatras permanecieran atentos a las señales de alerta.
En cuanto al tratamiento, Cruz Santos indicó que la terapia cognitivo-conductual y la terapia interpersonal tienen amplia evidencia. La medicación puede considerarse en casos moderados o severos y siempre debía ser supervisada por un psiquiatra infantil. También, enfatizó que preguntar directamente sobre pensamientos suicidas no los provoca. “Puede abrir una puerta para que el menor reciba ayuda a tiempo”, afirmó.






