Eran las 9 de la noche del pasado martes, dos días después de haber llegado de un viaje a Nueva Orleans, cuando recibí un mensaje de texto de un compañero periodista alertándome de una comunicación importante que había recibido por correo electrónico. La organización Investigative Reporters and Editors (IRE) estaba informando que una de las personas que asistió a la conferencia NICAR, especializada en periodismo de datos, a la que asistimos 8 periodistas puertorriqueños, presuntamente, tenía coronavirus. 

Desconozco si tuve contacto directo con la persona afectada, y en ese momento sentí gran miedo de enfermar, y peor aún, enfermar a mi familia y a mis allegados. Ese día, ya en Puerto Rico y antes de conocer del infectado en nuestra convención, estuve reunida con compañeros de trabajo que no estuvieron en el viaje. Como es natural, me preocupé por ellos también.

Ante la situación, me encuentro, al igual que los otros periodistas, en aislamiento preventivo por 14 días, ya que así lo recomiendan los Centros para el Control de Enfermedades (CDC, en inglés), cuando se tiene una exposición con una persona contagiada, aunque no se tengan síntomas. 

Mientras los días pasan, el miedo a desarrollar la enfermedad me invade por momentos, pero lo manejo manteniendo mi mente ocupada, trabajando. Además, este tiempo me ha servido para organizar mi casa, cocinar y descansar un poco más de lo que hacía antes cuando tenía que estar muchas horas en la calle. Estar encerrada no es fácil, sobre todo cuando se es activo y cuando se tienen compromisos que requieren salir de la casa. También, es muy distinto saber de antemano que tienes que quedarte en tu casa por determinada razón y prepararte para eso, que tener que hacerlo de momento y sin ninguna preparación. Así me pasó. Pero, en esta ocasión es necesario tanto por mí como por los demás. 

Más allá de cómo me pueda sentir durante la cuarentena y cómo ha cambiado mi rutina diaria, lo importante es tener la conciencia de evitar a toda costa enfermar a los demás, aunque al momento no tengo ningún síntoma de coronavirus. Es una responsabilidad que, aunque sea una recomendación de los CDC, debemos tener por el bienestar de los demás. También, es una forma de controlar la propagación de esta pandemia, la que ya ha afectado a 163,346 personas alrededor del mundo, de las cuales 6,036 han fallecido.

Estado de situación en Puerto Rico

Al momento, en Puerto Rico hay cinco casos positivos a coronavirus: una ciudadana italiana y su esposo, quienes llegaron en un crucero, un hombre puertorriqueño de 71 años hospitalizado en San Juan, un ciudadano de California hospitalizado en Mayagüez luego de haber sido transportado desde un crucero y una mujer de 65 años que había viajado a Nueva York.

Ante la alta propagación de este virus, la gobernadora Wanda Vázquez Garced ha implementado medidas como el distanciamiento social a través de una orden ejecutiva que manda encierro 24/7 para todos los ciudadanos exceptuando los que realicen gestiones de primera necesidad, un toque de queda de 9 p.m. a 5 a.m. y el cierre de de los comercios que no sean de salud o alimentos hasta el 30 de marzo, según informó. 

Y es que una persona enferma con coronavirus puede contagiar de dos a tres personas, según expertos. Como un ejemplo de la fácil propagación, está el caso de Italia, dónde de haber solo tres casos para el 31 de enero, ya para el 15 de marzo había 24,747.

Para mi tranquilidad, antes de entrar en cuarentena voluntaria y sin saber que estaría pasando por esta experiencia, había conversado con expertos sobre cómo manejar la ansiedad ante el coronavirus, para escribir una historia para Es Mental. La intención era tranquilizar un poco a la gente y ofrecer consejos para manejar las emociones ante este nuevo virus. Desde hace unas semanas la situación se ha puesto más tensa en la calle. He visto a través de las redes sociales las góndolas de los supermercados vacías, largas filas, y escasez de productos como hand sanitizer, entre otros. 

En ese momento, el psicólogo clínico Edvrard Pharel me dijo estas palabras: “En lugar de preocuparnos por lo que pueda suceder, vamos a ocuparnos en prepararnos por lo que puede suceder”. Palabras poderosas que secundó la epidemióloga Cruz María Nazario. Ambos coincidieron en atajar la situación siendo proactivo y dejando el pánico a un lado.

Medidas básicas de higiene, como el lavado de manos y taparse la boca al toser, fueron algunas de las recomendaciones que me dieron los expertos, las que apliqué durante mi viaje a Nueva Orleans y las que todos debemos seguir ante esta nueva realidad.

Aunque se sienta miedo por momentos, es importante mantener la tranquilidad en medio de esta emergencia de salud que afecta al mundo. Debemos seguir las recomendaciones de los expertos para evitar el contagio y mantenernos informados a través de fuentes confiables, evitando la sobreexposición a las noticias, y lo más importante, quedándonos en casa.

Sin duda, este tiempo en aislamiento me ayudará a reflexionar sobre la magnitud del momento en que estamos viviendo. Luego de cumplir con mis tareas del trabajo, podré reenganchar con actividades hogareñas que no hacía con mucha frecuencia por falta de tiempo. 

Vamos a quedarnos en casa por nuestro bien y el de los demás. Vamos a hacerle frente a esta enfermedad y evitar su propagación. Aunque el miedo a veces esté presente, no dejemos que nos paralice.