Un diagnóstico certero, así como el tratamiento correspondiente, pueden hacer la diferencia en el manejo de la dermatitis atópica, una condición crónica e inflamatoria de la piel, que suele aparecer durante la infancia y que afecta la calidad de vida de muchas personas.
El principal criterio diagnóstico para identificar la dermatitis atópica es la picazón en la piel, que detona hinchazón, enrojecimiento y, en la mayoría de los casos, ampollas y lesiones visibles en áreas flexurales (codo, hueco ante cubital, muñeca; nuca, dorso de pies y manos), según el dermatólogo Luis E. Santaliz Ruiz, especialista en condiciones de la piel, pelo y uñas.
Pueden verse, además, en la cara, mejillas, nuca, y en los extensores de brazos y muslos, detalló el doctor.
El picor es, de hecho, el síntoma que más afecta la calidad de vida del paciente, recordó el alergista Wilfredo Cosme Blanco.
Por eso, la indagación sobre cómo los síntomas están afectando la calidad de vida de la persona que llega a consulta también es sumamente importante. Especialmente, la higiene del sueño y la parte académica y/o deportiva, comentó la dermatóloga María A. Maymí Soto, dermatóloga.
En el examen físico, por ejemplo, se presta particular atención a si la piel está escoriada, seca y/o escamosa, pues esto puede traer infecciones secundarias por bacterias, enfatizó la dermatóloga.
“Cuando la piel se empieza a rascar, estas zonas se contaminan. Entonces, empiezas a ver cambios de color, el engrosamiento de la piel y diversas características físicas que se van manifestando”, describió Maymí Soto.
Muchos de los pacientes experimentan, a la vez, otras enfermedades atópicas, como la rinitis alérgica, asma bronquial y/o conjuntivitis alérgica. En Puerto Rico, especialmente, a raíz de factores ambientales.
Un diagnóstico certero, dado por los especialistas, puede evitar que algunas de las señales sean confundidas con otros diagnósticos, como la sarna, aseguró el doctor Cosme Blanco.
“Yo he tenido que hacer cartas para las escuelas explicando de qué trata la condición de dermatitis atópica y pidiendo acomodo razonable en estos pacientes”, sostuvo el doctor Cosme Blanco.
Esto fue lo que vivió, precisamente, Gise Ramos, luego de que en el 2019 asistiera a una sala de emergencias por una fuerte picazón (que ya le había provocado lesiones abiertas) y fuera diagnosticada con sarna, cuando se trataba de dermatitis atópica. Una situación que, a raíz de los medicamentos, le produjo implicaciones físicas y emocionales, siendo mamá primeriza.
Tras la visita a un dermatólogo, se enteró que, en realidad, estaba atravesando un brote de dermatitis.
“Cuando me dieron esa noticia de que tenía sarna y se contagiaba, yo estaba lactando y para mí fue un shock, porque no sabía si se le pegaría a mi hijo. Yo empecé a vestirme de arriba abajo para no tener contacto con el bebé. Yo sentía mucha frustración y tristeza, por eso busqué la opinión de una dermatóloga”, relató Ramos a Es Mental.
“Te diagnosticaron mal, porque lo que tú tienes es dermatitis atópica bien severa y esto no se transmite a otra persona”, repitió las palabras que escuchó por parte de la doctora.
Por otro lado, la doctora Marleen Flores, especialista en medicina natural, explicó que por la predisposición genética de la condición, otro punto a tomar en cuenta es el historial familiar.
“Es muy importante saber que, si mamá o papá lo tienen, muy probablemente los niños también puedan experimentarla”, sostuvo.
En algunos casos, además, los pacientes pueden estar en riesgo de alergias alimentarias. Por que la dermatitis atópica, según la doctora Flores, tiene un vínculo con la salud gastrointestinal.
“Tiene mucho que ver con las exposiciones a probióticos y prebióticos tempranas en la vida”, afirmó.
Manejando la dermatitis atópica tras el diagnóstico
Para el manejo de la dermatitis atópica, el doctor Santaliz Ruiz recalcó que se deben sumar los conocimientos de diversos profesionales de la salud, para trabajarla de forma holística y así atajar tanto la salud física, como la emocional.
Un paciente debe comenzar a aplicar a su vida diferentes hábitos para tratar la dermatitis atópica, como lo es la compra de jabones o detergentes sin fragancias ni coloraciones, darse baños con agua tibia y evitar el duchado en exceso, pues puede empeorar los síntomas, puntualizó el dermatólogo.
La humectación es clave, y sobre esto, el doctor subrayó que sea una opción en crema, para piel sensitiva y que no tenga fragancia ni olor.
“Que pueda suplementar las ceramidas, que son unas grasas esenciales que, en nuestra piel, juegan un papel sumamente importante”, dijo.
Con el paso del tiempo también se han descubierto diversos tratamientos farmacológicos, que pueden utilizarse de la mano de estos hábitos. Entre estos, los corticoesteroides (que se emplean según la gravedad del brote y/o el área de piel en la que ocurre) y los inhibidores de calcineurina.
Por su parte, la doctora Flores apuntó a que, durante un brote, el paciente debe prestar, atención a si está consumiendo algunos alérgenos como la leche, huevo y maní. Una vez baje la inflamación, puede volver a introducirlos a su alimentación.
Asimismo, incorporar más frutas y vegetales a la nutrición diaria.
“Hay que tener un entendimiento (de la condición) más abarcador, saber qué pasa emocionalmente el paciente, cómo se nutre, cuál es su historial clínico y familiar”, concluyó.


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