Enfrentarse a la muerte de un ser querido por suicidio es una experiencia compleja y difícil. El mantenerse callado y no verbalizar lo que se siente ante tan dolorosa pérdida no es recomendable por profesionales de la salud mental.

“El silencio alrededor de una muerte por suicidio, no hablar de la pérdida, de los sentimientos, no despedirse simbólicamente, no trabajar el duelo con un profesional, pone en mayor riesgo a los sobrevivientes de desarrollar síntomas de depresión, ansiedad y hasta replicar las conductas suicidas. Hay evidencia de que si no se habló sobre el efecto de la pérdida dentro de ese núcleo familiar, puede aumentar la posibilidad de que se replique la conducta suicida”, explicó la psicóloga clínica y coordinadora educativa de la Comisión Para la Prevención del Suicidio, María Coss. 

La psicóloga clínica urgió a la necesidad de que se busque ayuda profesional para enfrentar una situación donde un familiar muere por suicidio.

“Es sumamente importante y no se puede minimizar la importancia de brindar ayuda profesional a los sobrevivientes después de la pérdida. Deben estar acompañados de un profesional que les permita verbalizar la ambivalencia de emociones que pueden sentir”, dijo. 

Esa ambivalencia se refiere a la pérdida de alguien por suicidio, que es en cierto modo distinta a cuando una persona cercana fallece por otras razones. 

En términos generales el proceso de duelo puede tardar de tres a seis meses, pero el duelo por suicidio es más complejo. Puede traer sentimientos de ambivalencia, enojo, coraje contra la persona que ya no está y una constante incertidumbre. 

En la mayoría de los casos hay señales…

Uno de los escenarios más lamentables después de la muerte por suicidio se presenta cuando las familias o amigos cercanos comienzan a detectar, luego de la muerte, las posibles señales que pudo haber enviado la persona que decidió quitarse la vida. Es allí cuando se presentan los sentimientos de culpa y cuestionamientos como: ¿qué pudimos haber hecho para evitarlo? 

“Aunque sea difícil de comprender, la mayoría de las personas comunican que se quieren quitar la vida, y estas comunicaciones ocurren a través del comportamiento.  A veces, después de la pérdida, los familiares empiezan a identificar llamadas de despedida, posiblemente decisiones que no asociaban con riesgo de suicidio y a identificar comentarios y verbalizaciones. En la mayoría de las situaciones, la persona sí lo comunica, pero hay que tener cuidado con los sobrevivientes para no adjudicar culpas”, precisó. 

“Para los sobrevivientes de un suicidio, los recursos familiares, espirituales de apoyo, son vitales. Cuando se les entrevista a los sobrevivientes, dicen que ´cargan´ con la persona que se suicidó todo el tiempo. Se refieren a su recuerdo, pero sobre todo a las preguntas atadas a la pérdida, que son preguntas que no tienen respuesta”, explicó Coss, quien señala que desde pequeños no se nos enseña que el suicidio es una posibilidad y que incluso pensamos que no pasará en nuestro entorno cercano. 

Como parte de su trabajo educativo en la Comisión de la Prevención del Suicidio, la psicóloga clínica tiene que explicar el tema del suicidio a personas de todas las edades, incluyendo niños y adolescentes. 

Según la experta, los niños no entienden o tienen la capacidad de entender que el suicidio es definitivo y que esa persona no volverá. Por esa razón, resulta que, aunque en casos aislados, menores de edad que han perdido un ser querido por suicidio, expresan: “yo me quiero ir con mi papá o con mi mamá”. Pueden mostrar conductas suicidas porque desconocen lo definitivo. 

Aunque los jóvenes y los ancianos son poblaciones vulnerables, sigue siendo el grupo de hombres entre los 40 a 59 años el grupo que con más frecuencia muestra conducta suicida, según la doctora Nayda Román, también coordinadora educativa en la Comisión. 

Ser hombre en Puerto Rico sigue siendo un factor de riesgo por razones culturales y sociales. 

“La forma en que criamos a los varones es muy distinto a como criamos a las mujeres. Están desprovistos de los recursos psicológicos y sociales. Las mujeres cuentan con más medios para expresar su vulnerabilidad, en comparación a los hombres”, dijo Román. 

Todavía hay mucho camino que recorrer en cuanto a los modelos de crianza explicaron tanto Román como Coss. Ambas habían tenido reuniones con personal del Departamento de Educación, responsable del currículo de perspectiva de género para incorporar el tema del suicidio, pero dicho currículo se eliminó. 

Literatura científica advierte que el factor económico puede ser una barrera a la hora de que la persona vulnerable determine buscar ayuda a través de un profesional, también si tiene plan médico o no y cuán cerca a su residencia le quedan los recursos de ayuda, advirtieron. 

Según estadísticas del Negociado de Ciencias Forenses (NCF), para el 6 de junio se reportaron 85 muertes por suicidio. No obstante, la Policía reportó al miércoles de la semana pasada 134 muertes por suicidio, una merma de 24 casos en comparación al año pasado para la misma fecha. 

 Destacan a cineasta

Hace varios días fue hallado muerto por suicidio el cineasta Esteban Lima y una de las personas que expresó su dolor como colega cineasta lo fue Carla Cavina. 

“Esteban era un hombre bien productivo en nuestra industria. Pero, pienso que también hacer cine puede ser deprimente y uno se ve en posiciones de mucha frustración en muchos momentos. Me duele pensar en cómo las personas que se ven en esta posición pueden disimular lo que sienten, su dolor, porque en esta sociedad no está bien mostrarse vulnerable, y ahí estriba el problema. Mucha gente está deprimida”, sostuvo Cavina.

Una vez se identifiquen señales de peligro no se debe dejar sola a esa persona, se debe estar ahí aunque sea en silencio y referir a la Línea Paz 1-800-981-0023.