El distanciamiento social como medida para evitar el contagio y la propagación con el COVID-19 puede provocar que los adultos mayores sientan miedo, ansiedad, depresión, tristeza y confusión.

El cambio en la rutina, no poder ver físicamente a sus familiares, el no tener acceso a la tecnología o no dominarla son solo algunas de las situaciones que pudieran provocar cambios a nivel emocional y psicológico en esta población, según la doctora Kalitza Baerga, presidenta de la Asociación de Psicología de Puerto Rico (APPR).

 

Con esto en mente, la organización creó una Guía de estrategias y actividades para los adultos mayores y cuidadores ante el distanciamiento social en colaboración con diversos profesionales y estudiantes de psicología que fueron dirigidos por la doctora Ramaris Sepúlveda, presidenta del Comité de Asuntos Relacionados a los Adultos y Personas de Edad Avanzada.

“Lo que queríamos era proveer unas actividades, que aparte de servirle de esparcimiento y distracción, le sirvan para fortalecer funciones”, explicó Baerga a Es Mental sobre la Guía que cuenta con información y recomendaciones que pueden ayudar tanto a los adultos mayores como a los cuidadores a  sobrellevar el distanciamiento social y el encierro, que aunque se ha flexibilizado, sigue siendo una forma de evitar el contagio y la propagación del COVID-19 en las poblaciones más vulnerables.

¿Qué dice la Guía?

Hacer ejercicios, estimular las habilidades cognitivas, el dormir  y alimentarse bien y relacionarse con otros grupos generacionales como los niños y los adolescentes es parte fundamental para el bienestar de la población de adultos mayores.

En términos del ejercicio, el doctor Humberto A. Cruz recalcó la importancia de tener actividad física para  el bienestar emocional y físico. Antes de comenzar, recomendó hacer una consulta médica.

En el caso de la estimulación cognitiva, las doctoras Ramaris Sepúlveda y Lynette Ramos destacaron la importancia de que “las personas realicen actividades mentales o físicas que refuercen dichas destrezas o habilidades”.

“La estimulación cognitiva es un conjunto de estrategias que maximizan las destrezas cognitivas como la percepción, memoria, lenguaje y razonamiento, las cuales pueden realizarse desde el hogar, instituciones u otros escenarios como métodos de prevención de forma individual o grupal”, según definen en la Guía.

Ambas recomiendan efectuar actividades de rompecabezas, ejercicios de armar figuras, laberintos o Sudoku y leer libros y revistas para luego hacer un resumen de lo leído, entre otras.

En relación a fomentar las relaciones intergeneracionales entre los adultos mayores, niños y adolescentes, la doctora Sepúlveda, junto a la licenciada Solimar Martínez, expusieron que: “Existe evidencia que en estas relaciones todos los grupos de edades obtienen beneficios socioemocionales, cognitivos, y sociales”.

Baerga, por su parte, enfatizó que el distanciamiento debe ser físico y no social. “En ese sentido que haya un tipo de contacto, aunque sea pasar por casa de los abuelitos y saludarlos desde el carro, pues sabemos que es algo satisfactorio (para ellos)”, sostuvo.

La higiene del sueño del adulto mayor también es un asunto apremiante, ya que de tener problemas a la hora de dormir, puede provocar “irritabilidad, dificultad para concentrarse, problemas con la memoria, bajos niveles de energía, se agudizan los síntomas asociados a condiciones de salud y se afecta el sistema inmunológico”, según la doctora Silma Quiñones, pasada presidenta de la APPR.

Agregó que “los adultos mayores tienden a necesitar menos horas de sueño que los niños y los adolescentes, pero al menos se debe dormir entre 6 a 8 horas”. 

Algunas recomendaciones de Quiñones para dormir bien son: establecer una rutina que promueva el dormir, tener un ritual para dormir que incluya tomar un té relajante, cerrar ventanas y puertas, apagar enseres, asearse, hacer una oración o reflexión y bajar la cantidad de luz en el hogar cerca de la hora de acostarse.

“La higiene del sueño es sumamente importante porque a todos (personas de todas las edades) se nos ha alterado un poco el ciclo del sueño con toda esta situación”, sostuvo la presidenta de la APPR.

El tema de las mascotas también forma parte de esta Guía, señalando que “personas de edad avanzada que poseen mascotas se muestran con menos quejas médicas y reflejan mejor salud física, emocional y psicológica”. 

La doctora Úrsula Aragunde aseguró que “cuidar de una mascota ofrece la oportunidad a las personas de edad avanzada de obtener compañía y contacto social”. Además, mencionó que existen estudios que demuestran que los adultos mayores se muestran más activos cuando se inserta un animal a sus vidas, y que tener una mascota ofrece beneficios como la disminución de las visitas al médico, reducción de síntomas de estrés, menores quejas físicas, entre otros.

La alimentación en los adultos también es crucial, sobre todo para evitar que se desarrollen condiciones crónicas, como  hipertensión, diabetes, obesidad y enfermedad pulmonar, que pudieran suponer un riesgo mayor de enfermar gravemente por COVID-19, expuso el licenciado Hjalmar M. Zambrana Bonaparte.

Zambrana Bonaparte presentó varias recomendaciones para atender esta área, según las guías de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y literatura científica, entre las que figuran cocinar sus propios alimentos, lo que permite realizar comidas saludables en su propia casa, y limitar la ingesta de sal, azúcar y grasa, que “tienen un impacto negativo en el estado de salud físico y mental del ser humano”,

Los cuidadores

El trabajo de los cuidadores es uno arduo, a veces drenante, por lo que  podría afectar su salud emocional. De hecho, “las investigaciones demuestran que los cuidadores corren mayor riesgo de sufrir problemas psicológicos y físicos”, según establece la doctora Leslie M. Díaz Ortiz y la licenciada Adriana López Motta.

Por esta razón, las profesionales ofrecen algunas estrategias para ayudar a prevenir afecciones emocionales en los cuidadores, entre las que figuran la organización (tener una lista de los servicios médicos del paciente que cuidan), comunicación (tener una comunicación efectiva con los familiares del paciente) y expresión de sentimientos (decir cómo se sienten a familiares o amigos).

Baerga, por su parte, recalcó la importancia del autocuidado y buscar apoyos externos, como por ejemplo, alguien que se quede con el adulto mayor en lo que el cuidador descansa momentáneamente, ante lo abrumador que puede ser la carga del cuidado diario y atender personas encamadas o con enfermedades como el Alzhéimer. 

De hecho, las personas con demencia representan un gran reto para los hogares de ancianos, los servicios de salud y para sus cuidadores, según exponen en la Guía los doctores Walter Rodríguez y Rafael Oliveras.

Ante este panorama, ambos discuten una serie de consideraciones para atender adecuadamente a los pacientes con demencia en medio de la pandemia.