Cuando se habla de la clase magisterial de Puerto Rico, así como directores y otros miembros de la comunidad escolar, se hace referencia a la importancia de estos en el desarrollo de la sociedad puertorriqueña. Sin embargo, suele obviarse el agotamiento físico y emocional que enfrentan cotidianamente, y cómo las condiciones de vida en el archipiélago afectan directamente la salud mental de estos educadores.

Los psicólogos Eduardo Lugo y Cindy González Agront coinciden en que el rol de un maestro, director o empleado del sistema de enseñanza puede ser complejo y que, a causa de la alta demanda de trabajo y otros factores, podrían ver trastocada su salud mental. 

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«Todo lo que está pasando en nuestras escuelas se exacerba por lo que son las condiciones de las escuelas, lo que es la injusticia salarial que suple a nuestro personal de escuelas públicas y privadas, y esas cosas van aumentando la probabilidad de que los estresantes que viven los maestros y miembros de la comunidad escolar, se puedan reflejar en problemas de salud mental’’, afirmó Lugo, psicólogo clínico comunitario. 

Según datos de la Federación Estadounidense de Maestros, el trabajo de los educadores es uno de los más estresantes en los Estados Unidos. 

Un sondeo realizado por el sindicato en el 2017, concluyó que el 61 por ciento de los maestros y miembros de la comunidad escolar trabajaban en situaciones laborales más estresantes que las de otros empleados en los Estados Unidos. 

Además, encontró un incremento significativo en la cantidad de educadores que reportaron estar batallando con su salud mental. Y esto, mucho antes de la llegada de la pandemia por COVID-19.

«El maestro en muchas ocasiones tiene que costear los materiales del salón, trabajar con una alta cantidad de estudiantes por salón, entre muchos otros factores. Mientras que para el director recae esa responsabilidad en la que muchas veces se ve de manos atadas, no consigue los recursos para proveerle lo necesario a sus maestros, los planteles escolares y sus deficiencias a nivel estructural», comentó la psicóloga clínica Cindy González Agront sobre los diferentes escenarios que pueden tener consecuencias psicológicas en los educadores.

«Son muchas situaciones con las que ellos trabajan al mismo tiempo, sin olvidar que son seres humanos y viven sus situaciones personales’’, dijo también.

Para la directora ocupacional y maestra, Mircia López, únicamente si derribamos el tabú de que los maestros y directores pueden resistirlo todo y que no experimentan problemas con su salud emocional, se podrá crear consciencia a nivel colectivo. 

«El asunto es que somos padres de familia también, que nos enfrentamos a situaciones particulares en nuestro hogar y tenemos las mismas situaciones que a veces traen los estudiantes a los salones de clases. ¡Hay que hablar de salud mental!’’, sostuvo.

Dijo, asimismo, que visibilizar a los educadores como seres que experimentan circunstancias diarias y cometen errores, es un buen paso hacia el camino de la concienciación. 

¿Se ha perdido el respeto hacia el rol de los maestros y directores escolares?

Otro de los hallazgos de la Federación Estadounidense de Maestros en sus investigaciones, apunta a que los maestros y directores ocupan las profesiones más propensas a sufrir acoso y amenazas dentro del ambiente escolar.

Entre los acosadores principales destacaban los propios estudiantes, ocupando el 50 por ciento de los números, supervisores y los padres de los alumnos.

¿Se trata acaso de patrones generacionales que omiten el respeto hacia los educadores?

Según el sociólogo César Atresino Martínez, el desprestigio al magisterio, con acciones como la precariedad salarial, las condiciones de trabajo y el cierre de escuelas, es el resultado del neoliberalismo.

«Los factores que influyen en esto son, precisamente, la política pública que se ejerce a través del estado para crear y mantener estas condiciones. A su vez, los medios de comunicación influyen y juegan un papel protagónico’’, explicó. 

Atresino Martínez añadió que, aunque ciertamente la crianza puertorriqueña ha cambiado, falta mucho por hacer en el desarrollo de convivencia y sanación dentro del núcleo familiar. 

Por su parte, la psicóloga clínica González Agront destacó que existen alumnos que valoran el trabajado del maestro, «pero quizá no los ven como esa herramienta que los formará como profesionales en el mañana», dijo.  

«Esto es algo que debe comenzar por el hogar forjando en nuestros niños, ese respeto por la profesión que ejercen los maestros y los directores. Comenzar desde el ejemplo, para que así los estudiantes puedan tener ese respeto que tanto merecen nuestros maestros’’, agregó. 

Lugo, de otro lado, finalizó diciendo que es hora de empezar a moverse a modelos que brinden mayor acceso a servicios de salud mental para toda la comunidad escolar. 

«Yo creo que con los problemas severos que estamos enfrentando de salud mental en el país es hora de re-pensar la manera en que damos acceso a servicios de salud mental de calidad a nuestra niñez y al personal escolar’’, concluyó.

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