Para muchos, el divorcio en parejas mayores de 50 años puede ser sorprendente y raro; sin embargo, es una tendencia en aumento, cuyas razones varían de una pareja a otra.

Según un estudio del Centro Nacional de Investigación sobre la Familia y el Matrimonio de la Universidad Estatal de Bowling Green, la tasa de divorcio en parejas mayores ha incrementado, mientras que en los jóvenes ha disminuido.

El estudio -que data del 2024-, indica que el incremento en la tasa de divorcios más notable ocurrió entre las personas de 65 años o más, en el que se triplicó. Entre el 1990 y el 2021 la tasa de divorcios de la población de adultos mayores aumentó de 1.8 divorcios por cada 1,000 personas a 5.5. Un análisis de los datos de la Asociación Americana de Personas Retiradas (AARP en inglés), apunta a que 1 de cada 4 divorcios ocurrió entre personas mayores de 65 años.

Aunque el divorcio en personas mayores de edad no tiene un término popular en español, muchos lo conocen por su término en inglés: ‘Gray Divorce’. Ivemarie Hernández Rivera, psicóloga, definió este tipo de divorcio como las parejas que, al alcanzar entre los 50 y 65 años y los 30 o 40 de casados, deciden concluir su matrimonio.

“Ciertamente, en comparación con otras personas -hace una década atrás- antes mucha gente ni se lo planteaban, preferían vivir en la insatisfacción porque era parte del matrimonio. Era el hecho de aguantar. Yo me casé para toda la vida, ese era el discurso. El asunto de que era para toda la vida no importa qué, llevaba a la gente a asumir la complacencia de pasar por alto la necesidad de cambio”, apuntó el licenciado Luis Ibrahyn Casiano Rodríguez, trabajador social clínico.

¿Por qué el divorcio en esta etapa?

Las razones del divorcio en los mayores pueden variar de pareja en pareja. Sin embargo, ambos profesionales coincidieron en que el síndrome del nido vacío, cuando los hijos se independizan de la pareja; el cansancio y desgaste emocional en la relación; la falta de comunicación y la falta de intimidad son algunos de los motivos que han observado clínicamente para el planteamiento del divorcio en personas mayores.

“Se lo plantean (el divorcio) por su estado en el desarrollo humano, también en busca de experiencias que le llenen en términos del disfrute de la vida. Muchos de ellos están llegando a un punto de la retirada del área laboral, entonces, eso también trae consigo un nuevo reto porque ahora están conviviendo más tiempo con su pareja; y al estar mucho más tiempo se preguntan: ¿qué había aquí tantos años? Ahora tienen el tiempo de contemplarse y contemplar la relación”, precisó Casiano Rodríguez.

“Las personas tienen tres grandes crisis: en la adolescencia, a partir de los 30 y nuevamente llegando a los 60 años. Esa de los 60 años no es tan dramática como la de los 30, pero sí puede redundar en la calidad de vida de una persona de edad avanzada, especialmente en relación con las relaciones de pareja”, compartió.

“Normalmente, cuando yo atiendo este tipo de relaciones y derivan en una situación de pareja, casi nunca la situación es un asunto de pareja, es un asunto del individuo que la sintomatología se materializa en la relación, pero no es la relación. Tiene que ver con el punto de lo que yo quiero ahora, lo que ya no estoy dispuesta a negociar, a lo que yo me quiero mover y entonces es una apreciación del individuo”, aseguró.

Así las cosas, las mujeres comúnmente dan el primer paso hacia el divorcio, mientras los hombres muestran una mayor resistencia a la separación, aseguraron los profesionales. “Puede ser también esa dependencia emocional (la razón por la que los hombres no toman el primer paso hacia el divorcio), porque ellos tal vez no ven la problemática, versus la mujer que puede estar insatisfecha y, entonces, son más proactivas en esa decisión”, indicó Hernández Rivera.

“Son muy pocos los que se plantean la separación como una solución a los cambios. No necesariamente porque no se hayan planteado el asunto, sino porque el aspecto del machismo de que a cierta edad me divorcié o mi esposa se quiere ir, es un asunto que frena el que un hombre se lo planteé”, añadió, por otra parte, Casiano Rodríguez.

A diferencia de áreas urbanas, las parejas que viven en zonas rurales tienen una mayor resistencia a tomar la decisión final del divorcio, a pesar de que puedan ponderar la decisión. Casiano Rodríguez aseguró que catalogan el matrimonio como un elemento de valores y fe, apuntando a que es posible recomponerse.

De las personas que asisten a terapia por problemas en la relación a una edad avanzada, muchas deciden continuar en la relación luego de las recomendaciones de un profesional, como establecer la comunicación; priorizar el tiempo en pareja; la adaptación a nuevas realidades, si los hijos se han independizado, entre otras, compartió Hernández Rivera.

Soledad, un proceso de duelo, inseguridad económica, ansiedad y depresión, son algunos de los síntomas que puede experimentar una persona mayor luego del divorcio, añadió.

“Sienten que no tienen oportunidad de nada más, de que qué van a hacer por ellos, quién me va a acompañar cuando me duela algo. Se debe, entonces, a una etapa del desarrollo donde se sienten descuidados, donde incluso el sistema sociopolítico no les ofrece acompañamiento y la mayor parte de ellos no tienen los ingresos para poder subsistir sus necesidades”, agregó Casiano Rodríguez.

“Es una respuesta a una vida no vivida y descubierta en un proceso de la etapa del desarrollo”, concluyó.