Parte de la rutina de una ginecóloga consiste de sanar, aconsejar y atender a las pacientes que son diagnosticadas con cáncer de ovario. Pero, la rutina de la cirujana-ginecóloga, Annie Vaillant Ortiz, consistió de enfrentarlo cuando fue diagnosticada con esta enfermedad en 2017.

La joven madre, de 33 años, narró a Es Mental la batalla que libró contra la enfermedad desde dos frentes: el de doctora y el de paciente. El momento en el que se le detectó, los miedos que encaró y las enseñanzas que aprendió en el camino.  

“Ya había visto una masita, un quistecito en mi ovario”, relató la mujer de piel lozana y de ojos claros. 

Era ginecóloga, por lo que decidió realizarse un sonograma en el área de los ovarios. Si bien es cierto que pensó no sería nada grave, al terminarlo notó una pequeña masa.

No obstante, “en la gran mayoría de las veces, en una paciente de mi edad, es algo fisiológico y normal”, pensó.

“Dije: ‘bien, esto se me va a ir’”.

Sin embargo, para salir de dudas, a los tres meses se sometió a un nuevo sonograma. En esta ocasión notó que de ser un quiste pequeño ahora era una masa mucho más grande. 

De inmediato, acudió a una doctora para que le realizara un examen adicional para descartar la posibilidad de que se lo hubiese practicado incorrectamente. No obstante, al recibir los resultados, supo que era cáncer de ovario.

No pasaron ocho días cuando se encontraba en un quirófano al pie de lo que nunca pensó vivir. 

Los síntomas más comunes para el cáncer de ovario son sensación de peso en la pelvis, dolor en la parte baja del abdomen, hemorragia vaginal, descontrol de peso y pérdida anormal del ciclo menstrual, según la enciclopedia en línea MedlinePlus.

“En mi mente me decía ‘me van a sacar el ovario y se acabó’”, compartió la cirujana-ginecóloga del Instituto Ginecológico de Puerto Rico. “Pero luego hablamos con el doctor y le dije: ‘para mí mi hija es lo más importante, así que haz lo que tengas que hacer”. 

Luego de recibir los resultados de la patología comenzaron las quimioterapias. Intentó que el proceso que vivió durante seis meses no afectase a Ana Isabelle Duyos, su niña de seis años. 

Para diagnosticar el cáncer de ovario se pueden practicar varias pruebas. En la enciclopedia en línea MedlinePlus se mencionan varias, entre ellas un examen físico, un examen pélvico, un análisis de laboratorio, una ecografía o una biopsia.

“Al principio, cuando empecé [con la quimioterapia], me preocupaban los efectos secundarios que iba a tener y cuánto los iba a tolerar”, narró Annie. “No quería estar tirada en la cama y no estar presente para llevar a mi hija al parque o a la escuela”. 

La Sociedad Americana Contra el Cáncer estima que, en 2019, unas 22 mil 530 mujeres serán diagnosticadas con cáncer de ovario en Estados Unidos. Mientras que se estima que 13 mil 980 fallecerán por causa de la enfermedad.

Importante mantenerse positivos

Sentirse decaídos durante los primeros meses luego de ser diagnosticados con cáncer, explicó la psicóloga clínica Maribel Guzmán Arocho, “es parte del proceso”.

La experta dejó claro que enfrentarse a la negación es el primer paso para sobrellevar la enfermedad. 

La negación, según la Revista Latinoamericana de Psicopatologia Fundamental, es un mecanismo de defensa que se activa en el inconsciente cuando el sujeto se entera de que padece alguna enfermedad grave o terminal. 

Es bien importante para el paciente comenzar a conocer la condición que sufre, expresar las emociones y tener personas de apoyo que le ayuden a lidiar con los efectos físicos y emocionales de los tratamientos a que se somete”, aconsejó. 

La familia, del mismo modo, juega un papel importante al enfrentarse al tratamiento. Expresó que, por lo general, esta permite que el paciente no se limite a la angustia. Que descubra nuevas opciones de tratamiento, por ejemplo. 

“Tanto el paciente como los cuidadores sufren el estrés de enfrentar una enfermedad”, esbozó. “Por lo tanto, se hace importante mantener actividades que ayuden al relajamiento, un estado emocional que permita a los cuidadores evitar la fatiga”.

El que se realicen actividades de ocio durante el proceso son experiencias positivas que fortalecen emocionalmente al paciente, explicó la psicóloga clínica. 

En síntesis, ofrece las herramientas necesarias para enfrentarse a la batalla. 

“Mi familia: mi hija, mi esposo, mis papás”, esbozó. “Yo tenía que estar presente para ellos; ellos siempre fueron mi norte, quienes me dieron fuerza”. 

A pesar de que ha expresado con orgullo que se encuentra totalmente “cancer-free”, la experiencia la marcó y la ayudó a crecer como cirujana-ginecóloga

“Esta enfermedad me dio otra perspectiva para bregar con mis pacientes con diagnósticos difíciles”, compartió Vaillant Ortiz. “Las puedo ver de una manera empática y ayudarles a fortalecerse a través de mi experiencia con el cáncer de ovario”.