En medio de la pandemia por el COVID-19, Margaret Valentín Montalvo sustituyó su oficina por el comedor de su hogar y a sus colegas por sus dos hijos, quienes a su vez tuvieron que dejar el salón de clases para estudiar a distancia.

“Fue un cambio bien grande. Me daba la oportunidad de estar más pendiente, pero también me interrumpen mucho”, recordó Valentín Montalvo.

 

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Detalló que sus hijos dependían de ella para muchos asuntos escolares, mientras en su trabajo pretendían que laborara a tiempo completo.

Destacó que sus hijos necesitaban de ella tanto para arreglar problemas de conexión e informarles a sus maestros de ello, como para imprimir todos sus materiales escolares.  

“Un día ellos tenían examen los dos. Yo estaba trabajando y tuve que interrumpirlo todo porque se fue la Internet”, resaltó Valentín Montalvo al rememorar cómo tuvo que pausar su reunión por “salir corriendo” a casa de sus padres.

Asimismo, expresó que, en su caso, en su espacio de trabajo han intentado ayudar a los empleados con hijos. De hecho, la compañía intentó ayudar buscando tutores.

Sin embargo, señaló que tuvo colegas que no tuvieron la misma suerte que ella, de poder balancear el trabajo con sus hijos. Por esto, se vieron obligados a abandonar la vida laboral o se mudaron a trabajar a tiempo parcial.

De igual manera, comentó que a raíz de la pandemia se ha difuminado la barrera entre horas de trabajo y de uso personal.

“Ahora es como si estuviésemos trabajando las 24 horas del día. No se respeta de la misma manera ese espacio”, exaltó al mencionar que hasta las 10 u 11 de la noche puede aún recibir llamadas de sus superiores.

Efectos del cambio de rutina en la salud mental

A pesar de haber logrado mantener su vida profesional y ser la cuidadora principal de sus hijos a la vez, Valentín Montalvo admitió que ejercerlo tuvo un impacto emocional en ella.

Específicamente los primeros meses de educación en línea se le hicieron particularmente difíciles, aseguró.

Estar encerrada en la casa también fue de gran impacto emocional para ella porque no tenía donde ventilar, dijo.

“No te miento, tuve días donde lo que me daba la gana de hacer era salir de la casa, caminar y llegar a un sitio donde pudiese pegar tres gritos sin que nadie pensara que me estaba matando”, confesó.

Por su parte, la psicóloga escolar Jaclyn Pérez Traverzo advirtió que, diariamente, recibe de cinco a seis llamadas  de padres con situaciones similares con una cantidad de estrés, depresión y ansiedad “alarmante”.

Incluso, especificó que de la manera en que se ha trastocado la rutina de las familias ha aumentado las probabilidades de que los hijos generen trastornos de salud mental y ha visibilizado problemas que venían de antes.

Por esto, la también certificada en autismo infantil Pérez Traverzo recomendó buscar espacios de esparcimiento, ocio y recreo.

Mientras, Valentín Montalvo detectó a la tecnología como un antagonista dentro del desarrollo de sus hijos.

Precisó que, dado a la cantidad de horas que pasan frente al monitor, ha notado que sus hijos se han vuelto menos sociales.

Hizo hincapié en que la casa se ha convertido en un espacio seguro para ellos, uno del cual no quieren salir. Añadió que a veces salen y, si pasa demasiado tiempo, se ponen de mal humor y le exigen volver a encerrarse.

No obstante, aceptó que ha visto el esfuerzo de su hija por socializar, al conectarse previo a la hora de clase junto a otros compañeros para dialogar.

Más aún, especificó que ha sido particularmente difícil para su  hijo, quien en agosto del año pasado se cambió de institución educativa y ha tenido que conocer a los otros estudiantes mediante la computadora.

“No ha habido ningún tipo de actividad para que él pueda conocer a sus demás compañeros. Empezar un año escolar así, con maestros nuevos y personas nuevas, es difícil. Me preocupa su aprovechamiento”, declaró mientras interrumpió la entrevista por ayudar a su hija por problemas de conexión.

De igual manera, Pérez Traverzo confirmó que la dependencia a la tecnología va a provocar la creación de una generación con nuevas necesidades, específicamente en las destrezas de comunicación.

Por otra parte, la también contable reconoció que a su hija le han llamado la atención por desconectarse temprano de sus clases o estar distraída.

Acentuó que ha notado que a sus hijos ahora se les hace más complicado concentrarse.

De igual manera, Pérez Traverzo detalló que el regreso de clases puede resultar en sentimientos encontrados, pues hay estudiantes que se han acostumbrado y disfrutado el estar con sus padres.

A su vez, Valentín Montalvo sostuvo que a su hija le dieron la oportunidad de volver a la escuela en marzo y optó por quedarse en la casa. 

“En este momento donde todavía la vacunación está en progreso, me preocupaba el regreso en marzo. Es difícil, después de todo este tiempo, exigirles mantener distancia. Van a querer ver a sus amigos y abrazarlos”, realzó.

Según la secretaria de Educación, Elba Aponte, el primer día de clases presenciales el 10 de marzo llegaron solo 2,643 estudiantes a 96 planteles del sistema público.

La preocupación de Valentín Montalvo por la adaptación que sus hijos pasarán en agosto es una constante.

Mientras, la Asociación de Psicología de Puerto Rico recalcó en un comunicado de prensa las recomendaciones para el regreso de clases que deben mantener una comunicación abierta con los enseñantes para monitorear esa adaptación y estar alerta a cambios en conducta de parte de los estudiantes o alteraciones en su estado de ánimo.

Recomendó que los padres se familiaricen con el o la profesional de salud mental que esté en la escuela y pida una reunión u orientación, de ser necesario.

Además, a pesar de que enfatizó en la necesidad de detectar recursos de apoyo en la comunidad como tutorías, afirmó que es crucial enfocarse en el esfuerzo del estudiante en lugar de sus notas y la ejecución para darles espacio a los alumnos para una transición positiva.