Los fanáticos de la saga de Harry Potter conocen muy bien a Dobby, el elfo. Esta criatura mítica se caracteriza por tener nariz y orejas puntiagudas, ojos grandes y almendrados y una apariencia débil, aunque su magia es bastante poderosa. 

Dobby vive subordinado al mandato de su amo y suele autocastigarse cuando siente que no cumple con las expectativas de este. Al igual que Dobby, hay muchas personas que  viven sumidas en la culpa y se autocastigan continuamente. 

Según Kalitza Baerga Santini, psicóloga clínica, es natural que una persona se sienta responsable cuando una acción o inacción suya ha causado un daño profundo a alguien, ha provocado una injusticia o una transgresión a la ley. Pero, por lo general, la culpabilidad se disipa cuando el individuo logra reparar su falta. 

Sin embargo, hay veces que no es posible reparar el daño. Como resultado, surge lo que se conoce como el “efecto Dobby”. 

Aunque este concepto no ha sido adoptado por la psicología, cada vez va adquiriendo mayor popularidad. Tanto así que existe un estudio titulado “When guilt evokes self-punishment: Evidence for the existence of a Dobby Effect” (Cuando la culpa evoca autocastigo: evidencia de la existencia del efecto Dobby).

El efecto Dobby se manifiesta “cuando una persona reconoce que ha hecho un daño o a lastimado a alguien y no encuentra forma de repararlo, se autocastiga”, señala la especialista en salud mental. 

El autocastigo basado en sentimientos de culpabilidad puede ocurrir consciente o inconscientemente. De forma consciente, una persona que se siente culpable puede llegar a aislarse, juzgarse continuamente y generar pensamientos negativos sobre sí misma. En cambio, de forma inconsciente, la persona puede generar una profunda inseguridad sobre sí mismo y problemas de baja autoestima. 

De igual forma, “como con todas las experiencias emocionalmente cuando son significativas e impactantes pueden llegar a deprimirse, a sentirse ansiosas”, expresó la psicóloga.

De niños, jóvenes o adultos, todos hemos experimentado culpa en algún momento, ya sea por algo que hicimos o algo que no hicimos y se asumía que debíamos hacer. Por eso sabemos que, la culpa es una sensación desagradable que despierta sentimientos como la tristeza, el remordimiento, el lamento, la angustia, la impotencia y la frustración. 

Por su experiencia, Baerga Santini explica que “hay mucha gente que se autocastiga por la manera en que se relacionan con otras personas. Y, en ese sentido, cuando van a buscar ayuda lo primero que se hace es tratar de poner las cosas en perspectiva y trabajar con los esquemas de pensamiento. Comenzamos a trabajar con los pensamientos, cómo los identificamos, cómo los entendemos, los ponemos en contexto y en la perspectiva correcta”.  

Por ejemplo, “trabajando con confinadas, puedo decir que ellas están pagando su culpa. Muchas veces hay que trabajar [psicológicamente] para que ellas se perdonen a ellas mismas. Que entiendan que ya están pagando y siendo responsables del daño que hicieron. Sin embargo, todavía se sienten como si estuvieran frente al juez y se culpan”. 

Por otra parte, Baerga Santini destaca que muchas veces los niños se sienten culpables, por ejemplo, por tomar o romper un juguete que no es suyo. 

Sobre este asunto, la psicóloga infantil Sara Tarrés destaca en una columna publicada en el portal Guía Infantil que “el sentimiento de culpabilidad en los niños no es algo innato, no nacemos con él, aprendemos a sentirnos culpables de las cosas que hacemos o decimos a medida que crecemos y aprendemos de las situaciones sociales que vivimos.

Se trata de un sentimiento que se construye paulatinamente y que tiene que ver con el desarrollo moral que el niño o niña va construyendo a lo largo de su vida, pero sobretodo, el sentimiento de culpabilidad tiene mucho que ver con el estilo parental bajo el que ha sido educado”.

Los padres tienen una gran influencia en el desarrollo de sentimientos de culpa. Sobre todo, cuando continuamente recriminan y lesionan la autoestima de los menores a su cargo. “Si como padres nos pasamos el día resaltando errores, señalando lo mal que ha hecho tal o cual cosa crearemos niños inseguros que se sentirán culpables de no ser los niños que nosotros esperábamos tener”, expresó Tarrés.

En consecuencia, los niños pueden sentirse temerosos, mentir para evitar nuevas reprimendas que les hagan sentir culpables. Asimismo, hay quienes se tornarán esquivos, sumisos y vulnerables.

Para superar los sentimientos de culpa y el autocastigo, Baerga Santini destaca que “el paso número uno es tratar de pensar de qué manera se puede reparar la relación en caso de que haya lastimado a alguien”. En segundo lugar, “me parece importante que pongamos las cosas en la justa perspectiva y tratemos de entender lo que pasó y cuál fue nuestra responsabilidad en el asunto. En caso de que el impacto emocional que genera la culpa sea muy grande, la doctora recomendó buscar ayuda profesional.