Consejos sobre salud física o emocional, economía y hasta relaciones de parejas parecen muy comunes en redes sociales en estos días. Pero, detrás de estas opiniones, puede esconderse un fenómeno psicológico que provoca que algunas personas sobreestimen lo que saben.

Esto, en la psicología, se le conoce como el efecto Dunning-Kruger, un sesgo cognitivo identificado a partir de una investigación publicada en 1999 por los psicólogos Justin Kruger y David Dunning, de la Universidad de Cornell.

Según la psicóloga clínica, la doctora Marilyn Rodríguez, el concepto surgió tras analizar el caso de McArthur Wheeler, quien en el 1995 se propuso robar varios bancos convencido de que el jugo de limón actuaría como tinta invisible y que las cámaras de seguridad no podrían grabarlo. 

La literatura asegura que Wheeler intentó probar su teoría a través de una fotografía instantánea y, ante un fallo de la cámara, su cara no apareció en la imagen. Por tanto, se convenció de que esto funcionaba. 

A partir de ese caso, estudiaron cómo algunas personas pueden sobrestimar su capacidad cuando no tienen suficiente conocimiento para evaluar adecuadamente su propio desempeño”, explicó. 

En palabras sencillas, mientras menos se sabe sobre algo, más difícil puede ser reconocer cuánto falta por aprender, afirmó la licenciada Myriam Pérez Mercado, psicóloga.

También, detalló que, la raíz del problema no necesariamente es arrogancia o mala intención. Muchas veces ocurre porque una persona no reconoce sus propias limitaciones.

“Desde la psicología, este efecto nos recuerda algo importante: sentirnos seguros no siempre significa que estamos en lo correcto”, subrayó Pérez Mercado.

Entonces, en una época en la que las redes sociales amplifican voces, opiniones y consejos sobre cualquier tema, las psicólogas entrevistadas advirtieron que la confianza excesiva puede convertirse en un riesgo cuando se confunde con conocimiento real.

Una persona puede sentirse muy segura al hablar de un tema, pero eso no siempre significa que lo domina. También puede suceder lo contrario: quienes tienen más preparación suelen reconocer mejor la complejidad de un asunto y, por eso, expresarse con más cautela”, agregó.

La doctora aseguró que este efecto puede influir en decisiones diarias cuando una persona actúa con demasiada seguridad en áreas que realmente no domina. 

Por ejemplo, una persona puede dar consejos sobre distintos temas, como relaciones, salud, economía, crianza o política, sin tener suficiente preparación, pero expresándose de forma segura. Por tanto, la consecuencia puede ser el brindar una opinión como si fuera un hecho y/o influir en las decisiones de otras personas.

“Las redes sociales pueden dar visibilidad a personas que, con solo tener una cámara y una plataforma para publicar, pueden sonar como conocedoras de un tema, incluso cuando se trata de asuntos complejos. Muchas veces el contenido que más se comparte no necesariamente es el más correcto, sino el que se comunica con más seguridad, emoción o atractivo visual”, sostuvo.

Es especialmente delicado en temas de salud mental, medicina, política, educación o seguridad, continuó. Esto porque, una información equivocada, puede tener efectos nocivos reales. 

“Como resultado, algunas personas pueden tomar decisiones importantes sobre su vida basándose en información que recibieron en redes sociales, o pueden difundirla y confundir a otras personas”, puntualizó.

Consecuencias del efecto Dunning-Kruger

De acuerdo con Pérez Mercado, el problema no es tener una opinión, pues todos las personas tienen opiniones. Pero, cuando se confunde una opinión poco informada con el conocimiento verídico puede ser perjudicial. 

En la vida diaria, dio como ejemplo, puede llevar a rechazar consejos útiles, ignorar señales de alerta o descartar la opinión de personas con más preparación en un tema.

“Una persona puede ver un video corto, leer una publicación breve o escuchar una explicación simplificada y sentir que ya entiende completamente un tema complejo. Además, los likes, comentarios y compartidos pueden reforzar la sensación de autoridad, aunque la información no necesariamente sea correcta”, opinó.

Finalizó recordando que la desinformación no se comparte con mala intención, sino desde una confianza excesiva y/o dificultad de reconocer que un tema es más complejo de lo que parece.

Algunos consejos de las psicólogas:

  •  Desarrollar pensamiento crítico. Antes de aceptar o compartir una información, conviene preguntarse: ¿quién lo dice?, ¿qué preparación tiene esa persona?, ¿hay evidencia?, ¿otras fuentes confiables coinciden?, ¿se reconocen matices o se habla en absolutos? 
  • Normalizar el decir “no sé” o “necesito verificarlo”. Reconocer que los límites del conocimiento no es debilidad; al contrario, es una señal de madurez intelectual.
  • Practicar la humildad intelectual. Lo que significa reconocer que no siempre se sabe tanto y que aprender también implica aceptar el estar equivocados.
  • Normalizar el cambio de opinión. Cambiar de perspectiva cuando aparece mejor información no es debilidad; es madurez psicológica. La confianza es valiosa, pero cuando no va acompañada de conocimiento, apertura y pensamiento crítico, puede convertirse en una trampa.