El estrés consume la energía, agota la paciencia y reduce la capacidad de una persona de poder disfrutar lo cotidiano. Vivir constantemente en modo de alerta, provoca efectos adversos sobre el sistema nervioso, sueño, digestión y las relaciones interpersonales. Por eso, reconocer que puede deteriorar la calidad de vida podría ser el primer paso para buscar apoyo profesional y poder manejarlo. 

Según el psicólogo Benjamín Villegas, manejar el estrés no es un lujo, sino una necesidad, ya que los seres humanos se desarrollan en una sociedad que constantemente exige estar disponibles, productivos y “bien”, aunque internamente esto sea lo contrario. 

El estrés es una respuesta natural del cuerpo ante una demanda, pero cuando se vuelve constante y no se regula, comienza a deteriorar poco a poco distintas áreas del funcionamiento de una persona, explicó.

Tanto así que el cuerpo empieza a tensarse, el sueño se interrumpe, la mente se sobrecarga y las emociones se vuelven menos estables. 

“Manejar el estrés no significa evitar los problemas, sino aprender a responder de manera más consciente ante ellos”, también destacó.

Un individuo expuesto a un estrés prolongado puede, incluso, llegar al burnout, como resultado de un significativo desgaste emocional y físico, advirtió Camila Gaud, psicóloga especializada en consejería. Llegando a manifestar sintomatología como bajo estado de ánimo, dificultad para concentrarse, irritabilidad, desmotivación, dolores de cabeza, enfermarse frecuentemente, entre otros. 

“La gente se puede referir al estrés como algo ‘normal’, porque en efecto es una respuesta natural e inevitable del ser humano. Incluso un poquito de estrés puede ser beneficioso para motivarnos a sobrepasar obstáculos, pero cuando se sale de proporción, ahí es que tenemos que tener cuidado y levantar bandera roja”, señaló Gaud.

Por su parte, el psicólogo Juan C. Carreras, planteó que en Puerto Rico el estrés se ha vuelto parte del día a día por razones como los tapones, el costo de vida y las noticias negativas; llevando a que las personas lo perciban como algo «normal». Y aquí está el gran problema, porque “cuando lo normalizamos, dejamos de escucharnos y solo reaccionamos cuando el cuerpo o la mente ya no aguantan”, detalló. 

“¿Cómo se sentiría que te pique una hormiga y la dejes ahí para que te vuelva a picar? Algo parecido ocurre con el estrés, si no lo atendemos, vuelve y empeora, desarrollando otras dificultades”, dijo a modo de ejemplo. 

Pese a que el estrés no se llega a eliminar por completo, sí es posible reducir significativamente los niveles de estrés y sus repercusiones, recordó Villegas.

Para esto, la persona debe aprender a identificar los detonantes, a establecer límites y a aplicar estrategias de autocuidado para que su cuerpo y mente comiencen a responder distinto. 

“Con el tiempo y la práctica, el cuerpo se regula, la mente se calma y la persona recupera un sentido de estabilidad y control”, sostuvo el psicólogo. 

Gaud comentó también que “no puedes eliminar el estrés, pero sí puedes transformar tu relación con él”, comentó Gaud. 

Cómo manejar el estrés

Una de las claves más poderosas para manejarlo, de acuerdo con la especialista en salud mental, es el autocuidado. La literatura señala grandes beneficios como su disminución, promotor de afrontamiento y mejora la salud mental en general, sostuvo. 

También, esos niveles de estrés pueden mejorar al emplear estrategias como organizar tareas, ejercicios de respiración y/o buscar espacios para priorizar el descanso. La terapia psicológica o el apoyo 

psiquiátrico son esenciales para prevenir consecuencias mayores, aconsejó Carreras.

“Algunas claves son: mantener rutinas, cuidar el sueño, practicar actividad física, desconectarte digitalmente y pedir ayuda cuando sea necesario”, dijo.

“A veces la mejor forma de manejar el estrés es detenerte un momento antes de seguir corriendo”, continuó. 

No obstante, el manejo del estrés no se aprende de la noche a la mañana, más bien es un proceso que requiere constancia, autoobservación, compasión y empatía propia. Por eso, Villegas exhortó a las personas a comenzar a escucharse. Si el cuerpo está cansado, es necesario descansar. Si la mente está saturada, se debe desconectar. Además de que no todo tiene que resolverse de inmediato. 

Otras recomendaciones compartidas por Villegas:

• Identificar las fuentes reales de estrés, ya que no siempre lo que parece ser el problema lo es. A veces el trabajo, la relación o la rutina solo son escenarios en los que se manifiestan otras cargas más profundas. 

• Establecer límites claros y saber decir “no” también es una forma de autocuidado.

• Practicar el autocuidado sin culpa y entender que descansar no es perder tiempo; es reparar el cuerpo y la mente para poder continuar.

• Incorporar pausas conscientes. Respirar, detenerse y reconocer lo que se siente.

• Cultivar hábitos saludables, como dormir mejor, alimentarse de forma balanceada y mantener la actividad física.

• Buscar apoyo cuando sea necesario. Hablar con un profesional de la salud mental no es señal de debilidad, sino de responsabilidad personal.