Aunque el ejercicio suele asociarse a la parte estética, la actividad física, incluyendo los ejercicios de fuerza, va mucho más allá de lo superficial, como lo es una reducción significativa en el riesgo de desarrollar enfermedades que con frecuencia llevan a las personas a las salas de los hospitales.
En días en los cuales las redes sociales han transformado la forma en que se percibe el ejercicio y los cuerpos, con estándares de belleza poco realistas y con métodos rápidos y regímenes nutricionales poco flexibles, los especialistas en medicina deportiva y aptitud física reiteran la importancia de su rol sobre la salud física y emocional de un individuo.
Según la fisióloga del ejercicio y educadora en kinesología, la doctora Mairym Villalobos Solís, el entrenamiento de resistencia (con pesas, bandas elásticas e inclusive el propio peso corporal), por ejemplo, genera adaptaciones importantes en el sistema músculo-esquelético, que impactan directamente la salud y funcionalidad.
“La fuerza muscular es fundamental para muchas actividades de la vida diaria, desde cargar bolsas del supermercado hasta levantarnos de una silla con facilidad”, aseguró Villalobos Solís.
Dijo, además, que un sistema muscular más fuerte puede contribuir a mejorar la estabilidad de las articulaciones y puede ayudar a reducir el riesgo de lesiones.
Esto ocurre, precisamente, por el sistema muscular, reconocido actualmente como un órgano endocrino, ya que, al ser estimulado por el ejercicio de fuerza, libera hormonas mioquinas que actúan sobre diferentes órganos, de acuerdo con la doctora colombiana Angélica María Ramos, especialista en medicina del deporte.
“Si la persona tiene una buena reserva de masa muscular y por alguna razón tiene que ser internado en el hospital, su recuperación va a ser mucho mejor, tanto intrahospitalaria como después de la estancia hospitalaria”, dijo.
Además, mejora la potencia muscular, que se trata de la capacidad de generar fuerza rápidamente y puede ser clave en prácticas cotidianas como subir escaleras o reaccionar ante la pérdida de equilibrio.
El ejercicio se vincula, asimismo, a la salud ósea, ya que cuando los músculos se contraen y ejercen tensión sobre los huesos, se estimulan procesos biológicos que ayudan a mantener o aumentar la densidad mineral ósea, compartió, por su parte, la fisióloga del ejercicio.
“El entrenamiento de fuerza progresivo es uno de los estímulos más importantes para mantener huesos fuertes y reducir el riesgo de osteoporosis”, detalló.
En enfermedades como la diabetes tipo 2, común en la Isla, tiene un impacto sobre la sensibilidad a la insulina, mencionó el coach de fitness Rubén Rosa.
Sobre esto, un artículo médico llamado Exercise and insulin sensitivity revela que una sola sesión de ejercicio (específicamente el levantamiento de pesas) podría mejorar la sensibilidad a la insulina en hasta 13 por ciento. Mejorando la capacidad del cuerpo para usar la insulina, hasta el día siguiente de haber realizado la actividad.
“Los músculos tienen la capacidad de almacenar una gran cantidad de glucosa (carbohidratos), que se utiliza durante el ejercicio de resistencia; prácticamente se convierten en “esponjas de glucosa”. Entre más músculo tenga la persona, mejor será su sensibilidad a la insulina y menor el riesgo de desarrollar prediabetes”, explicó Rosa.
“El ejercicio es lo que más se ha prescrito por médicos en el mundo. Tiene un efecto que se puede comparar con la farmacología: mejora la sensibilidad a la insulina, optimiza la digestión, reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares y de ciertos tipos de cáncer. Todo esto se traduce en mayor longevidad, menos visitas al hospital y ahorros en gastos médicos”, continuó.
Pero, también, hay efectos positivos sobre la salud mental de las personas y la especialista en medicina deportiva aseguró que hasta caminando se puede regular hormonas de cortisol y aumentar endorfinas.
Se incluyen otros beneficios como reducción del estrés, disminución de síntomas de ansiedad y depresión, mejoras en el estado de ánimo, mayores niveles de energía y una mejor calidad del sueño.
Villalobos Solís recordó que la actividad física regular es importante para prevenir enfermedades crónicas, como hipertensión, diabetes tipo 2, osteoporosis, sarcopenia y otras condiciones que frecuentemente llevan a hospitalizaciones o la pérdida de independencia en la edad adulta.
Por eso, las principales organizaciones de salud recomiendan que los adultos realicen al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada, además de ejercicios de fortalecimiento muscular dos o más días por semana.
Para mejorar la salud cardiovascular se recomiendan actividades aeróbicas, como correr, nadar, bicicleta o bailar. Actividades que podrían ayudar en mejorar el corazón y la capacidad del organismo para transportar y utilizar oxígeno.
El gran problema es que en estos días las redes sociales presentan el ejercitarse desde una mirada meramente estética y no necesariamente de bienestar, promoviendo, a modo de ejemplo, comparaciones constantes e insatisfacción corporal. Hoy se ve como una herramienta para cambiar algo de la apariencia y no como medicina.
En estas plataformas digitales, además, hay bombardeo constante de información, que en muchos casos no está basada en evidencia científica, recordó Villalobos Solís.
Ante esto, los especialistas coincidieron en lo esencial que debe ser la búsqueda de profesionales en el tema para comenzar o continuar un estilo de vida más activo y el entendimiento de que la actividad física no debe limitarse a la apariencia física, sino a los grandes beneficios que tiene sobre la salud en general.




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