El 3 de agosto de 2017 la despertó una llamada súbita. Hacía un día que no sabía de su único hijo, Kevin Leandro Díaz Guzmán. Esperanzada, respondió y pensó que escucharía su voz. No obstante, al contestar, por el parlante escuchó hablar a un amigo de su hijo:

  “¿Qué pasó?” – le preguntó Elba Guzmán Faria, consejera profesional de la Universidad de Puerto Rico en Arecibo.

  “No, que vengas al Hospital [Dr.] Susoni [de Arecibo] que estamos aquí”. – le respondió medio sospechoso. 

  “¿Está muerto?” 

El amigo de su hijo solo le dio una explicación imprecisa y rápidamente le colgó el teléfono.

Mientras conducía camino al hospital un policía le confirmó por teléfono lo que tanto temía: “está muerto”. Lo habían encontrado sin vida en el asiento del pasajero de un automóvil en el área de emergencias del Hospital Dr. Susoni, en Arecibo. 

Su hijo, Kevin Leandro, de 27 años, murió por causa de una sobredosis de opioides. Luego de un año de espera, Ciencias Forenses le reveló que las pruebas toxicológicas que le realizaron arrojaron alcohol, alprazolam, oxycontin, cocaína y —específicamente— fentanilo.

“Fue como un abismo cuando mi hijo murió”, describió Guzmán Faria en entrevista con Es Mental.

Elba Guzmán Faria. Fotos: Luis Joel Méndez González

La primera vez que Guzmán Faria supo acerca de los opioides fue cinco semanas antes de la muerte de su hijo. En un correo electrónico leyó que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tanteaba la posibilidad de declarar emergencia de salud pública la epidemia de opioides —lo que sucedió en octubre de 2017—. 

En Estados Unidos, en 2018, unas 47,590 personas murieron por sobredosis de opioides, así como 31,897 por opioides sintéticos, según el Centro Nacional de Estadísticas de Salud. 

No transcurrió mucho tiempo cuando su hijo le confesó que “tenía un problema con las píldoras”.

Los opioides se recetan luego de una intervención quirúrgica o una lesión grave, según la enciclopedia médica MedlinePlus. Interactúan con receptores particulares del sistema nervioso para reducir el dolor.

Pese a que su hijo enfrentaba problemas con la ingesta de alcohol desde escuela superior, “todos lo describían como un caballero”, afirmó. Cursaba una maestría en Gestión y Administración Cultural en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras. Era hijo de un “padre ausente”, lugar que ocupó su abuelo —papá de Guzmán—.

“Cuando mi papá murió, que fue justamente cuando él (Kevin) estaba comenzando su grado 12, fue que comenzaron sus problemas”, recordó. No pasó mucho cuando le diagnosticaron trastorno por déficit de atención e hiperactividad. 

“Lo medicaron con un antidepresivo, con una anfetamina y con un ansiolítico”, recordó.

El que le recetaran tantos medicamentos psiquiátricos al mismo tiempo, indicó, quizás complicó el cuadro clínico de Kevin Leandro al crearle dependencia a las píldoras. 

Le insistió en varias ocasiones a que fuera tanto a un psicólogo como a un psiquiatra, lo que aceptó. Fue unas cuantas veces porque reconocía que necesitaba una detox para liberarse de todas las sustancias ilícitas que había consumido. Sin embargo, ninguno de los dos expertos le recomendó una desintoxicación.

Guzmán Faria opinó que, tal vez, “no se sinceró” con los profesionales de la salud mental. 

El psicólogo clínico especializado en servicios contra la adicción, Billy Santiago Bermúdez, catalogó a los opioides como una “de las sustancias más adictivas”.

Los opioides –en especial el fentanilo— son tan fuertes que el adicto puede morir durante el proceso de retirada, dijo. Por eso es que el proceso de desintoxicación se lleva a cabo en un hospital psiquiátrico.

En la isla, existe un desfase en cuanto al recogido de estadísticas, específicamente, sobre los fallecidos por sobredosis de opioides, denunció Guzmán Faria.  Sin embargo, la administradora de la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (ASSMCA), Suzanne Roig Fuertes, indicó al El Nuevo Día que en el 2019, hubo 44 reclusos fallecidos por abuso de opioides.

En 2017, con el fin de mantener control de los opioides u opiáceos que se dispensen, ASSMCA ha instalado el Controlled Medication Prescription Monitoring Program (PMP, por sus siglas en inglés). Un sistema de vigilancia electrónico que se encuentra interconectado a las distintas farmacias del país.

Santiago Bermúdez mencionó que, en general, los opioides se distinguen de otros fármacos porque ocasionan relajación y euforia al mismo tiempo. “Cuando se consumen pueden provocar lagrimeo, bostezos y una posición inclinada, como si estuviera cayéndose”.

Estos “depresores del sistema nervioso” se derivan del opio – una flor que se produce en grandes cantidades en el sudeste de Asia, explicó. Lo que diferencia a los derivados de los opioides entre sí es la intensidad de sus efectos secundarios.

Advirtió de la peligrosidad del fentanilo y la posibilidad de una sobredosis, mucho más en personas que han consumido drogas por más de 5 años.

“El problema del fentanilo es que es tan fuerte que, con tan poco, las personas pueden morirse sin darse cuenta”, puntualizó.