Constantemente estamos perdiendo agua a través del sudor, la orina y la respiración. Es fundamental recuperar esas pérdidas ya que el agua posibilita el transporte de nutrientes, ayuda a regular la temperatura corporal y colabora en los procesos digestivos. En el 2021, el agua continúa siendo la opción más saludable para hidratarnos. 

Ahora bien, ¿tomarla directamente de la pluma (del grifo)? ¿hervida? ¿con limón? ¿filtrada? ¿o embotellada? 

Cualquiera que sea tu selección, probablemente te has planteado si hay partículas o elementos dañinos en ella. Yo bebo la de la pluma y la paso por una jarra de filtro depurador. Me gusta su sabor, eso es importante, y lo considero un hábito saludable y sostenible. Sí, sostenible con el hecho de que lo puedo hacer a diario y por siempre, y sostenible por cuidar del medioambiental al generar menos basura, frente a comprarla embotellada. 

Bueno, pues por ahí hay una moda de beber agua que tal vez aún no hayas considerado y mejor que no lo hagas: el agua cruda. Say What?! Si, un agua sin tratar a las que sus partidarios atribuyen numerosas ventajas, que van desde el contenido de microorganismos probióticos, hasta afirmaciones místicas en cuanto a la energía y la unión con la madre naturaleza. Bajo esta ideología se rechaza el agua de la pluma, ya que es un «agua muerta», que al tratarse con cloro o con filtros para potabilizarla, mata a los microorganismos beneficiosos.

Según la empresa estadounidense que distribuye el «raw water», ésta mantiene la piel hidratada, reduce las arrugas y aumenta la flexibilidad y la fuerza de las articulaciones. No sabía que habían encontrado literalmente la fuente de la juventud. 

Beber agua sin tratar es un peligro. Aunque sea cristalina y parezca pura, puede estar contaminada con metales pesados como el arsénico y microorganismos patógenos: bacterias, virus y parásitos. 

¿A qué voy con esto? Hacerte una vez más consciente que hay muchas modas en el campo del bienestar sin sentido y sin base científica. Existen y seguirán surgiendo negocios redondos basados en pura charlatanería para solucionar los problemas inventados del primer mundo. 

Y por último, les recuerdo que el agua, con o sin limón hidrata, pero no es un «detox».

La autora es nutricionista, dietista, educadora en diabetes y fisiología del ejercicio.