Cuando apareció la noticia del caso de Angie Noemí, la primera mujer víctima de violencia de género de este año, los medios de comunicación me entrevistaron para preguntarme cómo podría definir una relación tóxica. El tema es amplio y cada caso es particular. Sin embargo, hay ciertas características que se repiten una y otra vez en estos patrones de violencia y toxicidad. La violencia es tanto de parte de hombres como de mujeres. Aunque los porcentajes varían por diferentes motivos. A su vez, no todos los hombres son iguales, como tampoco todas las mujeres lo son. Cada pareja y cada caso también es distinto.

Lo primero que debemos saber es que hay conductas tóxicas y relaciones tóxicas. Una persona puede incurrir en una conducta tóxica, mas no desarrollar una relación tóxica, necesariamente. Siempre y cuando logre identificar dicha conducta y pueda modificarla. Sin embargo, esto no ocurre fácilmente. 

 

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Las relaciones y conductas tóxicas provienen del mismo principio: algo tóxico es algo que te envenena y te daña. Imagina que te comes algo contaminado. Entra a tu sistema digestivo y casi instintivamente, tu cuerpo comienza a reaccionar. Comienza a afectar todos tus órganos y acaba por debilitarte y puede hacer posibilidades de hasta morir. Algo similar ocurre con las relaciones tóxicas, pero emocionalmente. 

La pregunta que mucha gente se hace, y que a veces me canso de leer, es por qué una persona permanece en una relación tóxica, si sabe que le hace daño. Supongamos que tenemos una persona cuya pareja manifiesta unos celos enfermizos, no le permite a esta persona llevar a cabo ninguna actividad cotidiana sin estar bajo su mando. Pero además de hacer eso, le deja saber que debería agradecer porque su pareja le esté cuidando. ¡Miren qué confuso puede ser eso! ¿Saben cuántas personas pensarían, «es que mi pareja me ama y por eso me está protegiendo», cuando en realidad está siendo privada de su libertad. Veamos otro ejemplo, tenemos esa persona que desde su niñez ha sufrido abusos y abandonos de sus figuras de cuidado y seguridad. Se desarrolla como adolescente, joven y adulto. Como puede, se adapta a su vida. Siente un vacío, pero ya lo ha normalizado. Llega esta persona que le brinda una pizca de interés e interpreta ese interés como un amor verdadero, presente y conveniente. Nuestras necesidades esenciales en las relaciones existen y seguirán. Si no las gestionamos, alguien puede usarlas a su favor para atacar y manipular.

Un estudio realizado en la Universidad de Utah (2018), Estados Unidos, sobre porqué las personas permanecen en relaciones tóxicas reveló que “un gran porcentaje permanece porque valoran más las emociones y sentimientos de su pareja que los suyos propios. Por esto, temen herir a su pareja al tomar la decisión de alejarse”. Algunas otras razones que he identificado trabajando con la educación de relaciones saludables son:

  • Inseguridad económica: Cuando la pareja ejerce un control financiero y le hace sentir que si se separan quedará desprovisto o desprovista económicamente. También he recibido casos de hombres en este mismo patrón de violencia. 
  • Temor a ser reconocida como la persona mala de la relación: Muchas veces nuestra imagen ante la sociedad se compromete cuando terminamos una relación porque muchos, aún sin saber, juzgan nuestra decisión. Somos víctimas del «Ay, tan linda pareja que hacían», y eso nos esclaviza a relaciones donde nuestras necesidades son insatisfechas o incluso violentadas. 
  • Desconocimiento: Mucha gente que está en relaciones tóxicas ni lo sabe, porque no ha aprendido a diferenciar lo que está bien de lo que está mal. Por esto, debemos reforzar la educación al 100 %. 
  • Sexualidad: Estoy desarrollando esta investigación y hasta este momento, he encontrado razones para relacionar el aspecto sexual con las relaciones tóxicas. Les explico porqué: la gratificación fisiológica que se consigue por causa de un buen orgasmo puede de alguna forma invalidar la conducta tóxica o hacer que no la veamos tan claramente. El orgasmo puede interpretarse de manera emocional y de pronto la persona pensar: “sí me cela y me grita, a veces, pero me demuestra que me ama teniendo sexualidad”. 

El problema principal en la actualidad es la normalización y romantización de las conductas tóxicas, vistas como algo divertido, común y pasable. Hay canciones que lo reafirman, hay memes que lo promueven y frases en camisas que lo avalan. Pero es un peligro normalizar que seamos celados por nuestra pareja, que controlen lo que hacemos, dónde vamos, cómo nos vestimos, cómo nos expresamos. No idealicemos estas conductas como amor. No lo son. 

El amor nunca es tóxico. El amor, por el contrario, es un acto de libertad donde somos valorados por quien somos y a su vez lo hacemos con el otro. Las relaciones son para crecer y disfrutarlas. Si no estás haciéndolo, evalúa tu relación. Si eres amigo o familia de alguien que está viviendo un patrón de maltrato o toxicidad, mantente presente. Permite que esta persona encuentre en ti alguien que le brinde seguridad para salir cuando decida de dicha relación y proveerle la ayuda profesional necesaria.

*La autora es especialista en relaciones saludables, estudiante de maestría en Sexualidad Humana y miembro del Comité Promoción Salud Sexual de la Asociación de Psicología de Puerto Rico.

Referencia:

Joel, S., Impett, E. A., Spielmann, S. S., MacDonald, G. (22 de octubre del 2018) How interdependent are stay/leave decisions? On staying in the relationship for the sake of the romantic partner.Journal of Personality and Social Psychology, 2018; 115 (5): 805 DOI: 10.1037/pspi0000139