Con la llegada del año nuevo llegan nuevas expectativas. Muchos de nosotros ese primero de enero nos planteamos varias resoluciones, la más popular de ellas: el bajar de peso. No importa la dieta que decidas hacer, ya sea paleo, keto o cero carbohidratos, probablemente incluirá la disminución de azúcar. Alejarse de alimentos con azúcar es difícil y más en nuestra cultura puertorriqueña donde para esta época hay coquito, flan, tembleque, entre otros platos dulzones que nos  encanta disgustar. 

Al comenzar una dieta nueva y balanceada, muchas personas ven cambios instantáneos. Uno de estos cambios es el aumento de sueño. En un artículo para Psychology Today, el psicólogo clínico Michael J. Breus indica que una de las primeras cosas que sus pacientes le informan al comenzar una dieta es el aumento de sueño y de energía. 

La realidad del caso es que hay varios estudios que aprueban el hecho de que el azúcar reduce las horas de sueño en el cuerpo, haciendo que estemos más cansados y deseemos más azúcar. Hay evidencias que indican que consumir mucha azúcar equivale a noches interrumpidas con pocas horas de sueño.  En un estudio realizado en el 2006, científicos dividieron a dos grupos de personas para poder probar esta teoría del sueño. El primer grupo se le dio una dieta balanceada, mientras el segundo podía comer todo lo que quisiera, a la hora que quisiera y la cantidad que desease. El primer grupo indicó tener mejor horas de sueño y más energía al día siguiente, mientras el segundo grupo se mantuvo cansado y hambriento.

Los voluntarios que consumieron dietas con más azúcar pasaron menos tiempo en un sueño profundo y se les dificultó mantenerse en la etapa de “onda lenta”. Esta etapa del sueño es esencial para la restauración física del cuerpo, así como para mantener un metabolismo saludable. Los voluntarios que comieron más azúcar también tardaron más en quedarse dormidos. 

Estimula el apetito y los antojos

Comer azúcar activa los circuitos de recompensa del cerebro y una compleja red de hormonas relacionadas con el hambre y el metabolismo. En respuesta al azúcar, el cerebro libera dopamina, una hormona que produce sensaciones de placer y satisfacción. 

Mientras más azúcar consumimos, más sensible se pone nuestro cerebro. Pero, se necesita producir mucha dopamina para sentir los mismos niveles de placer que sentimos en otras adicciones, lo que nos lleva a querer consumir más azúcar

Y sí, la adicción a la azúcar es real. El sentimiento de recompensa activado por la dopamina en el cerebro, provocado por el azúcar, es el mismo que produce  el alcohol, las drogas y otros comportamientos adictivos como las apuestas y el sexo.

Comer alimentos azucarados, más la grasa corporal adicional que generalmente proviene de una dieta alta en azúcar, también reduce la efectividad de las hormonas que suprimen el hambre y regulan el metabolismo.

Los antojos y el apetito por el consumo excesivo de azúcar conducen a querer comer de noche, lo que perturbará su sueño. Y esa falta de sueño, a su vez, empeora nuestros antojos. La falta de sueño también interfiere con la insulina que es la hormona reguladora de azúcar en la sangre.

El tener como hábito comer azúcar en la noche puede poner en marcha un ciclo de sueño casi nulo, o interrumpido que le provocará un apetito sobreestimulado, que con el tiempo puede resultar en el aumento de peso o diabetes.  Una dieta baja en azúcar y alta en fibra, que se centre en alimentos enteros y sin procesar, ayudará a mantener sano el intestino. También, te ayudará a dormir mejor. Una buena noche de sueño es mejor que cualquier helado a las 1:00 a.m. 

Ya lo sabe, después de estas fiestas, como resolución, tenga dormir mejor para levantarse todos los días con energía y listos para dar lo mejor de sí.