Basta con comunicarse a la Alcaldía del Municipio de San Germán para constatar que Francisco «Pancho» Ramírez es muy reconocido en el pueblo por su trabajo como vendedor de dulces.

El anciano de 102 años saltó a la fama a nivel nacional cuando se hizo viral un video de la página de Facebook “Conociendo a Puerto Rico”, donde contaba que dedicó más de 75 años de su vida a vender dulces en un puesto que tenía en lo que era la escuela Segunda Unidad Galo Rosado en San Germán.

Una institución y excelente ser humano, así lo catalogó la maestra de primer grado que trabajaba en el plantel escolar, Rosalba Santana, durante la transmisión.

Don Pancho, un padre bien dulce con 101 años.

❤??❤ Don Pancho, trabaja a los 101 años y no se quita. ¡Felicidades para todos los padres!
Nota: La escuela Segunda Unidad Galo Rosado en San Germán, en la cual trabaja don Pancho, está en la lista de las 280 escuelas para ser cerradas por el gobierno de Puerto Rico.
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Posted by Conociendo a Puerto Rico on Saturday, June 17, 2017

Sin embargo, no todos los envejecientes en Puerto Rico, población que la Oficina del Procurador de las Personas de Edad Avanzada cataloga de 60 años o más, cuentan con una vida como la de Pancho en la que se placen de trabajar y compartir con sus clientes diariamente. Tampoco todas las personas de la sociedad son como la maestra Santana que ve en Don Pacho un ejemplo de vida para los niños.

En cambio, la realidad de muchos adultos mayores en la Isla es que sufren de ansiedad y depresión por las necesidades y prejuicios que les impone la sociedad, según el psicólogo clínico especialista en envejecientes, José Carrión Baralt.

Un consumo que mata

Desde 1999 el especialista Carrión ha dedicado su vida a trabajar con la salud mental de los viejos, por lo que sabe que los cambios en la vejez en comparación con otros años son circunstanciales.

«Si uno piensa en lo que era la vejez antes y lo que es ahora, lo más importante del proceso es saber separar la circunstancias», aseguró.

El experto explicó que, al igual que los viejos de antes, aquellos como Don Pancho que trabajaban en la caña, los de ahora buscan ser respetados y valorados para que su dignidad humana no sea violentada.

Así mismo, también prevalece la incertidumbre de qué hacer con el envejecimiento. Ahora bien, lo que sí ha cambiado, además del aumento en la expectativa de vida, es que los viejos de hoy se enfrentan a ese proceso natural de vida de una forma muy distinta.

En cuestiones de circunstancias, abordó Carrión, una de las grandes diferencias de los viejos de antes que trabajaban hasta morirse es que los de ahora son empleados que entraron a la fuerza de trabajo con la idea de retiro a los 30 años. No obstante, ahora que han recibido su seguro social y no queda más por hacer, se dan cuenta de que no son tan felices como esperaban luego de poder quedarse en descanso por el resto de sus días.

«Me retiré, ¿y ahora qué?», es la pregunta que utilizó Carrión para expresar la preocupación de estas personas que se han quedado sin nada qué hacer rutinariamente.

Sucede que, involucrados en una sociedad llena de publicidad, en búsqueda de algo por hacer, los ancianos se adentran al círculo de consumo, con necesidades creadas por el mercado y los altos costos de los productos.

«Los viejos también quieren un Iphone, quieren viajar, gastar dinero y ahí es que yo sí noto un cambio. A medida que han cambiado estas circunstancias de las necesidades que se le crean a la gente, se crea una desasosiego, una intranquilidad, una falta de felicidad porque la gente sigue queriendo más en base al consumerismo», explicó el experto.

Tratar de insertarse en una sociedad basada en el dinero no es tan sencillo para los viejos. Mucho de ellos dependen de un seguro social que no cubre todas sus necesidades y, al no poder mantenerse en la corriente del consumo y a la par con la sociedad en general, se deprimen, comienzan a sentirse aislados hasta caer en la depresión.

El discrimen los acecha

Si bien no poder consumir cuanto quisieran es un detonante para la depresión en los adultos mayores, la aceptación que reciben por parte de la sociedad es un factor muy importante.

«La gente piensa que no quiere ser viejo porque es muy cercano a la muerte o porque no quieren pasar de ser jóvenes y fuertes, a ser personas enfermas y frágiles, entonces ahí es que vienen los prejuicios», dijo Carrión.

Según el psicólogo, la mejor forma de explicar el rechazo social hacia los viejos es ir a un centro comercial y mirar con detenimiento la publicidad que allí habita. Según aseguró, en los comercios lo que predominan son los anuncios de modelos jóvenes, inclusive en tiendas cuyo público son las personas de mayor edad. Si bien hay algún modelo que se considere viejo, no debe tener arrugas.

De estos mensajes publicitarios se descargan una serie de conductas que la sociedad emula. ‘Ser viejo es no ser productivo, los viejos son una carga para la sociedad, no trabajan, cogen la pensión, gastan un montón en salud en vez de invertir ese dinero en niños que son el futuro’, son algunas de las expresiones que utiliza el psicólogo para explicar lo que siente la sociedad por el viejo.

Dijo el experto que las personas que discriminan a los envejecientes de tal forma, olvidan que fueron trabajadores que durante años pagaron su seguro social, pagaron su pensión, su plan de salud, entre otros y, más allá de ello, al final del día, son seres humanos con derechos.

«No se puede decir ‘ellos ya vivieron’. Un ser humano vive hasta el día que se muera. No hay tal cosa como decir ‘ya no tienes para qué vivir y ahora te toca morir'», explicó el psicólogo.

Aunque, según un estudio del 2016 del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico para la Administración de Servicios de Salud y Contra la Adicción (ASSMCA), las enfermedades mentales más comunes para las edades de 46 a 64 años fueron los trastornos asociados a la ansiedad, Carrión destacó que la depresión también prevalece entre los envejecientes.

Es precisamente el aislamiento al que se someten los viejos por causa del discrimen, aseguró el experto, otro de los factores por los que sufren depresión. Por supuesto, el panorama se complica con la realidad económica y social de Puerto Rico.

En búsquedas de nueva oportunidades, los jóvenes y adultos se están yendo de la Isla, quedando atrás padres y abuelos solos cuyo propósito de vida era cuidar a otros, criar sus nietos y ahora se han quedado sin nada qué hacer. De esta forma la depresión también se genera como consecuencia de la falta de conexiones de apoyo.

La posición económica determina la salud

Según Carrión, la familia de dónde proviene el envejeciente, su poder adquisitivo, las oportunidades de estudiar, cuál fue su tipo de trabajo, sus ingresos, y los beneficios que recibieron del patrón, son determinantes sociales de la salud.

«Está sumamente comprobado que la gente de mayores ingresos tienen mejores accesos a servicios de salud y, por consiguiente, tienen mejores perfiles. En cambio, hay mucha gente que no tiene para pagar los deducibles. Aunque tengan un plan médico, muchas veces no es suficiente y eso, definitivamente, tiene un impacto en la salud», aseguró el experto.

Los factores económicos determinan la salud y, de esa forma, cuán activo es un envejeciente. Hay algunos que llegan a sus 70 años y se sienten con la energía de hacer ejercicio, pero muchos otros tienen enfermedades crónicas que perciben como barreras para mantenerse en movimiento.

Según el psicólogo, aunque no se ha integrado la idea de la importancia del ejercicio en la sociedad como tal, muchos adultos mayores no se ejercitan por falta de acceso porque viven en lugares remotos y se les hace difícil llegar a un gimnasio o a una pista. Otro factor que influye es el desconocimiento porque los mayores tienden a pensar que el viejo no debe hacer ejercicios.

La vejez es heterogénea y debe ser valorada como tal

«No existe tal cosa como decir los viejos son así. Ellos son tan variados como cualquier otra población. Los productos dirigidos a jóvenes enfatizan la individualidad… y eso no se pierde cuando se es viejo. A esa edad siguen queriendo que se les respete su individualidad, pero en la sociedad anti viejo en la que vivimos, se han tratado de marginar con estereotipos», enfatizó Carrión.

Según explicó, la sociedad tiende a pensar que los adultos mayores son todos iguales, y que por tal, son malcriados, brutos y tercos. Sin embargo, la realidad es que estas son características que se traen desde que son jóvenes y no en particular porque las adquirieron al envejecer.

De modo que los adultos mayores puedan enfrentar sus ansiedad y depresión, según el psicólogo hacen falta esfuerzos comunitarios para que no se queden solos, así como que se les facilite la construcción de redes sociales con vecinos u otras personas y tengan con quién hablar.

«La base de una existencia exitosa es tener un propósito de vida y si una persona no lo tiene, está condenada a caer en enfermedades, incluso en el suicidio», aclaró Carrión.

Recomienda el psicólogo que, en base al conocimiento de los envejecientes, se creen acuerdos sociales donde vayan a leerle a los niños a las escuelas, vayan a velar los parques, entre otras actividades que los mantengan activos y alejados de la depresión.

Carrión también denunció que hay una falta de entretenimiento para los viejos, lo que no les da la oportunidad de salir a divertirse. Dijo el experto que le gustaría que el cine se llenará de más películas dirigidas a la población mayor.

«Hay que volver a incluir a los viejos en la sociedad, no sólo para que no se sientan solos, sino para que hagan trabajos en las comunidades con sus herramientas de conocimiento y de vez, ayuden a la sociedad», puntualizó Carrión.