El precio de enfermarse se extiende mucho más que una factura. Trasciende el costo de una visita médica, hospitalización, medicamento, tratamiento o terapia. Podría conllevar ausencias laborales, pérdida de productividad, interrupciones académicas, cambios de rutina, ajustes familiares y otras consecuencias capaces de afectar la salud mental de cualquiera.

Y el impacto no se limita al paciente, sino que también incide en la persona que lo acompaña y cuida, así como el efecto dominó que se desarrolla, potencialmente alterando desde el presupuesto familiar hasta las relaciones personales ante un panorama muchas veces lleno de incertidumbre, miedo, frustración, pérdida de independencia y estigma.

“Una de las cosas que hay que mirar es el impacto en la rutina diaria, cómo esto puede alterar esas actividades con los niños de la familia, por ejemplo. Desde la alimentación, el autocuidado, el ejercicio, el manejo del hogar y otras responsabilidades. También, la capacidad de concentrarse, la transportación que se necesita para ir a los médicos y hospitales. Y la dependencia de otros en tareas que antes esa persona podía hacer de forma independiente, pero ahora puede que necesite a alguien que le asista”, expresó el doctor Carlos Ramos, psicólogo clínico.

La carga emocional ligada a la enfermedad también puede generar ansiedad, miedo, tristeza, frustración, irritabilidad, sensación de pérdida de control y sentimientos de culpa, así como cansancio y agotamiento, según el psicólogo clínico.

Una condición de salud o padecimiento también puede incidir sobre la familia, por ejemplo, al provocar una redistribución de tareas en el hogar, así como alteraciones en las dinámicas familiares, señaló Ramos. También, advirtió, si la persona enferma ya no puede trabajar o debe limitar la carga de trabajo, podría obligar a una reducción de gastos. El psicólogo también destacó que muchas veces uno de los familiares se convierte en cuidador y cómo esto puede generar agotamiento, preocupación y sentimientos de impotencia, tanto en el paciente como en el cuidador.

Otra consecuencia mencionada por Ramos fue la económica ante el tropel de costos asociados a la enfermedad, así como el efecto indirecto de la pérdida de productividad. “También está el impacto laboral o académico. Cuando una persona se enferma se ausenta, tiene menos concentración, fatiga, menor producción. Igual si está estudiando, falta a clases y no cumple con las tareas asignadas. Puede desde perder un trabajo hasta no poder completar el semestre”, sostuvo.

El psicólogo también llamó la atención a la dimensión social, ya que muchas veces la enfermedad provoca aislamiento y puede también afectar sus relaciones familiares y sociales pues el paciente puede sentir que es una carga para los demás, así como lamentar el tener que depender de otros al perder su autonomía o parte de ella.

¿Cómo lidiar con todo esto? Según el psicólogo, la manera más eficiente es buscar ayuda profesional para ayudar tanto al paciente como a su entorno cercano a lidiar con la nueva realidad de esa enfermedad. También, destacó el identificar personas que les sirvan de apoyo, así como buscar otras estrategias curativas fuera de los tratamientos tradicionales para incluirlos como complemento.

Del bolsillo

El costo de una enfermedad va más allá del pago directo por los servicios médicos, reconoció la doctora Enid García, epidemióloga. Indicó que no solo incluye lo que cubre el seguro, sino lo que sale del bolsillo del paciente. También, advirtió los costos indirectos, como la pérdida de salario durante una ausencia laboral. A esto se suman las consecuencias para los empleadores, que deben enfrentar la reducción de personal, retrasos en procesos o la necesidad de contratar a otras personas para cubrir las ausencias, dijo.

La realidad de Puerto Rico, con la inestabilidad del servicio de energía eléctrica y de agua potable, pueden añadir gastos para quienes viven con ciertas condiciones de salud, resaltó García. Por eso, sostuvo, muchos son obligados a invertir en fuentes alternas de energía u otros recursos, más aún cuando deben garantizar la conservación de medicamentos y la continuidad de sus tratamientos.

“También hay muchos enfermos porque las prevalencias de muchas condiciones (especialmente crónicas) están altas. Y los brotes y epidemias. Todo esto aumenta el costo económico. Es la experiencia que estamos viviendo”, expresó.

García coincidió en que el costo de enfermarse trasciende la interacción entre el paciente y el médico, ya que implica gastos y repercusiones que alcanzan al hogar, el trabajo y otros ámbitos de la vida cotidiana.

Por debajo de la mesa

El economista Heriberto Marín coincidió en que muchas veces los costos indirectos no se contabilizan. Por ejemplo, mencionó, cuando un familiar debe acompañar a un paciente a una cita y ausentarse de su trabajo, ese tiempo representa un costo para el hogar. A esto se suma el llamado costo de espera: las horas que pacientes y familiares deben invertir para recibir un servicio médico.

El gasto también puede variar considerablemente según el tipo de seguro y el plan contratado, explicó. Los deducibles y copagos son parte importante de esa ecuación y pueden representar una carga distinta para cada familia. Aunque existen datos agregados sobre estos gastos, conocer el costo real para cada paciente depende de factores como su condición de salud, el nivel de cobertura y los servicios que necesita, sostuvo.

Advirtió que según el Sistema de Vigilancia de Factores de Riesgo del Comportamiento (BRFSS) del 2024, se estima que 4.7% de los adultos de Puerto Rico carecen de un seguro médico. Considerando que esta cifra incluye un margen de error entre 3.8% y 5.7%, unas 180,000 personas carecen de plan médico en la isla. A esta población es a la que más difícil le resulta lidiar con una enfermedad ya que deberán asumir la totalidad de los cargos asociados a una enfermedad. Advirtió que, según los datos de este documento, en su mayoría son hombres jóvenes en edades productivas, principalmente los de 25 a 34 años, aunque le siguen varios renglones de edad subsiguientes.

Documentado, el costo y las consecuencias

En Puerto Rico, los costos de atención médica pueden representar una carga significativa, especialmente para quienes no cuentan con seguro. Una guía publicada en 2026 para personas que se mudan a la isla, el Puerto Rico Handbook estima que un plan privado para una persona puede costar entre $250 y $450 mensuales, mientras que una visita a una sala de emergencias puede superar los $1,200, sin cobertura.

El mismo análisis calcula que una resonancia magnética puede costar entre $800 y $1,500 para una persona sin seguro, cifras que ilustran el impacto económico de acceder a servicios médicos en la isla. Estas cifras son estimaciones basadas en costos de servicios privados en las zonas de San Juan y Dorado, por lo que pueden variar según el proveedor, la localidad y las necesidades del paciente, advierte el mismo documento.

Mientras, los costos de la atención médica continúan en aumento. Según la encuesta de Tendencias Médicas Globales 2026 de la empresa de asesoría y soluciones globales WTW, en Estados Unidos se proyecta un incremento de 9.6% en los costos de salud para 2026, mientras que en América Latina el aumento estimado es aún mayor, de 11.9%. A nivel global, la proyección es de 10.3%. El informe señala que entre los principales factores que impulsan estos aumentos están las nuevas tecnologías médicas y los avances en medicamentos.

En Estados Unidos, el alto precio de la atención médica responde a varios factores, entre ellos la complejidad administrativa de un sistema fragmentado, el costo de los medicamentos, los servicios hospitalarios y las diferencias en los precios de un mismo servicio. Según Investopedia, los costos administrativos superaron los $1,000 por persona en 2024, mientras que el gasto per cápita en medicamentos recetados superó los $1,000, casi el doble del promedio de otros países de altos ingresos. El análisis también destaca los elevados costos hospitalarios y la variación de precios entre proveedores y regiones como parte de las razones por las que enfermarse resulta tan costoso en Estados Unidos.

Las enfermedades crónicas representan una de las mayores cargas para la salud pública en Estados Unidos. Según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), el 90% de los $5.3 billones que el país gasta anualmente en atención sanitaria corresponde a personas con enfermedades crónicas y trastornos de salud mental. Solo en 2024, más de 850,000 estadounidenses murieron por enfermedades cardíacas o accidentes cerebrovasculares, mientras que el cáncer causó más de 600,000 muertes.

De acuerdo con la enciclopedia médica MedlinePlus, hay varias estrategias que pueden ayudar a aliviar gastos médicos. Entre estas, menciona el optar por medicamentos genéricos, aprovechar las pruebas preventivas y los beneficios del seguro (si aplica), utilizar proveedores dentro de la red y recurrir a centros ambulatorios, cuando sea posible. También, comparar planes de salud según las necesidades médicas y, si la persona tiene la capacidad para hacerlo, utilizar cuentas de ahorro para gastos de salud. Además, destaca la importancia de la prevención, la planificación y conocer la cobertura del seguro para ayudar a reducir los gastos de bolsillo.