Más allá de servir como medio de comunicación, el español en Puerto Rico es un símbolo de resistencia cultural. Especialmente, en días en los cuales se intensifican las discusiones sobre el idioma, la gentrificación y el colonialismo, coinciden los especialistas.
El idioma es uno de los elementos que ayuda a construir la identidad nacional de un país o de un grupo étnico-cultural al ofrecer un compendio compartido de significados y recuerdos.
Con el lenguaje se pueden articular y conectar elementos que abonan a la memoria colectiva; himnos, consignas políticas, narrativas históricas, canciones populares, chistes y refranes, que solo tienen pleno sentido dentro de esa comunidad lingüística, explicó el doctor Luis Javier Cintrón Gutiérrez, sociólogo y catedrático auxiliar en la Universidad del Sagrado Corazón.
El español, en el archipiélago, ha sido medular para la identidad y también instrumento de resistencia ante la colonización de los Estados Unidos, recordó el profesor en psicología, el doctor Eduardo Lugo y detalló cómo en todo el proceso colonial, se ha intentado imponer el inglés como único idioma oficial.
De hecho, en el Isla se experimentaron décadas de presión para revertir la imposición del inglés en el sistema público de enseñanza, y no fue hasta 1949 que se consiguió.
“Un caso importante en esta dirección fue la lucha por la defensa del español como lengua de instrucción y como signo de “puertorriqueñidad” del nacionalismo cultural del siglo 20; articulando un “aquí se habla español” frente al proyecto de americanización del nuevo poder hegemónico en Puerto Rico”, comentó Cintrón Gutiérrez.
Históricamente, dijo Lugo, la isla ha tenido una gran tradición oral, siendo un factor clave para el desarrollo de las relaciones humanas.
“Aunque algunas personas se expresan usando el spanglish, la realidad es que la mayor parte de las personas hablan español”, sostuvo.
A su juicio, en este momento se enfrenta un recrudecimiento de políticas coloniales, que se manifiestan tanto en decisiones institucionales como en interacciones cotidianas. Mencionó, como ejemplos, las diversas propuestas para fortalecer el bilingüismo en el sistema educativo, así como la actitud de visitantes que exigen ser atendidos en inglés.
Pero, además, la reciente situación que vivió la escritora Sarinette Caraballo Pacheco luego de visitar un restaurante en Luquillo y que se le obligara a ordenar su comida en inglés.
“Por un momento sentí esa mezcla rara de risa, tristeza e impotencia, que solo entiende quien ha visto su propio país volverse poco a poco en lugar extraño”, colgó en sus redes sociales.
“No hay nada malo en que un empleado le hable en inglés a quien solo entiende inglés. Lo que sí está mal es que a los locales se nos oblige a abandonar nuestro idioma para que otros se sientan más cómodos. No, no me da la gana. Eso no es hospitalidad, se llama desplazamiento cultural”, puntualizó.
“Para Benedict Anderson (historiador) el idioma no solo nombra la nación, la hace tangible al sincronizar experiencias cotidianas y producir la sensación de compartir un mismo tiempo, un mismo espacio y una misma historia”, afirmó el sociólogo.
Por su parte, Lugo reiteró que es un momento central de resistencia, ya que en diversos lugares, como Rincón, Vieques y Aguadilla, hay restaurantes en donde los dueños han decidido que el idioma que se habla en su establecimiento sea el inglés. Por lo que, la incomodidad y la molestia es generalizada.
“Este tipo de acto se procesa como un cambio demográfico y cultural que incomoda y genera diversas expresiones de rechazo. También refleja la huella colonial que subyace la gentrificación y el desplazamiento que sufre nuestra población”, aseguró.
Celebridades como el famoso exponente urbano, Bad Bunny, utilizan sus plataformas para preservar el español puertorriqueño. Su más reciente álbum, Debí Tirar Más Fotos precisamente recuerda la importancia de abrazar la cultura, valorar las raíces y sentir orgullo de las tradiciones que definen al boricua.
“La batalla por el idioma es colonial y el intento de suprimir el español es un intento de blanqueamiento y de borrar a quienes lo hablamos”, enfatizó Lugo.
Los lenguajes no son algo estático, puntualizó Cintrón Gutiérrez. Estos se erosionan, se mezclan y se transforman con el paso del tiempo, las migraciones y los cambios en las relaciones de poder.
Muchas prácticas culturales pueden seguir existiendo aunque el español se debilite o se mezcle cada vez más con el inglés, pero es probable que se pierdan matices afectivos, chistes, refranes y modos de nombrar el mundo que están anclados en el registro lingüístico, sostuvo.
Continuó asegurando que, un país o pueblo puede conservar una parte importante de su identidad cultural aún si su lengua se debilita, pero esa identidad tiende a reconfigurarse y a “adelgazarse” si no encuentra formas nuevas (bilingües, híbridas, translingües) de re-inscribir su experiencia histórica en el lenguaje.
“El lenguaje es un organismo vivo atravesado por relaciones de poder y por múltiples intersecciones (clase, etnicidad, género, estructuras sociales y experiencias históricas), de modo que ningún proyecto de custodia del idioma puede desvincularse de los sujetos que lo hablan ni de las disputas simbólicas en las que se juega qué formas de hablar se consideran válidas, prestigiosas o “nacionales”, concluyó.




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