Las personas que pierden su empleo, no tienen ahorros para vivir y no gozan de ayudas económicas tienen mayor riesgo a sufrir de problemas de salud mental, según la presidenta de la Asociación de Psicología de Puerto Rico (APPR), Kevia Calderón Jorge.

A esta comunidad, explicó, les siguen aquellos que viven de sus ahorros limitados sin garantía de estabilidad económica a largo plazo. Después, añadió al listado a aquellos que sí reciben ayuda y tienen una red de apoyo más sólida quienes aún se ven vulnerables al daño.

Categorizó a todos los anteriores como personas que de alguna forma u otra están en una posición de riesgo en la medida de que la situación de desempleo se prolongue.

Por otro lado, destacó que, aparte del aspecto económico, el perder un empleo también afecta la percepción de uno mismo, pues produce interrogantes sobre la capacidad de autoeficacia, reduce la autoestima y se pierde el sentido de ser productivo.

La psicóloga clínica puntualizó que la pandemia ha producido altos niveles de estrés y ansiedad generalizada, específicamente vinculada con la integridad física.

Más aún, un estudio hecho por el psicólogo clínico Alfonso Martínez Taboas estableció que la pandemia en Puerto Rico ha producido alzas en los trastornos psiquiátricos como la depresión, insomnio y temores generales.

Relación entre el empleo y la salud mental

“A través de las investigaciones que se han realizado tanto en Estados Unidos como en Europa se ha podido constatar que la crisis económica trae consigo cambios en los estilos de vida y en los procesos de empleo, lo que implica que en muchos casos se empiecen a crear dinámicas de desempleo, se ofrecen trabajos mayormente a tiempo parcial sin una buena remuneración ni beneficios”, estableció Calderón Jorge al asegurar que esto provoca daños de salud física y mental.

Por otro lado, expuso cómo la pandemia también trajo cambios en la rutina, los procesos de vida y socialización, produjo un temor inmenso de perder la vida o la de sus seres queridos, entre otros, lo que también puede provocar daño emocional.

A su vez, la Dra. Marinilda Rivera Díaz, miembro de la Junta del Colegio de Profesionales de Trabajo Social, coincidió con la psicóloga al asegurar que hay una conexión entre el trabajo y la estabilidad de salud mental.

Más aún, explicó que el empleo es el medio que todas las personas tienen para adelantar la agenda que tienen con sus dependientes.

Añadió que, si un trabajo se pierde en un contexto normal, aunque pudiese desestabilizar a la persona, uno tiene la certeza de que al otro día se puede buscar un nuevo espacio laboral. Sin embargo, cuando esto ocurre en medio de una pandemia y una crisis fiscal, se desvanece la esperanza, se produce incertidumbre y ansiedad, pues se sabe que no va a ser tan fácil encontrar otro empleo.

Destacó que el empleo lleva a las personas a construir metas y planificar, planes que al llegar la pandemia se vieron tergiversados. Este contexto produce un sentido de frustración, incomodidad, angustia, desmotivación e impotencia que trae una secuela de comportamientos de las personas que los pone en riesgo de vida, pues vivir en condiciones de precariedad e inestabilidad pudiese provocar desde pensamientos suicidas hasta violencia doméstica y de género.

Mientras, Calderón Jorge confirmó que el hecho de que se estén presentando mayores casos de problemas de salud mental significa que hay más círculos familiares que están en necesidad de servicios salubristas de ayuda y, el no poder atenderlo por la crisis de la pandemia, puede provocar que también sus familiares empiecen a mostrar síntomas de otras distorsiones. Más aún, subrayó que el no atenderlo puede provocar dificultad a la persona para manejar sus tareas diarias o cumplir con sus responsabilidades.

Por su parte, la también profesora de salud pública Rivera Díaz agregó que, a pesar de que el Gobierno ha hecho medidas económicas para asistir a la población durante la pandemia, no se han establecido las mismas ayudas para contrarrestar los efectos emocionales de la pandemia.

Evidenció su argumento al apuntar al cierre del Centro de Salud Mental de Bayamón, la única unidad pública y especializada en niños y adolescentes. Estableció que este es un ejemplo en el que se matiza la negligencia de parte del Gobierno respecto a la salud mental.

La crisis que nos arropa

Por su parte, el economista Julio César Hernández Correa apuntó a indicadores como el índice de desarrollo económico, estadísticas que calculan cómo va el país en términos generales, lo que se establece es que este último año se redujo la economía por casi 2%.

Por encima de esto, recordó que la trayectoria de lo que ha sido la economía de Puerto Rico, en los últimos cinco años, con excepción del 2019 cuando se recibieron muchos fondos federales luego del huracán María, ha ido en decrecimiento.

Caracterizó al patrón económico del país como uno que no es normal y responde a la pérdida poblacional, disminución en producción local, entre otros asuntos.

Determinó que los estímulos federales y los gastos para estabilizar la economía no han sido suficientes. Por otro lado, criticó a los proyectos del Senado que han intentado aumentar el salario mínimo anualmente hasta $15 la hora, pues entiende que esta sería una medida que va a perjudicar a los negocios de los empresarios puertorriqueños.

Aseguró que la crisis de Puerto Rico está vinculada a los problemas estructurales que impactan a la economía: reducción poblacional, falta de elaboración y manufactura de productos locales, la escasez del desarrollo de industrias puertorriqueñas, entre otros aspectos.