Los niños que están expuestos a situaciones o eventos que sobrepasan su capacidad para sobrellevarlos, pueden desarrollar un trauma más adelante en sus vidas. 

Y sobre esto, precisamente, el estudio Trauma y experiencias adversas en la infancia es una de las mayores investigaciones sobre el impacto del maltrato y descuido de menores en la salud y el bienestar más adelante en la vida.

De acuerdo con la especialista en psicología, la doctora Irma Torres, el término experiencias adversas en la niñez proviene de un estudio que se hizo en California de 1995 a 1997, en Kaiser Permanente, un plan de salud sin fines de lucro. En el mismo se hicieron dos rondas de recopilación de datos. 

Más de 17,000 personas que se hicieron exámenes físicos completaron encuestas confidenciales sobre sus experiencias en la infancia y su estado de salud y comportamientos actuales.

En dicho estudio se comenzó a identificar que todas las personas tienen algo en común, en este caso, una serie de eventos, y de ahí surge el proyecto de investigación donde se comenzó a ver que diversos tipos de experiencias durante el desarrollo provocan retos o dificultades de salud.

La especialista lo define como un grupo de experiencias que fueron agrupadas por las situaciones que les puede pasar a una persona en o antes de cumplir los 18 años. El motivo de esta agrupación fue poder explicar o relacionar esas situaciones con diferentes efectos en la salud y bienestar de las personas en la vida adulta. 

“Son experiencias que pueden tener un potencial altamente estresante. Quiere decir que esas experiencias muchas veces se pueden dar de una sola vez o de forma crónica, pero son momentos estresantes”, explicó. 

Según Torres, estas se dividen en tres áreas principales:

  1. Abuso: experiencias de abuso físico, emocional o sexual.
  2. Negligencia: experiencias de negligencia emocional y física.
  3. Hogar disfuncional: experiencias de divorcios, abandono, crianza con adultos de enfermedades de salud mental, violencia doméstica o uso de sustancias en el hogar.

“Así que cuando tú ves cómo se dividen estas experiencias, son cosas que le afectan directamente a una persona, que tienen un alto impacto en ese nivel de estrés que experimenta una persona durante su desarrollo”, sostuvo.

Precisamente, por ello, resaltó que los niños y adolescentes no tienen su cerebro completamente desarrollado. Por tanto, al hablar de experiencias adversas en la niñez se reconoce que experimentan unas vivencias que en ese momento se les hace complicado procesar. Agregó que esos niveles de estrés tóxico, no necesariamente se van a convertir en trauma, pero sí tienen un potencial traumático grande por su contexto

La psicóloga sostuvo que muchas de estas experiencias se les puede hacer difícil a las personas identificarlas en sí mismas, pues tal vez normalizan sus pasadas experiencias. 

Así también explicó que las experiencias adversas en la niñez es algo que ha estado presente por mucho tiempo en la historia y ha pasado por generaciones con destrezas de crianza que no necesariamente son las óptimas. 

En concordancia, la especialista en psicología escolar, licenciada Yarel Delgado Rosa, dijo que las experiencias adversas en la niñez están relacionadas con esas experiencias que ponen en riesgo la salud mental, física y emocional de los niños.

Como por ejemplo, que hayan vivido o presenciado abusos, así como eventos atmosféricos e incluso la pandemia.

Por su parte, la doctora Rebeca López, especialista en psicología escolar, explicó que este estudio, buscaba medir o estudiar cuál es el impacto que han tenido a largo plazo las experiencias adversas en la niñez. 

Según López, parte de lo encontrado en el mismo fue que las experiencias adversas en la niñez afectan de manera circunstancial la vida y el desarrollo de los niños a corto y largo plazo.

El estudio sostiene que estas experiencias adversas, tienen el trauma histórico de padres que tienen historial de maltratos lo cual es un aspecto generacional y que en muchas ocasiones, afecta las condiciones sociales en el que se desarrollan estos niños.

La especialista recalcó la importancia de ver cual es el impacto que tienen dichas experiencias en la edad temprana y cómo moldean el desarrollo neurológico, cerebral y físico.

¿Qué puede hacer que estas experiencias se conviertan en traumáticas?

Primordialmente, Torres explicó que los recursos de apoyo y los factores particulares que haya tenido una persona pueden ser razones para que ciertos eventos se conviertan en traumáticos en un futuro.

“En la clínica lo que nosotros vemos en el día a día es que la mayoría de las personas tiene tres, cuatro o cinco eventos adversos en la niñez”, afirmó. 

En su experiencia además, se ha dado cuenta que muy pocas personas tienen solo tres. Quizás, estas situaciones de vida, tienen un impacto y aparece invisible a través de la vida, creando situaciones emocionales y físicas, sostuvo Torres.

De acuerdo con Torres, investigaciones afirman que a mayor cantidad de eventos adversos en la niñez, hay  más cantidad de probabilidad de diferentes condiciones médicas, incluyendo diabetes y problemas de corazón, y problemas de salud mental. 

“Las experiencias adversas en la niñez son adversas, no todo mundo va a tener el mismo impacto a nivel de trauma, que sea incapacitante a nivel de su vida. Sin embargo, es importante reconocer que este no es un proceso que pasa rápido”, dijo Torres.

Según Delgado Rosa, el trauma se deriva de la percepción ya vivida, aun así, no deja de ser traumática. 

Los niños pueden verse muy afectados y si son cosas que no se trabajan, eventualmente, en la adultez, pueden verse los efectos de los traumas en diversas áreas de su vida, según la licenciada . 

López, por su parte, mencionó que una de las partes principales no desarrolladas cuando hay experiencias adversas en la niñez es el aspecto del apego seguro. Es decir, que todo niño necesita y merece desarrollarse en un ambiente propicio para la exploración y aprendizaje. 

“También vamos a ver cómo el cuerpo va a reflejar esas experiencias adversas y traumáticas de este niño”, explicó.

Recomendaciones

López recomendó recomendó e invitó a los padres a reconocer sus propias experiencias para evitar o prevenir que sus hijos pasen por estas experiencias adversas.

Afirmó que en ocasiones muchos adultos no están totalmente conscientes de que sus conductas son productos de estas experiencias adversas.  

Sabemos que no va a haber una crianza perfecta, sin embargo, sí es importante reconocer esas áreas que necesitamos reforzar”, explicó.

Según López, otros teóricos que hablan sobre las experiencias adversas en la niñez sostienen la importancia de reconstruir los vínculos de apego seguro, comenzando con la regulación del estrés de los padres, para luego poder servir de reguladores para sus hijos. 

Afirmó que es de suma importancia que los profesionales se eduquen en este tema y que lleven su práctica basada informada en trauma. “Pueden haber hasta cuatro eventos de experiencias adversas en la niñez, y mientras más aumenta mayor es el impacto que va a tener en la vida de ese niño”,

Muchas de estas experiencias se sienten, se viven, se sufren, pero nunca las vemos como algo fuera de lo típico porque es que las hemos vivido por tanto tiempo que para nosotros es normal”, afirmó Torres.

Delgado Rosa recomendó a los padres buscar ayuda con un especialista en psicología que les pueda dar las herramientas para trabajar con el niño o los niños.

Asimismo, aconsejó a profesionales de salud a educarse sobre lo que es trauma.