Mientras Roberto Félix Rodríguez Díaz era transportado por policías a un vehículo con sus manos esposadas, a lo lejos se escuchaba a la mamá de la mujer con la que se encontraba casado y a quien asesinó, Angie Noemí González Santos, gritarle:

  “Yo sé que no fuiste tú, eso fue el diablo. Mira mi amor, sabes que te amo”.

 

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Las críticas se desataron en las redes sociales contra la madre de la fenecida. Sin embargo, el feminicidio que ocurrió el 15 de enero colocó al descubierto la confusión, la rabia y la impotencia que los familiares de las víctimas experimentan al perder a un familiar por violencia de género, de acuerdo con tres conocedoras del tema en entrevista con Es Mental.   

El padre del hombre también hizo expresiones de dolor y manifestó públicamente su deseo de quitarse la vida, por lo que el Gobierno se movilizó para brindarle ayuda de trabajadores sociales y personal de la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (ASSMCA).

La activista y trabajadora social, Raquel Delgado Valentín, recalcó que se debe ser empáticos con los familiares de las víctimas de violencia de género porque “el duelo no es lineal”. 

“No podemos obviar que vivimos en un sistema patriarcal. Que hemos sido socializades en un sistema patriarcal y que tenemos muchos mitos machistas en nuestro interior y en nuestra conducta. Estos procesos de socialización promueven de alguna manera esa mirada de poder y de control de las parejas, especialmente en los hombres”, mencionó.

Las prácticas machistas que se aprenden a lo largo de la vida redundan en cómo ciertas personas reaccionan ante el asesinato de un ser querido, especialmente, por violencia de género, agregó.

Los familiares de los fenecidos y de las fenecidas también sienten culpabilidad al no anticiparse a lo que ocurriría cuando en realidad no debe ser así debido a que también son víctimas del patriarcado.

Lo complicado es que anticiparlo tampoco es sencillo.

La psicóloga consejera y expresidenta de la Asociación de Psicología de Puerto Rico, Silma Quiñones Roldán, mencionó que los agresores tienden a ser doble cara, por lo que engañan a los familiares de las víctimas con una percepción errónea de lo que son.

La confusión que sienten ciertas personas cuando una persona a quien amaban es asesinada por otra persona a quien consideraban parte de la familia, se agudiza más, acotó.

Lo mismo sucede con las madres y con los padres que, a pesar advertir a sus hijos y a sus hijas acerca de la peligrosidad de la persona con la que están, no logran detener la tragedia, añadió.

En ambas circunstancias, la negación es un modo de no aceptar lo que ocurrió y controlar el dolor, mencionó.

“Yo he escuchado mucho: ‘Es que no cuadra que sea agresivo, si él no alzaba la voz y caminaba a pasos suaves, muy reservado’”, ejemplificó la psicóloga consejera.

 “Esta persona que fue capaz de matar a mi mamá nunca fue así”, agregó.

 Y es que para los hijos y para las hijas que han perdido a sus progenitores por violencia de género, la sanación tarda meses e incluso años cuando no se buscan los servicios psicológicos necesarios a tiempo.

La directora ejecutiva del Hogar Ruth, Lisdel Flores Barger, ha trabajado tanto con hijos como con hijas de mujeres que han sido víctimas de violencia doméstica.

Si bien es cierto que su hogar no atiende a familiares de víctimas de violencia doméstica asesinadas, reconoce las profundas heridas que causa, especialmente, en los menores.

Los hijos de víctimas de violencia doméstica, entre las edades de uno a cinco años, no tan solo tienden a ser agresivos, sino que experimentan problemas del habla y de desarrollo, mencionó.

Los adolescentes, mientras, tienden a ser tímidos, desconfiados y tienen un bajo aprovechamiento académico, mencionó.

La directora instó, al igual que las otras dos entrevistadas, a establecer programas y servicios para familiares de mujeres asesinadas por violencia de género, así como implementar un currículo de perspectiva de género. La violencia de género es un mal que solamente se puede modificar desde la crianza de las generaciones venideras.

 “Las víctimas de violencia doméstica no mueren a manos de una persona desconocida, no mueren por entrar a la calle a actividades ilegales: mueren a manos de seres que quisieron, con quien compartieron su vida y entregaron su intimidad”, introspeccionó la directora ejecutiva.

 “Ellas no esperan ser asesinadas por su esposo”, finalizó.