“Actualmente, los psicólogos y las psicólogas están recibiendo en su oficina la primera generación educada sexualmente por la Internet”, explicó el sexólogo José Osvaldo Reyes Rivera al problematizar el factor de que los adolescentes visualizan a la pornografía como un contenido educativo. 

Asimismo, durante su presentación en la Convención de la Asociación de Psicología de Puerto Rico, destacó que en Puerto Rico hace falta una mayor apertura para conversar sobre el cibersexo y sus efectos en la salud mental. Además, se preguntó si, el aumento del uso de la pornografía, requiere que los profesionales en salud y educación sexual asuman un rol más proactivo en la sociedad. 

Aceptó que, aunque la Internet y las nuevas tecnologías facilitan múltiples aspectos de la vida, hay cierto tipo de contenido que tiene “áreas grises”, que no permiten precisar si son de beneficio para la salud mental, como lo es el cibersexo. 

Describió el cibersexo como el uso de la Internet, ya sea por medio de textos, audios o vídeos, para cualquier actividad relacionada con la sexualidad, citando a la definición del investigador de conducta sexual y cibernética de la Universidad Duquesne, David L. Delmonico.

De manera similar, apuntó a los tipos de usuarios del cibersexo que describe el catedrático en el área de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos de la Universitat Jaume I de Castellón, Rafael Ballester Arnal. 

Existen las personas que no buscan excitación sexual, sino que se conectan a la internet para buscar información sobre el sexo, para adquisición de productos, establecer contactos con trabajadores sexuales, pero no para interactuar sexualmente, sino que para establecer citas.

Por otro lado, está el uso de la Internet para citas o para buscar pareja, y quienes buscan en ella un incremento de actividad sexual, pero actúan en solitario, dedicándose exclusivamente a la descarga del contenido y a ver pornografía

Mientras, también existe la posibilidad de que, a través de la Internet, busquen incrementar la actividad sexual, pero en el contexto de la pareja. Según, Ballester Arnal, estas personas practican la reproducción de fantasías con otros usuarios, encuentros sexuales en tiempo real o el “sexteo”.

¿Cómo el cibersexo pudiese convertirse en una adicción?

Tal como se expone en los estudios de Delmonico, hay cuatro razones por las que una persona puede exponerse excesivamente a la pornografía, expresó.

En primer lugar, está el aislamiento que implica satisfacerse sexualmente con la pornografía, pues ofrece una experiencia íntima sin tener que participar en confrontación social. Por otra parte, provee un anonimato, es decir, uno puede interactuar con el contenido sin ser identificado. 

Estos aspectos, junto al bajo costo, la rapidez y la facilidad con la que se pueden accesar estas plataformas, vuelve a las personas más vulnerables a generar una adicción o un uso incontrolable, admitió.

Comentó que estos factores exponen a las personas a ser más vulnerables a generar una adicción o un uso compulsivo del cibersexo, que provoca problemas laborales, personales y sociales.

Asimismo, destacó que para el 2011, el 13% de todas las búsquedas que se hacían a través de la Internet eran relacionadas a la pornografía. Señaló que en el 2014 esta cifra subió a 35% y hoy se estima que el 40% de todas las búsquedas son para buscar este contenido.

Expuso que las páginas más vistas son Pornhub, Xhamster y Xvideo. En el caso de Pornhub, que es la más vista, en el 2018 por sí sola, recibió 28.5 millones de vistas, lo que equivale a 800 visitas por segundo, comentó Reyes Rivera. Recordó que parte del éxito de estas plataformas es que se ha desarrollado un algoritmo que ayuda al usuario a buscar el contenido más apropiado a su satisfacción sexual basado en sus visitas pasadas. 

¿Qué impacto tiene el cibersexo en la salud mental?

Aunque el experto en salud sexual presentó a la pornografía como un contenido sin connotación positiva ni negativa, alertó de que el impacto de la misma en la vida del usuario depende del uso que este le dé. 

Por esto, Reyes Rivera enfatizó en que hay varias interpretaciones sobre el uso del cibersexo. 

El factor educativo, la facilitación del placer sexual de una manera rápida, la posibilidad de explorar distintos tipos de manifestaciones sexuales y la potenciación del deseo sexual a nivel terapéutico fueron algunos de los beneficios mencionados.

A su vez, recalcó que en el caso de las parejas se ha visto un incremento en la intimidad, facilitación de fantasías y mayor apertura en el diálogo sobre el sexo.

Mientras, la versión negativa indica que este tipo de contenido le da mayor protagonismo al falocentrismo, es decir, la pornografía como un contenido fijado en la satisfacción sexual masculina y la objetificación de la mujer como instrumento sexual. 

Por otro lado, el cibersexo facilita una imagen irreal del sexo, fomenta los estereotipos respecto a las experiencias sexuales, puede exaltar inseguridades corporales o de ejecución y crear expectativas irreales sobre los encuentros de este tipo. Alertó de que muchas personas recurren a la pornografía para evaluar su propia conducta durante sus encuentros sexuales o sus órganos sexuales, una comparación que describió como “errónea y dañina para la salud mental”.

Destacó que uno de los problemas principales de esto, según su experiencia clínica, es la presencia de deseo sexual hipoactivo. Es decir, las personas que hacen uso de la pornografía para satisfacerse y, como consecuencia del uso excesivo, sufren de síntomas de anorgasmia o impotencia sexual en los encuentros sexuales con sus parejas. 

Explicó que no se trata de la anorgasmia, sino que estas personas están “gastando su deseo sexual” en la pornografía. Por ende, cuando van a asumir un encuentro sexual con sus parejas, su líbido no está al mismo nivel.

Asimismo, anunció que para el 2022 entrará en vigencia el reconocimiento del trastorno de conducta sexual compulsiva en el Libro de Organización Mundial de la Salud (ICD por sus siglas en inglés), factor que estimó que pudiese eventualmente afectar al los futuros Manuales de Diagnósticos y Estadísticas de Trastornos Mentales (DSM5 por sus siglas en inglés).