Wilmarys Ruiz Morales cuenta los días, meses y años desde que recibió la noticia de que su mejor amigo había fallecido en un accidente. Un auto impactó la motocicleta en la que él andaba. Murió en el acto hace dos años y seis meses, pero ella siente como si hubiese sido ayer. 

Se le hace difícil superar su ausencia pues “él era un hermano que me regaló la vida. Siempre estábamos juntos”, dijo la joven, quien recibió la trágica noticia a través de una llamada telefónica. 

En ese momento, “tuve muchos sentimientos encontrados. Tenía rabia, tristeza, frustración, desesperación, confusión y un dolor enorme. Sentía como si se me quemara el pecho”, manifestó. Todavía le duele y “aún hay momentos en que rompo en llantos y me pregunto el porqué”.

Según el informe de la Policía de Puerto Rico, de enero a agosto de este año, se han registrado 149 muertes en accidentes fatales. Lo que significa que como Ruiz Morales hay muchas personas que sufren la muerte a destiempo de un ser querido. 

Ángel Rivera Gómez, psicólogo clínico, señaló que enfrentar la muerte de un ser querido es un evento difícil y doloroso, sobre todo, cuando nos toma por sorpresa.

 “Las muertes repentinas siempre causan un impacto emocional fuerte porque la persona no se preparó para esa muerte”, expresó en entrevista con Es Mental

Según el psicólogo, ese tipo de evento es traumático y puede generar un shock emocional a los familiares. 

Y es que, “no es lo mismo cuando nos preparamos para la muerte de un ser querido que cuando es una muerte por a causa de un accidente, suicidio o asesinato”, manifestó, por su parte, la psicóloga clínica, Kevia Calderón.

Ambos especialistas en salud mental coincidieron en que es normal que las personas que reciben la noticia pasen por una etapa de negación, experimenten tristeza, desasosiego y dolor. Incluso, pueden experimentar síntomas físicos, como dolor de cabeza, mareos, falta de apetito, entre otros. 

Además, algunas se niegan a aceptar lo que pasó y “las estructuras de fe se ven trastocadas y pierden fuerza. Las personas se sienten defraudadas por las estructuras de fe”, mencionó Rivera Gómez. 

Según los especialistas, no hay un modo o tiempo determinado para superar una pérdida. “Hay tantos duelos como personas en el mundo”, destacó Calderón, quien resaltó la importancia de buscar ayuda profesional cuando pasa demasiado tiempo y la tristeza profunda persiste ya que, según la especialista en salud mental, “dependiendo de cuán cercana era la persona, el familiar puede desarrollar una condición de salud, como estrés postraumático o depresión”. 

La forma en que el familiar recibe la noticia también influye en su proceso de sanación. “Es terrible que un familiar se entere de la muerte de un ser querido a través de una noticia”, opinó Calderón. 

La doctora entiende que “es recomendable que quien comunique la noticia tenga cercanía a la familia y tenga la sensibilidad adecuada para darla”. 

Por su parte, Rivera Gómez indicó que “la noticia no debe darse por las redes sociales o por aplicaciones de mensajería como Whatsapp. Debe darse en persona y siempre entendiendo los riesgos que se puedan presentar en la otra persona”. Entre esos riesgos, el doctor mencionó el historial de agresividad o de atentados contra su vida que pueda tener el familiar. 

Para evitar estas situaciones, Rivera Gómez recomienda “verificar el estado de vulnerabilidad de la persona que va a recibir la noticia y tomar en cuenta que no esté guiando o expuesta una situación peligrosa”. 

En caso de que la persona entre en un estado de shock o crisis emocional, Rivera Gómez sugirió llamar a una persona de confianza o un profesional que pueda ayudar a estabilizar al familiar. 

El dolor de perder un hijo o un padre

No hay un dolor más grande para un padre o una madre que perder a un hijo y viceversa. 

En una investigación titulada “El significado de perder un hijo: la construcción discursiva del duelo de padres y madres”, el antropólogo español Fernando Estévez González apuntó que “la muerte y la pérdida son experiencias inevitables para el ser humano, y el proceso de duelo es una reacción natural, normal y esperable cuando se produce una pérdida. Mediante él, cada persona experimenta un dolor particular, distinto al de cualquier otro individuo. La pérdida, y en particular la de un hijo, es por definición imprevisible e imposible de anticipar. 

“En el caso de cuando es un hijo el que muere, además del dolor y la tristeza, hay otro tipo de sentimientos como la culpa y la impotencia”, comentó Calderón. 

Por eso, para Rivera Gómez es importante que los padres que pierden algún hijo busquen ayuda y activen su red de apoyo. “Esta red de apoyo son los familiares y amigos. Es importante recibir su apoyo porque después del evento fúnebre todo el mundo se va y [los padres] se quedan abandonados. Y ese primer año de duelo es bien difícil”, aseguró Rivera Gómez. 

Asimismo, hay que buscar ayuda inmediata para los niños que quedan huérfanos. Según Calderón, “muchas veces los niños no entienden que el hecho de que murió (algunos de sus padres o ambos) significa que esa persona ya no va a estar”.

Por eso, ambos especialistas consideran que es importante que los menores reciban la ayuda necesaria e inicien un proceso de sanación que le permita afrontar su nueva realidad. Eso evitará que se vea afectado su desempeño escolar o que desarrollen algún tipo de trastorno mental.