A los 15 años, la consejera licenciada, Leticia López Rodríguez, recibió un diagnóstico de artritis psoriásica. Se encontró con una manifestación severa en la piel, el 75% de su cuerpo lesionado y molestia en las articulaciones.

El impacto emocional no fue solo porque no le gustaba cuando se veía frente al espejo, sino porque no le gustaba cómo las personas reaccionaban a su situación.

López Rodríguez describió la experiencia como una batalla muy fuerte, pero su enfermedad la llevó a su misión de vida. Hizo su tesis doctoral sobre el estudio de tres personas con psoriasis, narrando sus vivencias con la condición y acudiendo a ayuda psicológica, lo que la llevó a encontrar que había una necesidad por un grupo de apoyo. Fue así que formó el primer grupo de apoyo para pacientes de psoriasis en Puerto Rico, denominado la Asociación Puertorriqueña de Ayuda al Paciente de Psoriasis (APAPP). 

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Explicó que ella es una persona completamente distinta antes y después de acudir a ayuda psicológica. Enfatizó en que buscar ayuda fue un paso importante que marcó su vida.

En el caso de López Rodríguez, su grupo de amistades se vio limitado y pocos familiares entendían su situación. Además, esta enfermedad crónica la detuvo de tener muchas experiencias de vida. 

Las personas se quedaban mirándola y se paraban de frente para hablarle mientras observaban la psoriasis en lugar de sus ojos, recordó. 

“Los días que estoy bien en los pies y las articulaciones, mi mayor pesadilla es despertarme un día con una manifestación severa”, expresó al comentar que, a pesar de estar en tratamiento, cualquier alimento, crisis emocional o episodio de ansiedad, pueden provocar un brote.

Según la psicóloga clínica con experiencia atendiendo a pacientes de artritis, tanto jóvenes como adultos, Frances Fernández Lugo, esta enfermedad está asociada a problemas con el estado de ánimo, como la depresión de moderada a severa, perfiles de ansiedad, como trastornos de ataques de pánico. 

Agregó que la enfermedad está relacionada a que las personas que la padecen no quieren salir a la calle porque se acostumbran a tener una vida sedentaria y consideran que las actividades físicas pueden agudizar su dolor. 

López Rodríguez tuvo que abandonar el voleibol y todo deporte de alto impacto o intensidad. Sin embargo, según Fernández Lugo, al abandonarse las actividades que le apasionan la calidad de vida y la salud mental se pueden afectar. Por eso, destacó que no se deben de dejar de hacer estas actividades, sino que modificar la manera en la que las hacen.

Añadió que las sensaciones de dolor afectan el estado de ánimo y les hace cambiar su perspectiva sobre su vida y lo que les espera. 

Las personas con artritis automáticamente piensan que van a tener que pedir pensiones más temprano, que no van a poder ser tan activos y que van a tener que abandonar muchas pasiones, detalló.

Explicó que es muy común que crean que condiciones físicas como estas signifiquen que la posibilidad de desarrollarse profesionalmente, físicamente o personalmente queda limitada.

Mientras, López Rodríguez confesó que tenía rasgos de depresión, una de las condiciones más asociadas al artritis, y también destacó que tener artritis psoriásica obstaculizó la formación de relaciones amorosas. Asimismo, según la Asociación Australiana de Artritis, un tercio de la población con esta enfermedad puede tener depresión clínica y siete de cada diez personas tienen ansiedad.

Comentó que tener la enfermedad la llevó a proyectarse siempre como una amiga ante cualquier persona que le mostrase interés. Admitió que a veces ignoraba las señales de una  persona querer aproximarse a ella de manera amorosa por el miedo de tener que explicarle su enfermedad.

Asimismo, al preguntarle López Rodríguez sobre las afirmaciones de la Asociación Coordinadora Nacional de Artritis en España, que relaciona la artritis con la ruptura de relaciones amorosas, expresó que, según su experiencia tanto la artritis como la psoriasis, pueden provocar un deterioro en las relaciones amorosas. 

Subrayó que hay muchas personas que, en el caso de estar en una relación con una persona apenas diagnosticada con la artritis psoriásica, temen un contagio y se alejan. Sin embargo, las lesiones de la piel en la artritis psoriásica no son contagiosas.

También, en el caso del paciente, destacó que se cohíbe de muchas cosas por el dolor que pudiese sentir. Hizo hincapié en que la mayoría de los pacientes evitan establecer ese tipo de relación y no llegan a tener parejas. 

A través de su trabajo con la comunidad con psoriasis, cuyo 30% tiene artritis según la Fundación Nacional de Psoriasis, explicó que podía constatar características que servían de patrones entre las personas. Destacó que en su mayoría existe una inclinación por aislarse, pues piensan que no valen la pena en la vida o que las personas no los van a querer. 

De manera similar, comentó que, al ser una enfermedad visible, existe discrimen en el ámbito laboral. 

Fernández Lugo enfatizó que es importante buscar ayuda temprana para manejar o canalizar el impacto emocional que traen los cambios que implica la enfermedad. 

Indicó que es importante que las personas con artritis validen sus emociones asociadas con el manejo de esta condición y los cambios de estilo de vida que implica, hagan actividades para canalizar sus emociones cómo escribir y busquen grupos de apoyo y ayuda profesional.