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En Puerto Rico, una gran cantidad de personas padecen de problemas del sueño. Las estadísticas del Departamento de Salud para el año 2021 demuestran que 61,128 pacientes (53.4%) padecían de insomnio. Mientras que la Organización Mundial de la Salud (2022) estable que el insomnio es un problema de salud pública que afecta al 40% de personas en todo el mundo. Por otro lado, de acuerdo con los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, casi un 30% de la población adulta, tanto en Puerto Rico como en Estados Unidos, experimentará en algún momento de su vida un desorden del sueño.

Los CDC destacan que tan solo en el 2020 entre 50 a 70 millones de personas vivían con un trastorno del sueño crónico, y que las mujeres son las más propensas a enfrentar problemas a la hora de conciliar el sueño (un 17% en mujeres en comparación con 11% en hombres).  Además, se ha encontrado relación entre el insomnio y los problemas en las funciones sexuales.

El insomnio se define como una dificultad persistente para iniciar el sueño con insatisfacción en su duración, consolidación o calidad, que ocurre cuando las circunstancias y oportunidades para dormir están dadas, y se acompaña al día siguiente de malestar o deterioro en las funciones sociales, laborales, educativas, académicas, conductuales o en otras áreas importantes de la conducta humana (AASM, 2014).

Las posibles causas que se han investigado pueden ser tanto orgánicas como condiciones ambientales. Las causas comunes del insomnio crónico incluyen las siguientes: el estrés por las preocupaciones por el trabajo, los estudios, la salud, el dinero o la familia pueden mantener la mente activa durante la noche, lo que dificulta dormirse. Los acontecimientos estresantes de la vida, como la muerte o la enfermedad de un ser querido, un divorcio o la pérdida de un trabajo, también pueden derivar en insomnio.

El insomnio es el diagnóstico más prevalente de los trastornos del sueño (Cho & Duffy, 2019). Los síntomas son dificultad iniciando el sueño, mantener el sueño, resistencia en ir a la cama a la hora apropiada, despertar más temprano que lo deseado, entre otros. 

El impacto del insomnio en la sexualidad

Los niveles de testosterona comienzan a incrementar al inicio del sueño y llega a su pico durante los movimientos oculares rápidos (MOR). Al momento de una persona presentar insomnio o presenta un tiempo insuficiente del sueño, puede realizar un efecto adverso a los niveles de testosterona (Cho & Duffy, 2019).

La disfunción sexual en la adultez tardía se relaciona con múltiples factores de riesgos individuales, incluyendo el insomnio (Shigehara et al., 2017; citado en Cho & Duffy, 2019).

Por otro lado, el despertar temprano y/o presentar vigilia durante la segunda parte de la noche, disminuye las concentraciones de testosterona y prolactina (Schmid et al., 2012).

Por otra parte, al identificar estudios con variables relacionadas al sueño, testosterona o sexualidad, se destaca el estudio realizado por Costa et al. (2017). En éste destacaron cómo la dificultad del sueño puede incrementar la excitación sexual, sin embargo, no incrementa la frecuencia sexual. Además, los niveles de testosterona pueden tener un rol activo en la excitación sexual por causa de la dificultad de sueño. 

Los resultados del estudio establecen una relación entre la severidad en la calidad de sueño con mayor excitación sexual, en la población de mujeres y hombres con altos niveles de testosterona. Las personas que no alcanzan el sueño MOR, pueden presentar una alta cantidad de actividad dopaminérgica, lo cual incrementa la excitación. Además, la falta de calidad de sueño reduce las inhibiciones psicológicas (Ferini-Strambi et al., 1996). Sin embargo, los datos no se correlacionan con un aumento en el deseo sexual ni con la frecuencia sexual.

Costa et al (2017), identificaron que las mujeres consumiendo anticonceptivos no se correlacionó la falta de calidad de sueño y la excitación sexual. Los anticonceptivos pueden facilitar el sueño MOR, lo cual alcanza a responder la diferencia entre las mujeres consumiendo los medicamentos, sin importar sus niveles altos o bajos de testosterona. Sin embargo, los resultados se asociaron con pobre calidad de sueño e insatisfacción sexual en mujeres con niveles bajos de testosterona. 

Por otra parte, el estudio de Pires et al. (2017), en la muestra del estudio identificaron que los hombres con disfunción eréctil presentaron síntomas de insomnio (65.5%), lo cual relacionaron la disfunción con problemas de sueño y bajo niveles de testosterona. En otro aspecto, el estudio realizado Kalmbach et al. (2015) identificaron el impacto de los disturbios del sueño en el deseo y respuesta genital con una muestra de 171 mujeres. En el estudio identificaron que ante el aumento de un sueño constante y añadir una hora adicional, aumentó las probabilidades en la actividad sexual en la pareja. 

El trabajo por turnos afecta a diferentes aspectos de la salud como el insomnio y también, el sistema reproductivo, la menstruación, las relaciones sexuales, gestación y los síntomas premenopáusicos. Altera el ritmo circadiano, reduce el nivel de la hormona melatonina alterando la producción de hormonas sexuales y, por lo tanto, pone en peligro la salud reproductiva. Se ha encontrado una posible relación entre el trabajo por turnos y la disminución de la calidad del semen, así como un mayor riesgo de disfunción eréctil y trastornos hormonales.

En diagnósticos crónicos como la fibromialgia son prevalente los trastornos del sueño. Un trastorno de este tipo implica un sueño no reparador que influye en otros ámbitos tales como la propia calidad de vida, la actividad sexual, la fatiga o incluso perturbaciones hormonales y metabólicas (Andrade et al., 2020; Koca et al., 2016; Russell et al., 2018).

Un sueño restaurador fomentará el balance biológico, psicológico, social y sexual. Por tal razón, es importante conocer, individualmente, el reloj interno para realizar cambios que faciliten un balance restaurador. Para una buena higiene recomendamos:

1) Iniciar el descanso y despertar a una misma hora por un periodo de 1 mes o más.

2) Disminuir o remover luces y sonidos innecesarios de la habitación.

3) Evitar la exposición de los dispositivos móviles o el televisor antes de acostarse

4) Intentar comenzar el descanso al primer bostezo, debido que el cuerpo se encuentra disponible para comenzar la higiene de sueño.

5) Disminuir las siestas o que no excedan de 45 minutos.

6) Dormir en una cama cómoda.

7) Disminuir el consumo de líquidos antes de dormir.

8) Evitar comidas abundantes antes de dormir.

9) Realizar actividades de plena conciencia, meditación, actividad de baja energía, leer o escuchar música.

10) Evitar realizar ejercicios de alta intensidad cercano a dormir.

11) Crear un ambiente cómodo en la habitación.

12) Crear su ritual con transiciones para fomentar una buen higiene de sueño.

*El Dr. Cancel Vázquez es psicólogo clínico, sexólogo y co-coordinador del Comité Promoción de Salud Sexual de la Asociación de Psicología de Puerto Rico (CPSS). La Dra. Vega Ríos es psicóloga clínica y miembro del CPSS.