“El juego es el trabajo de la infancia”- Jean Piaget 

Estamos en verano, tiempo idóneo para hacer lo que de ordinario no se puede durante el año escolar. Por ejemplo:  visitar parques, museos, lugares de interés turístico, histórico, playas y reservas naturales. 

El verano es la temporada de proveer a los niños  espacios de diversión. Dentro de la casa, es momento de ser creativos, promover ratos artísticos de creación ya sea con pintura o manualidades, así como poner música para bailar. 

Para algunos padres, madres o encargados, todo lo anterior podría parecer demasiado trabajo. No obstante, deben saber que mientras todas estas actividades se llevan a cabo, lo que se fomenta es el desarrollo mental, físico y emocional del menor.

La diversión es esencial en la vida de los niños y los adultos, comentó Karim J. Torres Sánchez, psicóloga clínica, especialista en niños y adolescentes. Permite la desconexión de tareas, quehaceres y rutina que causan estrés. La diversión y el juego agregan a la vida libertad, relajación, creatividad y disfrute. 

El efecto es similar al de la meditación pues cambia la manera en que el cerebro y la mente operan, mejorando la ejecución, aseguró la experta. 

“El verano es esa oportunidad que tienen los niños para descansar de la rutina de estudios, lecturas, exámenes y las fuertes cargas académicas. Pueden enfocar más tiempo en realizar conexiones sociales, usar la creatividad, compartir en familia y disfrutar de la vida sanamente. La escuela es importante para el desarrollo del conocimiento y el aprendizaje de destrezas, pero hay destrezas esenciales que no pueden adquirirse en un salón de clase”, subrayó. 

El juego ayuda al menor a desarrollar su independencia y su autoestima. Los elementos sensoriales del juego fomentan “conexiones neurológicas y el alambraje necesario para la comprensión y expresión adecuada del lenguaje, la comunicación, socialización, solución de problemas (tanteo y error), hasta la comprensión, expresión y manejo de las emociones.  El juego y sus elementos sensoriales permiten, de igual forma, la segregación de neurotransmisores que producen la sensación de relajación, felicidad, estado de alerta y receptividad”, señaló. 

Mediante la diversión y el juego se desarrollan destrezas socioemocionales y motoras.  También, se desarrolla la creatividad, la comunicación y las funciones cognitivas, como la memoria, la atención, el enfoque, la solución de problemas y procesamiento lógico. 

¿Qué actividades los padres deben procurar hacer con sus hijos en verano?

“Busquemos que nuestros niños realicen actividades recreativas, artísticas(musicales) y culturales, que jueguen en el parque: corriendo, saltando, columpiándose, escalando o cualquier otra actividad física”, destacó.

 La playa, la exploración al jugar con la arena y el agua es excelente para la integración sensorial. 

La psicóloga hizo un llamado a los padres a no salir corriendo cuando los menores se enfanguen o se ensucien. Si están pintando, no poner el grito en el cielo si el niño se sale de la línea. Todo esto va aportando a su independencia y estilo propio, y preferencias.  

De igual forma, un poco de estructura y normativa en algunos juegos es importante para poder enseñarles a seguir instrucciones, compartir, esperar turnos, etcétera. 

Si bien es cierto que el verano flexibiliza los horarios del hogar, la rutina debe existir en algún grado. Por ejemplo, el horario del niño de levantarse, de comer, merendar, de bañarse y de dormir siempre deben estar presentes. 

En el caso de los adolescentes, tienden a dormir más la mañana en verano. En estos casos se recomienda que dos semanas antes del inicio del semestre escolar se ajusten los horarios. En los adolescentes también hay que recordar que deben sacar tiempo para hacer lecturas de verano, si le han sido asignadas. 

El ocio en el semestre escolar…

El ocio durante el semestre dependerá de la carga académica que el niño pueda tener en la escuela en que se encuentra y la disponibilidad del padre, luego de su horario de trabajo para poder facilitarle el proceso recreativo a su hijo o hija. También, es bueno recordar que es bueno que el niño o el joven participe en la selección del deporte de su preferencia.

“Durante el periodo de clase el tiempo de ocio debe ser limitado. Es recomendable que sea luego de que el niño o niña culmine sus labores académicas y tareas del hogar. Puede permitirles un mínimo de dos horas diarias de ocio”, explicó la psicóloga. 

Cuánto tiempo debe destinarse a la tecnología…

Es recomendable que durante la semana los niños no inviertan más de dos horas corridas en el uso de la tecnología. Si los niños culminan todas sus tareas y tienen bastante tiempo disponible de ocio, pueden dividir ese tiempo en alguna actividad recreativa no tecnológica y alguna actividad recreativa tecnológica. Es recomendable que ese tiempo de ocio con algún aparato tecnológico se dé a final del día, antes de bañarse y acostarse a dormir, el tiempo que el padre entienda correcto. Sin embargo, el tiempo no debe exceder dos horas corridas, ni interrumpir las horas destinadas al descanso, ya que al otro día los niños deben continuar con su rutina escolar.  El uso excesivo de la tecnología como medio recreativo puede llevar a problemas en los hábitos de sueño y hábitos alimenticios en los niños.

Sobre este particular, la maestra de nivel elemental, Elizabeth Y. Rivera Vega, dijo que algo muy útil para los padres es preparar una “tabla de recompensas”. 

“Si el menor logra hacer todo lo de la escuela, puede utilizar los electrónicos por cierto tiempos, puede salir a jugar con los amigos o ir al parque.  El tiempo de la tecnología dependerá de la edad y los juegos, ya que vienen algunos juegos educativos que le podemos sacar provecho”, dijo. 

Rivera Vega advirtió que el juego y la diversión son vitales en combatir el sedentarismo, la obesidad infantil y la depresión en menores de edad.