No se puede tapar el sol con una mano. Es evidente que el interés por llevar una alimentación basada en plantas ha experimentado un aumento increíble y, aunque pudiera parecer un punto de inflexión hacia una alimentación más sostenible, hoy ‘Lunes sin carne’ quisiera hablar del aumento de los productos alimentarios con el reclamo vegan.

Están por todas partes. Ya hemos llegado a lo inimaginable: alitas veganas. La demanda hace la oferta, ¿no?

Les compartiré mi opinión.

Aquellos que me leen o que han trabajado un plan de alimentación conmigo saben que soy partidaria de que debemos comer más alimentos de origen vegetal y menos alimentos de origen animal. Lo practico hace muchos años. Soy lo que ahora se conoce como plant forward o flexitarian, un 80% de lo que como es vegetal y el 20% restante se compone de lácteos y algún plato puntual de huevos o pescado. Es más, creo que más de la mitad de los días de la semana llevo una alimentación vegan. Pero da igual cómo se me denomine.

Mirándolo desde el punto de vista nutricional o de la salud, el vegetarianismo industrial no pinta muy bien. Estamos desplazando a los alimentos completos para incluir más productos ultraprocesados elaborados con todo tipo de ingredientes insanos y de baja calidad: aceites refinados, almidón de papá, maltodextrina, almidón modificado, azúcar, sal, etc. 

¿O acaso pensabas que las hamburguesas veganas de las cadenas de fast foods son sanas? Su creciente popularidad nos hace pensar que comiéndolos estamos alejándonos del consumo de comidas de origen animal. Bien, ¿pero estamos acercándonos a comer más vegetales? No. En su lista exhaustiva de ingredientes por ninguna parte vemos que haya zanahorias, ni tomate, ni ningún otro vegetal en su estado natural. Y tampoco son ecológicas. 

¿Un antojo ocasional? Vale, no pasa nada. El problema está cuando permitimos que este tipo de productos sean un componente básico de nuestra alimentación. El efecto nocivo de las alternativas veganas ultraprocesadas es el mismo que el de los ultraprocesados regulares. 

Y así poco a poco vamos perdiendo el criterio. Lo bonito, lo prometedor, sería conocer que cada vez se compran menos productos cárnicos procesados en el supermercado mientras no queda una cosecha de ñame tirada por tierra. Que los sábados saqueamos los mercados locales y no las cadenas internacionales de hipermercados. Pero claro, la industria alimentaria se ha ocupado de ponérnosla fácil. Hoy se puede llevar una alimentación vegana sin preocuparnos por cocinar ni por reeducar nuestro paladar.

Es así como lo demuestro con este ejemplo de un menú 100% vegan. Un menú en el cual lo más cercano a comer legumbres son los chips de garbanzos y lo que más se acerca a comer fruta es la mermelada de fresas.

Desayuno: tostadas con mantequilla de maní y mermelada de fresas orgánica

Merienda: barra de proteína con frutas

Almuerzo: Impossible Burger con vegan provolone

Merienda: Chips de garbanzos

Cena: Alitas veganas con salsa BBQ y arroz de coliflor

Plant Based: se refiere a comer alimentos reales presentes en el mundo vegetal: frutos secos, legumbres, tubérculos, cereales, semillas, frutas, vegetales, hierbas y especias. No a comer alimentos elaborados en una planta. 

Si quieres reducir el consumo de productos de origen animal y comer sano, no cambies el queso por su alternativa vegana, cámbialo por almendras. Que además de aportar calcio y proteína, están repletas de micronutrientes y de fibra. No sustituyas el biftec por una hamburguesa vegano, cámbialo por una ensalada de gandules. Las almendras y los gandules también son vegan.

Somos una comunidad que comparte grandes valores: “por el planeta, por los animales y por la salud”. No nos podemos cegar con tanta porquería que nos ofrece la industria alimentaria, los trucos del marketing y la charlatanería. Así no nos podemos adjudicar valores éticos ni morales.

Tengamos más criterio, por favor.

La autora es nutricionista, dietista, educadora en diabetes y fisiología del ejercicio.