El respaldo y el rechazo en torno al regreso de La Comay a la televisión puertorriqueña a través de TeleOnce refleja lo polarizada que está la sociedad en la isla.

La Comay salió del aire en 2013 cuando reseñó de manera insensible el asesinato del publicista, José Enrique Gómez Saladín, durante el programa SuperExclusivo ­– transmitido por WAPA –. Hasta ese momento, el programa había sido el más visto viernes tras viernes en la televisión puertorriqueña durante 13 años consecutivos.

El regreso del programa a la televisión puertorriqueña ocurre tras terminar súbitamente su transmisión a través de MEGA TV, donde se transmitía desde 2018.

El autor del libro La Comay: una encrucijada para nuestra existencia, Luis Figueroa López, explicó que la audiencia de este programa es, mayormente, conservadora y religiosa.

Aunque los chismes transmitidos durante el programa son contrarios a la ética y a la moral religiosa, las audiencias “negocian” sus valores al sintonizarlo, ya que se  sienten representados con el contenido que transmiten, explicó. Por ejemplo, el programa se ha posicionado como una voz para estos sectores al reseñar temas que les importan y que no son cubiertos por el resto de los medios de comunicación en Puerto Rico.

La búsqueda de representación de estos sectores en La Comay refleja una carencia de entidades políticas o civiles que los represente, agregó el historiador.

“La Comay nos habla de una sociedad que a nivel ético tiene unas fronteras que, con intención o sin intención, se han borrado”, opinó. “Es una sociedad que es muy moral para unas cosas, pero para otras no lo es”.

El psicólogo y catedrático de la Universidad Carlos Albizu, Ramón Rodríguez Montalbán, explicó que los chismes se definen como información incompleta que se comparte entre personas de un mismo grupo para mancillar reputaciones. Los rumores, a diferencia de los chismes, llenan un vacío informativo con información que no se encuentra corroborada del todo. Por lo tanto, su objetivo no es desacreditar.

La secretividad de los chismes también contribuye a que se propaguen con gran rapidez, acotó.

“Como yo tengo una exclusiva o tenga una información que no todo el mundo tiene, eso te da un valor y te da un atractivo ante esa persona que probablemente le gusta estar recibiendo esa información”, ejemplificó.

El psicólogo agregó que, para ciertas personas, los chismes tienden a ser entretenidos.

La autora del artículo académico La Comay: An Examination of the Puerto Rican Comadre as a Feminist Icon, Patriarchal Stereotype, and Television Tabloid Host, Melissa Camacho, explicó que los programas de chismes también son vistos en Estados Unidos y en Latinoamérica.

Por lo general, a estos programas en Estados Unidos se les categoriza como talk shows.

Lo que no es común en el mundo es que los chismes sean dichos por una marioneta, aclaró.  

En Estados Unidos, expresó, los programas de chismes son más cuidadosos con el uso del lenguaje en comparación con Puerto Rico y el resto de Latinoamérica.

“Culturalmente es diferente, en términos de que Puerto Rico tiene su forma de comedia y la de Estados Unidos es otra completamente (distinta)”, explicó la también docente del San Francisco State University. “La forma en la que hablamos acerca de los chismes (en Latinoamérica) es distinta a la forma que se habla en Estados Unidos”.

La docente del Recinto de Bayamón de la Universidad Interamericana, Yadira Nieves Pizarro, explicó que La Comay se ha convertido en parte del folklore puertorriqueño.

Entre las características más distintivas de la muñeca está su moralismo, describió Nieves Pizarro. Este rasgo caló en la audiencia, lo que se sumó a su habilidad narrativa y a las exclusivas a las que tenía acceso – antes de la llegada de las redes sociales –.

Sin embargo, la constancia en la televisión puertorriqueña, expresó, incidió en su éxito durante más de una década.

“Él (Kobbo Santarrosa) ha sido estratégico en la manera de volverse a colocar como un referente en la industria del chisme”, opinó. “Descansa en esa reputación que ha construido durante toda su vida como titiritero y como artista”.

Y es que su estancia en MEGA TV, puntualizó, la montó en “la ola de los medios conservadores”.