En tiempos donde el amor también pasa por una pantalla, el psicólogo David Alcalá, especialista en terapia de pareja, reflexionó sobre cómo los teléfonos móviles y las redes sociales han transformado la forma de relacionarse.

Reconoció que el cambio se ha dado en distintos niveles, desde cómo las personas se conocen hasta cómo sostienen un vínculo. 

Ahora se prefiere más conocer a alguien a través de aplicaciones o redes sociales que en persona. Hay una cierta comodidad en hacerlo de esa manera, sin el estrés de la interacción presencial”, señaló.

Consecuentemente, ha aumentado el número de discusiones por motivos relacionados con redes sociales. 

Lo que postea una pareja puede incomodar a la otra persona. Si no me das un like, me molesto porque se lo diste a alguien más”, comentó.

Esa constante exposición digital, detalló, se ha convertido en fuente de conflictos y rupturas, sobre todo porque muchas personas dedican más tiempo al celular que a su pareja.

Por su parte, María Mercedes Rodríguez Vidal, licenciada en psicología y sexóloga, coincidió en afirmar que la tecnología ha transformado profundamente la forma en que las parejas se vinculan. 

Definitivamente la tecnología, como la conocemos hoy en día, ha tenido un impacto directo y significativo en cómo nos relacionamos como pareja”, afirmó.

Según señaló, este impacto podía ser tanto positivo como negativo. Puede tanto acercar a quienes están lejos, como alejar a quienes están cerca.

Rodríguez Vidal destacó que el problema no recae en la tecnología en sí, sino en el tiempo que se le dedica.

“Cuando nuestra relación pasa a un segundo o tercer plano, priorizando la tecnología, comienzan las dificultades”, dijo. 

Desde su experiencia en consulta, Rodríguez aseguró observar con frecuencia a personas que se sentían ignoradas o desplazadas por la atención que su pareja prestaba al teléfono.

“Puedo comunicarme mejor a través de la tecnología, pero cuando la tengo de frente se me dificulta esa comunicación”, suelen argumentar sus pacientes.

En este marco, Alcalá identificó a la pérdida de tiempo de calidad y la vigilancia constante del otro en redes sociales como los dos conflictos principales.

“Ambas partes están pendientes a lo que hace el otro y le dan más peso a esa interacción digital que a la vida real”, advirtió. 

El resultado, dijo, era una desconexión emocional, pues se cierran los canales de comunicación, se crea frustración, estrés y ansiedad. Como resultado, esta dinámica deteriora la relación.

En otro caso, la especialista explicó que esta desconexión digital podía generar ansiedad, inseguridad y baja autoestima. Las redes sociales, añadió, pueden alimentar comparaciones poco realistas.

“En su mayoría, lo que se publica no necesariamente responde a la realidad del día a día. Eso aumenta la probabilidad de comparación, de sentir culpa o vergüenza porque mi vida no se ve así”, advirtió.

Semejantemente, según un estudio publicado en Computers in Human Behavior que analizó el fenómeno de la technoferencia, es decir, las interrupciones cotidianas provocadas por el uso de dispositivos tecnológicos en la interacción de pareja. La investigación que siguió a 173 parejas durante dos semanas, encontró que los días en que uno de los miembros percibía que su compañero usaba el móvil durante momentos compartidos, ambos reportaban menor satisfacción con la relación, peor estado de ánimo y mayor conflicto. 

Los autores concluyeron que la presencia constante del teléfono puede erosionar la conexión emocional y la comunicación íntima, incluso en parejas funcionales. En otras palabras, la tecnología no solo interrumpe conversaciones, sino también la sensación de estar presentes el uno para el otro.

Para Rodríguez Vidal, una señal clara de alerta es cuando el teléfono se convierte en “una extensión del cuerpo humano”.

“Tenemos más miedo de perder el celular que de perder la cartera”, comentó.

Cuando una persona pasa más tiempo mirando una pantalla que a los ojos de su pareja, dijo, es momento de detenerse y reflexionar sobre el uso problemático de la tecnología.

Consejos para que el tiempo en pantalla no debilite el amor

Entre sus recomendaciones, insistió en la importancia de establecer límites realistas. Propuso delimitar tiempos concretos para el trabajo, la familia, la pareja y el ocio, y reservar espacios sin pantallas.

“Cuando vayamos a cenar, no vamos a mirar el teléfono. No se trata de demonizar la tecnología, sino de priorizar lo que es importante”, sugirió.

Desde la perspectiva de Alcalá, el primer paso para revertir este impacto era reconocer el problema.

“Hay que tener la madurez suficiente para aceptar que esto afecta no solo a la pareja, sino también a la relación y a uno mismo,” dijo.

Recomendó establecer límites claros, como dejar los teléfonos a un lado durante cenas o actividades compartidas, y ver el cambio como un trabajo en equipo, no como una acusación.

Rodríguez consideró que la tecnología no debilitaba el amor, sino que lo transforma.

Cuando se utiliza de manera apropiada, puede fortalecer la relación. Pero cuando olvidamos los detalles que nos hacen presentes, se crean costumbres que lastiman la conexión.” En su visión, el desafío moderno del amor es aprender a estar presentes, incluso en un mundo hiperconectado.

Según Alcalá, la tecnología no ha destruido el amor, pero sí lo ha “redimensionado”. “Lo que queremos romper es ese hábito de tener el teléfono siempre en la mano. Después, cuando haya más control, se pueden usar herramientas digitales para acercarse,” concluyó.