La era de la tecnología intenta cambiarlo todo. Desde la forma de comunicarnos, entretenernos, trabajar y sorprendentemente también como nos sexualizamos. Sin embargo, el COVID-19 nos ha transformado todo nuestro diario vivir.  Sobre todo, la forma y manera que llevamos nuestra sexualidad. Esta encerrona involuntaria afecta directamente nuestro estilo de relaciones en sexualidad, ya se positiva o negativamente.

La acción cibernética más conocida es el “cibersex” o “sexo cibernético”.  La misma consta de diversas habilidades y destrezas a través de una computadora conectada al espacio del internet y por medio de imágenes reproducidas por webcams o cámaras, donde las personas se observan y tienen un sinnúmero de formas para canalizar sus motivaciones y necesidades sexuales. Desde Puerto Rico puede tener sexualidad cibernética con una persona de Hong Kong o una “ciberorgía” con personas de varios países. De igual forma se puede tener contacto con las millonésimas imágenes pornográficas que se encuentran en las páginas electrónicas en toda la avenida cibernética.  

Puedes estar pensando y muy agradecido(a), con el COVID-19, por la oportunidad del tiempo que no tenías antes para desarrollar esa relación cibernética, serias o por pasatiempo, y poder navegar por las avenidas interminables de internet. La ensordecedora alarma de las 8:00 de la noche me cierra las puertas de mi casa para no poder salir. Pero tengo las ventanas abiertas del mundo cibernético.

Las relaciones amorosas cibernéticas están de moda hoy día. Buscar novio(a), amante, sexualidad pasajera, amistades con privilegio o simplemente sexualidad mediante una pequeña camarita es bastante tecnosexual. Sin embargo, estas manifestaciones o ejecuciones tienen sus lados positivos y negativos. Es pertinente discutir estos aspectos dado que muchas personas están lidiando con la perspectiva de cómo resolver sus necesidades sexuales durante la pandemia.

Estas relaciones que se establecen a distancia se han convertido en algo de orden común gracias a los adelantos tecnológicos que nos brinda la era moderna. El internet, la telefonía celular y todo adelanto en telecomunicaciones nos permiten sentirnos más cerca de esa persona amada, sin importar que no nos encontremos en el mismo municipio, ciudad o incluso en países diferentes.  

Actualmente las relaciones a distancia gozan de mucha más comodidad y rapidez, pues ya no está restringido a las personas de clase alta. Ya cualquier persona con o sin tantos recursos monetarios puede estar en contacto con una computadora que se convierte en el vínculo perfecto para enlazarlos(as) con esa personita especial y si contamos con una cámara web, ya no tenemos que conformarnos con una imagen estática, podemos oír esa voz tan ansiada y disfrutar de un momento casi tan cercano a estar frente a frente.

Ahora podemos entrar a la red y establecer conversaciones con personas que se encuentran a kilómetros de distancia y así nuestras posibilidades de encontrar a nuestra otra mitad se han multiplicado exponencialmente. Aunque como toda relación incluye un grado de dificultad, es de suponerse que una relación a distancia tiene su especial peligrosidad. Es necesario establecer que la gente en internet miente descaradamente. Muchísimas personas mienten insolentemente con su aspecto, llegan a pasar fotos que no son suyas o fotos en las que salen extremadamente favorecidas o en una época donde el peso no era problema. 

Las relaciones en internet no son relaciones.  La verdad es que hay miles y miles de historias tristes que evidencian que las relaciones por internet no son humanas, muchas de ellas son fantasías y nunca se conocen.  Se pierde el factor más humano.  No hay tacto, ni caricias, se desperdicia ese elemento humano tan agraciado que nos hace a todos(as) “humanos”.  De otro modo, si una máquina la programaran para hacerse pasar por otra persona, podrías estar un tiempo engañado(a) y haberte enamorado(a) de un ordenador programado.

En internet se pierde sociabilidad y se favorece estar solitario(a). Cuando te acostumbras a relacionarte por internet, tal vez empieces a salir menos porque tus necesidades emocionales de sociabilidad se rellenan falsamente. Al estar aislado(a) se pierde ese factor que es tan importante para nosotros(as): la sociabilidad.

Te puedes creer un(a) superseductor(a) sin serlo, dado que relacionarse en internet es relativamente fácil. Alguien puede empezar a tener citas y creerse un Don Juan. Lo malo es que luego, todo esto pasa factura, cuando comienzas a tener dificultad en llevar una relación de pareja real, dado que todas las relaciones que has tenido han sido por el PC. 

Aunque mucha gente crea que internet conlleva más ventajas que riesgos esto no es así. Usar internet para relaciones amorosas es perjudicial para la vida social, el desarrollo personal y las habilidades sociales. Si alguien no es capaz de enfrentarse al mundo real y superar sus miedos está condenado(a) a vivir en segundo plano y entrar en un fracaso eterno que nunca terminará.

Cumpliendo con las recomendaciones incisivas del distanciamiento social, el internet es un mecanismo idóneo cuando: lo utilizas con individuos que ya conoces personalmente, estas consciente que es un elemento temporal por la situación del COVID-19, el factor de relaciones humanas tiene mucho más valor que simples imágenes con sonido, tú siempre tienes el control, no puede convertirse en una adicción y si utilizas videos debe de ser de películas eróticas y no pornográficas. Recordemos que la sexualidad es una comunicación por medio del placer y las emociones, las cuales no necesitan cables, Wifi,  passwords ni webcams.

El autor es profesor universitario, sexólogo forense y coordinador del Comité Promoción Salud Sexual de la Asociación de Psicología de Puerto Rico.