El embarazo y el posparto son momentos de mucha incertidumbre. Las preocupaciones relacionadas a la salud de bebé, su bienestar, los cambios de vida son todas válidas y esperadas en esta etapa.

Durante el pasado año y medio, todos/as hemos estado viviendo un tiempo lleno de incertidumbre y cambios. Para las personas que se enteraron de su embarazo o estaban por parir y posparto ante tanta incertidumbre relacionada a la salud este ha sido un tiempo sin precedentes. El embarazo se percibe como una experiencia social donde típicamente se desea compartir la noticia con familiares y amistades, realizar un baby shower, recibir visitas y ayuda durante el posparto. Estos eventos “esperados” se vieron afectados para quienes gestaron y parieron durante la pandemia de la COVID-19. ¿De qué manera impactaron estas pérdidas y preocupaciones a la salud mental de las personas gestantes y posparto?

Esta fue de las preguntas principales que unieron a un grupo de investigadoras interesadas en la salud mental perinatal a llevar a cabo un estudio para conocer el estado de salud mental y el impacto que el COVID-19 ha tenido en las personas perinatales en Puerto Rico. A nivel mundial se estima que una de cada cinco personas gestantes puede experimentar síntomas de un desorden mental durante el embarazo y el primer año después del parto. De no tratarse estos síntomas de manera adecuada se pudiera experimentar un impacto adverso en la madre, el desarrollo del bebé y el sistema familiar. En Puerto Rico no tenemos estadísticas publicadas sobre la prevalencia de desordenes de salud mental perinatal. El no conocer sobre las experiencias relacionadas al bienestar emocional de las personas gestantes limita la integración del cuidado de salud mental como parte rutinaria en esta etapa. 

Es importante reconocer que la salud mental perinatal es un problema complejo. Para abordarla necesitamos reconocer los factores fisiológicos, psicológicos, sistémicos y sociales que influyen en el período de gestación, parto y posparto. La salud mental perinatal no sólo responde a los cambios físicos y neurológicos que ocurren durante el embarazo, sino también a la inequidad de género, la violencia obstétrica, las expectativas sociales, el estigma y otros estresores de vida. Las condiciones sociales de las personas gestantes en Puerto Rico pudieran ser un factor de riesgo para desarrollar desordenes mentales durante esta etapa. Para la población puertorriqueña, los últimos años han estado plagados de traumas relacionados con desastres: la Isla fue devastada por dos grandes huracanes en 2017, sufrió una secuencia de terremotos además de una recesión económica y una pandemia de Zika. Durante el pasado año y medio Puerto Rico, como el resto del mundo, ha estado lidiando con la pandemia de COVID-19. La literatura muestra que la adversidad acumulada aumenta el riesgo de condiciones de salud subyacentes, lo que es un peligro adicional ante esta pandemia.

Las mujeres embarazadas y en el posparto son particularmente vulnerables, ya que presentan necesidades únicas que potencialmente no se cumplirán debido al aislamiento social impuesto por esta pandemia. Los aspectos de la atención prenatal, intraparto y posparto pueden verse comprometidos por la falta de recursos disponibles y la accesibilidad. Si bien el distanciamiento físico y social son medidas de salud pública implementadas para desacelerar las infecciones por SARS-CoV-2 y disminuir el peso en los sistemas de atención médica, podría tener consecuencias sin precedentes para las mujeres y las familias. Estas consecuencias podrían incluir: violencia de género y familiar, reducción de los comportamientos preventivos de búsqueda de atención médica, como la atención prenatal y las visitas a bebés sanos, y una exacerbación en la depresión posparto y el aumento de otras complicaciones de salud mental. En entornos hospitalarios, los protocolos nuevos para salas de parto dedicados a mujeres con COVID-19 y restricción de visitas es un ejemplo de cambios inevitables que pueden tener un impacto psicológico en las madres aisladas. La percepción de la madre sobre la calidad de la atención de maternidad y la interacción con sus proveedores, así como la falta de apoyo durante el parto, se ha asociado con experiencias traumáticas de parto. 

El estudio que hemos titulado “Impacto de la pandemia COVID-19 en la Salud Mental de personas gestantes y posparto en Puerto Rico” busca documentar las experiencias de esta población para ayudar a identificar a las personas que necesitan tratamiento, minimizar los riesgos y proporcionar orientación para la mitigación futura frente a otras crisis de salud. Específicamente, nuestro objetivo es evaluar el impacto de la pandemia en la salud mental, así como las medidas de protección de distanciamiento físico en mujeres embarazadas y posparto. 

En enero del 2021 comenzamos entrevistando de manera telefónica a personas voluntarias que han querido compartir sus experiencias de gestación, parto y posparto desde el “lockdown” de marzo 2020 hasta el presente.  Hasta el momento hemos encontrado que las personas entrevistadas muestran altos niveles de angustia relacionados a la pandemia del COVID-19. La información que se puede obtener del estudio de esta población tiene un efecto dominó en el trabajo de múltiples disciplinas, incluyendo OBGYN, pediatras, administradores de hospitales y funcionarios de salud pública. 

Por esto invitamos a todas las personas gestantes y posparto que deseen compartir sus experiencias durante el tiempo de la pandemia para así ayudar en el proceso de identificar necesidades y aportar a la salud mental perinatal en Puerto Rico a participar de este estudio. Los criterios de inclusión para participar son:

  • Estar actualmente embarazada o posparto
  • Haber estado embarazada o posparto durante el periodo del
  • aislamiento físico (desde 17 de marzo 2020)
  • Haber cumplido 15 años o más con tutor legal para consentir luego
  • de los 21 años
  • Tener medios de comunicación telefónica

Puedes contactarnos vía email a smp.pr.upr@gmail.com o teléfono al 787-758-2525 ext 3431.

* La autora es psicóloga clínica y directora del Centro de Salud Mental Perinatal de Puerto Rico.