Desde que el 25 de noviembre del año pasado la colega y amiga Omaya Sosa Pascual me invitó a esculpir en columnas mi proceso de cáncer colorrectal, siempre estuve seguro de que iba a sobrellevar y dominar este proceso médico. Y así será.

Y también se acerca más el momento de tocar la campana como señal de victoria por estar libre de cáncer, tal y como lo proyecté en mi primera columna Voy a tocar la campana.

 

¿Por qué lo digo y lo afirmo? Pues porque a pesar de que aún no me han confirmado que estoy sano, aunque yo físicamente y mentalmente estoy seguro de que sí, el 4 de junio mi cirujano colorrectal Nicolás López me operará para remover toda área afectada por el tumor de cuatro centímetros localizado en mi recto en aquella colonoscopía inicial, a principios de noviembre. Tras una colonoscopía y MRI más reciente, lo único que queda en esa área afectada, según López, es un tipo de úlcera.

«No se ve una masa en el recto»; «Claramente se ve la mejoría»; y «Los nódulos linfáticos han bajado de tamaño», fueron algunas de las palabras que Dr. López que me dijo en mi última cita con él.

Jorge Muñiz en una de sus sesiones de tratamiento en el hospital Auxilio Mutuo. (Suministrada)

Todas estas afirmaciones las atribuyo el apoyo y oraciones de toda mi familia, amigos, amistades, extraños y el equipo de médicos y enfermeras del Hospital Auxilio Mutuo que me han tratado en estos seis meses, 28 radioterapias y seis rondas de quimioterapia.

Podríamos decir que prácticamente el tumor ha desaparecido del área afectada. Sin embargo, la confirmación de esto se hará mediante una patología el mismo día de la operación para remover los residuos de las células cancerosas y dicha cirugía irá acompañada de una colostomía.

Una colostomía es un procedimiento quirúrgico a través del cual se desvía el tránsito intestinal hacia el exterior del cuerpo, en este caso, a una bolsa a la que llegan las heces, con el objetivo de evitar complicaciones en la zona que acaba de ser operada. Existen dos tipos de colostomía: temporera o permanente. La mía será permanente. Sí, hasta que dé mi último respiro en esta vida terrenal.

La decisión del cirujano de no hacerme la colostomía temporera es porque como el área no se ve completamente sana, según las imágenes y lectura de la última colonoscopía, y porque existe una posibilidad de que queden células cancerosas que podrían provocar que el tumor se regenere y sea más agresivo en un futuro.

El tiempo de recuperación en el hospital será de entre 4 y 7 días. Según el cirujano y por conocer cómo he podido superar todo este proceso, él cree que yo podría estar fuera del hospital en tres días. Vamos a ver si acerta.

En el hospital, de igual manera, me enseñarán a cómo utilizar la bolsita para hacer «número 2». De lo poco que he leído al momento, sé que esas bolsitas se pueden cambiar a diario y hasta vienen bolsitas con olores.

El camino a tocar la campana

Mientras comenzó la espera por la colostomía, se acabaron las quimioterapias. Y con esta prueba superada, se acabaron las madrugadas para levantarme -algo que ya es usual en mí- e ir a hacer una fila en el Auxilio Mutuo para subir a la oficina del oncólogo para recibir la quimioterapia. En ese bulto siempre cargué una frisa, un abrigo y guantes para el nórdico frío que provocaban los medicamentos que recibía durante la quimioterapia y un iPad para ver películas o series en Netflix.

Con el fin de las quimioterapias, también se acabaron las náuseas al menos a unos  cuatro días de que me desconectaran la bombita de Fluorouracilo -comúnmente conocido como 5FU-, el mal sabor a metal en la boca, la inquietud de sentir «alfileres» en la garganta al tragar algo frío, el cuerpo cansado y «tumbao» durante varios días, y hasta un cambio de actitud y semblante un poco malcriao que me habían provocado.

Un efecto secundario que me dio en la última quimioterapia fue neuropatía en las manos, que es pérdida de sensibilidad o adormecimiento en algún extremo de tu cuerpo, que pueden ser las manos y los pies. Esta neuropatía me causó que no pudiera agarrar cosas frías de la nevera o «freezer».

El que ha tenido todos estos síntomas, sabe de lo que hablo. El que no, ojalá nunca tenga que vivirlo. Esto no se lo deseo a nadie, ni a mi peor enemigo. Los únicos efectos secundarios que nunca sufrí fueron: caída de cabello, vómitos ni diarreas.

Siento que he sido más que bendecido en estos seis meses de tratamiento. ¡Seis meses! ¿Quién diría que se fueron seis meses así de rápido? Aún recuerdo el día de la primera colonoscopía, la primera visita al oncólogo, radio-oncólogo y cirujano colorrectal, la primera radioterapia y la primera quimioterapia.

El proceso y camino ha sido estrepitoso, pero siempre con la cabeza en alto y victorioso. Jamás pensé en que me iba a morir, sino que, por mi manera de ser -un competidor y guerrero- iba a dominar al intruso.

Dicho todo esto: amigo lector y amiga lectora, pronto se viene una nueva historia y una nueva columna relatando mi nuevo estilo de vida con la colostomía y cómo logré tocar la campana junto a los míos. Mente sana, cuerpo sano.

*Jorge Muñiz es periodista y paciente de cáncer colorrectal.Para cualquier duda, pregunta, recomendación o consejo, pueden escribirle a jjmunizortiz@gmail.com.