(Foto: Dennis Rivera Pichardo)

Para entender el estado mental de los residentes de los pueblos del sur de Puerto Rico afectados por los movimientos sísmicos basta con hacer un simple ejercicio. El primer paso es remontarse a la noche del 20 de septiembre de 2017, cuando los vientos y la lluvia del poderoso huracán María hicieron su entrada como lobo en la noche y destruyeron al país. El segundo paso es multiplicar todos los efectos que tuvo la entrada del huracán en la psiquis colectiva de los puertorriqueños por todas las noches que, desde la madrugada del 7 de enero, han pasado a la intemperie o en refugios los más de 4,000 desplazados por los movimientos de la Tierra. 

Esta multiplicación sirve para tener una idea de la gravedad del estrés, la angustia, la impotencia, la frustración, mezclados con insomnio, pobres condiciones de aseo y alimentación que abaten a los perjudicados directos en Guánica, Guayanilla, Yauco, Lajas, y Peñuelas.  

De esta forma es que la psicóloga clínica, Gilda Rodríguez Díaz, directora del Programa de Adiestramiento Clínico de la Universidad Carlos Albizu, que cuenta con experiencia en manejo de desastres, describe el “estrés crónico traumático” en dicha zona. Así lo ha percibido desde que comenzó a llevar brigadas de auxilio psicológico a la región desde el gran temblor del 7 de enero magnitud 6.4.  

“El plan debe ser atender las necesidades de estas personas fuera del área. Al estar todo el tiempo temblando, tienen su alarma encendida, su sistema neurofisiológico, el cerebro está encendido en un estado de supervivencia que los lleva a un trauma crónico y repetitivo cada vez que tiembla. Los movimientos de la tierra se agudizan acompañados de factores como la privación de sueño, las limitaciones del refugio, falta de electricidad, agua potable y las noches se convierten en ese momento del día en que se reactivan las memorias traumáticas y los niveles de estrés escalan», explicó a base de lo que ha observado en la comunidad La Esperanza, en Guánica. 

“La exposición al trauma constante es muy preocupante. El nivel de ansiedad va en aumento. En el área hay un batallón de médicos entregando recetas de ansiolíticos y psicólogos sirviendo de voluntarios, son muchos los recursos que están desplegados para atender a los perjudicados pero se trata de todos los días intentar coser una herida que con cada movimiento de tierra se vuelve a abrir», precisó el doctor Domingo Márquez, psicólogo clínico y facultativo de la Universidad Carlos Albizu

La gravedad del trauma y el pobre estado emocional es que ya no solo toca a las víctimas directas de los temblores, sino también a las víctimas indirectas, es decir aquellos que han llegado a la zona a ayudar.  

“Hoy – martes 14 de enero – vi  muchos rescatistas y voluntarios expuestos, quemados, con voz entrecortada, ansiedad incontrolable, con cansancio extremo. Tuvimos que brindar servicios sicológicos a los afectados y a los coordinadores de ayuda”, dijo Márquez. 

El estrés traumático del que hablan tanto Rodríguez como Márquez no solo se refiere a aquellas personas que están refugiadas sino también a personas que viven en la región, en comunidades de acceso controlado, cuyas residencias no lucen enormes grietas, pero que el miedo simplemente los ha movido a hacer su vida en los patios, terrazas y zonas al aire libre en donde colocan sus casetas de campaña o en el interior de sus automóviles. Es decir, que el estrés crónico traumático ha afectado a personas de todos los niveles y clases sociales.

La movilización

La psicóloga Rodríguez indicó que debe hacerse un esfuerzo multidisciplinario “con sensibilidad, dignidad y justicia social” por mover a las personas a otros lugares fuera de los movimientos telúricos fuertes. 

“Tendría que ser moverlos en comunidad, no individualmente”, precisó.  

Márquez agregó que “no hay plan de terremoto, estamos viendo una semana en tardanza para responder”. 

De lo que ha observado, muchos afectados se quieren ir de la zona a otros pueblos, otros se quieren ir del país. 

“Pero, en este punto, no es un asunto de preferencia, a las personas a las personas en campamentos hay que moverlos allí, si no los mueven y viene un terremoto más grande, sería nefasto. ¿Por qué no los mueven a San Juan, al Centro de Convenciones, como se hizo con los refugiados de Islas Vírgenes? El Centro de Convenciones puede servir muy bien para estos propósitos”, planteó. 

“No sabemos si viene un terremoto más fuerte que el anterior, la movilización es la recomendación desde una óptica de política pública. El desalojo se hace mostrando liderato y una capacidad sólida de persuadir con argumentos claros el porqué es más conveniente salirse de esa área. Es normal que las personas no se quieran ir a otro lugar, pero hay que explicarles claramente y poderles asegurar de mano de las agencias del orden público que sus casas no serán saqueadas, que es otra preocupación muy presente. La gente no se quiere ir porque no hay un liderato en el que confíe”, planteó el experimentado geomorfólogo, José Molinelli Freytes. 

Este hizo hincapié en que el gobierno está tratando la situación como un huracán que pasó, en lugar de un evento que no ha acabado.  

Molinelli Freytes advirtió que las aglomeraciones de personas que están llevando ayuda, así como las congestiones de tránsito, en vías de rodaje donde está habiendo desprendimientos, pueden perjudicar las rutas de emergencias en caso de registrase un terremoto mayor. 

Lo que hay que hacer es desalojar y llevar un manejo seguro, el manejo actual por parte del gobierno es como si este evento hubiera acabado. Como país nos tenemos que preparar. La ciudadanía debe entender que esto es parte de procesos naturales que han configurado la tierra puertorriqueña por años. No se puede construir en zonas de tsunamis y se tiene que construir bien. Esto no ha acabado”, subrayó Molinelli Freytes.

La recomendación de los tres expertos entrevistados para esta historia contrasta con la posición expresada el pasado domingo por la gobernadora Wanda Vázquez Garced, quien descartó de plano el realojo. La Primera Mandataria aseguró que los afectados no se quieren ir de la zona. Tras reunirse con los alcaldes de Guánica, Guayanilla, Yauco, Peñuelas, Ponce y Utuado, dijo que los refugiados “quieren estar allí. Vamos a trabajar con los alcaldes para asegurarnos que tengan los suministros. Tenemos que manejar esta crisis con humanidad”. 

“Yo no puedo coger a una madre con sus cinco hijos, montarla en una guagua y llevarla a San Juan, a Toa Baja, a Salinas. Porque aquí, donde ella está en la carpa tiene a su familia, a su abuela, a las personas de apoyo. Tiene su propiedad. Tenemos que ser conscientes de esto. No estén atentos a todos los expertos que hablan en las redes sin saber lo que sienten (los refugiados): no ha habido un solo refugiado que diga que quiere mudarse para otro sitio”, dijo Vázquez en conferencia de prensa. 

Por venir consecuencias indirectas graves 

Si no se maneja la situación de forma correcta el doctor Márquez anticipa posibles brotes de virus, gastroenteritis y asuntos de salud. El experto, que colaboró con la Universidad de Harvard, en el estudio que las muertes del huracán María en más de  4 mil, aseguró que habrá muertes indirectas y muchas.  

“Hay viejitos que se suponen que estén encamados con aire acondicionado, en un carro sentados con calor sin tomarse las medicinas. Los hogares están devolviendo los ancianos a los familiares. Los negocios no están operando en horarios regulares por lo que la gente está perdiendo trabajo. Vimos a un joven con ideas suicidas porque su trabajo cerró y no podría generar el dinero para sustentar a su familia. Claro que va a haber muertes y mucho sufrimiento, problemas cardiacos, problemas de ansiedad, niños expuestos a trastornos con pesadillas. Tiene que haber un cambio de cultura en cuanto a los terremotos pues vivimos en una isla activa”, sentenció Márquez. 

Mencionó que en Japón hay aplicaciones móviles desarrolladas en las que se le avisa a la ciudadanía varios segundos antes del movimiento sísmico. En el renglón de la construcción comentó que hay materiales flexibles resistentes a sismos. 

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