“La violencia no solo es la parte física o emocional, es limitar el uso de su disponibilidad económica y obstaculizar su libertad de expresión al gastar”.

Así lo aseguró la psicóloga clínica Yanci Torres Jiménez, quien clasificó los abusos económicos dentro de una pareja como un tipo de violencia doméstica.

 

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Mientras, la consejera psicológica Gretchen Nicole Casillas Canales identificó al abuso económico como violencia de género, dado a la definición que provee la Asociación Americana de Psicología.

Sin embargo, ambas coincidieron en categorizar a la agresión monetaria como parte de la rueda de violencia y control.

De igual manera, Casillas Canales explicó que el agresor puede gastar de más, mientras la familia pasa necesidades y carecen de artículos de necesidad básica.

Recalcó que hay pocas investigaciones que ayuden a los profesionales de salud a poder identificar con claridad la particularidad de la manifestación del abuso económico en una pareja.

“Sería útil proveer esa información para facilitar el poder buscar ayuda y tomar decisiones. Generalmente estas personas boicotean tu formación profesional, te exigen cuentas juntas, gastan abusivamente el dinero, hacen compromiso financiero sin el consentimiento de la pareja”, denunció la también enfermera.

Describió que en Puerto Rico, dado a que la participación laboral consiste mayormente en hombres, las mujeres son más susceptibles a crear dependencia económica.

Por su parte, Torres Jiménez, a pesar de reconocer que es más común que las mujeres sean las víctimas, aseguró que el agresor puede ser de cualquier género.

Según el informe de Participación de la mujer en la fuerza laboral del año 2020, las mujeres en Puerto Rico que sostenían puestos gerenciales y administrativos representaban el 11.9 por ciento en el 2019. Sin embargo, determinó que el 69.1 por ciento de las mujeres empleadas en el mismo año contaban con un máximo de un año o más de estudios postsecundarios y que los hombres sostenían una mayor tasa de desempleo por sexo.

De igual manera, Casillas Canales mencionó la diferencia salarial entre ambos géneros como uno de los factores que inducen la cantidad de mujeres que sufren de abusos por dependencias económicas.

Torres Jiménez especificó que la violencia doméstica en Puerto Rico se da más del hombre hacia la mujer por factores sociales y disciplinas culturales.

Comentó que, a pesar de que aún hay personas que no practican la equidad dentro de sus relaciones amorosas, hay una nueva generación que “está despertando el cambio necesario”.

Torres Jiménez destacó que el abuso puede comenzar a presentarse desde temprano en la relación, debido a que a menudo viene acompañado por otros tipos de agresiones.

Pedir explicaciones de los gastos, ingresos, inversiones, propiedades, cuentas bancarias y terrenos figuraron entre los comportamientos a los que se debe estar alerta, según la experta en bienestar emocional.

“Llegas de hacer compras y te encuentras escondiendo los recibos, el agresor maneja todo el dinero, pero tú tienes un vacío de información sobre sus acciones”, puntualizó al advertir que se debe estar atento a las señales.

A su vez, Casillas Canales advirtió que el agresor es manipulador y prohíbe que la víctima se relacione con otros para que no tengan conocimiento del abuso.

Repercusiones tanto individuales como comunales

De acuerdo con la psicóloga Torres Jiménez, de querer dialogar y trabajar la situación, se debe de exponer el problema y preguntarle al agresor cómo se puede llevar una relación de igualdad donde ambos puedan participar de manera equitativa de la parte monetaria.

No obstante, precisó que de no resolverse, en algunos casos, ninguna persona tolera ser parte de una relación protagonizada por una lucha de control. Por esto, analizó que, según su experiencia, muchos casos terminan en divorcio o separación.

“A nivel individual la persona que se expone comienza a tener unas carencias económicas por entender que no tiene la capacidad para manejar el dinero. Puede resultar en sufrimiento, tener poca seguridad en sí misma y confianza, baja autoestima, trastornos mentales como la depresión o ansiedad y otras distorsiones que evidencian el trauma”, identificó al detallar las repercusiones de no culminar una relación abusiva.

Por su parte, Casillas Canales aseguró que la víctima suele acabar completamente aislada porque su socialización posibilita el que pueda buscar ayuda.

La especialista en salud mental articuló que, en algunos casos, existen amenazas dentro de los intercambios entre víctima y agresor.

Casillas Canales indicó que, “casi siempre”, la conminación consiste en los hijos y los posibles problemas que pudiesen enfrentar al explicarle a un tribunal que se tiene la solvencia económica para ser independiente.

Consecuentemente, dijo que los hijos también pueden convertirse en víctimas en el proceso.

“Se deben de hacer políticas públicas que ayuden a que la minimización de la mujer y la visión patriarcal no se perpetúe”, concluyó Casillas Canales.