La falta de comunicación por no estar acostumbrados o por no dominar la telemedicina podría agudizar ciertas enfermedades crónicas por causa del cierre de oficinas médicas en Puerto Rico a raíz de las medidas de distanciamiento social implementadas ante la pandemia del COVID-19, en especial, en adultos mayores, según expertos entrevistados por Es Mental. 

Los procedimientos rutinarios como tocar partes del cuerpo que necesiten ser examinadas en los pacientes con enfermedades crónicas, también se han imposibilitado así como las cirugías electivas que al momento llevan más de un mes suspendidas por orden ejecutiva.

“Los pacientes tu los puedes manejar bien en las oficinas mientras les puedas proveer medicamentos y reciban la atención [médica] necesaria”, expresó el presidente de la Fundación Médica del Colegio de Médicos-Cirujanos de Puerto Rico, el Dr. Domingo L. Caceres Ortiz. 

“Con esta nueva modalidad, (…) la mayoría de los pacientes de 70 años en adelante no entienden esto y están solos”, puntualizó

En el segmento de las personas de 65 años o más en Puerto Rico  sólo un 29% de las personas utilizan el internet, según un estudio publicado por la Asociación de Ejecutivos de Ventas y de Mercadeo de Puerto Rico en 2017.Entre las personas de 55 a 64 años la cifra incrementa a 46%, pero aún es limitado, añade el estudio. 

El doctor en medicina de familia sostuvo que desde que comenzaron las medidas de distanciamiento social no ha logrado contactarse con varios de sus pacientes, ni siquiera por teléfono. 

La falta de comunicación entre los médicos y los pacientes no tan solo se debe al poco dominio de las herramientas tecnológicas, sino a que muchos adultos mayores se encuentran acostumbrados al contacto directo y al calor humano, acotó. 

A un paciente tu lo tienes que tocar

“El problema de la telemedicina es que te puedo ver, si es que estoy utilizando la computadora, pero no es lo mismo porque a un paciente tu lo tienes que tocar y tienes que hablar directamente con él”, explicó. 

“Jamás ni nunca puedes sustituir la mano de un médico”, agregó

En conjunto, todos estos factores podrían ocasionar “un rebote de enfermedades crónicas”, advirtió el presidente del Colegio de Médicos-Cirujanos de Puerto Rico, Víctor M. Ramos Otero. 

“En [el huracán] María, más de la mitad de las muertes fueron por deterioros de las condiciones crónicas de los pacientes”, recordó Ramos Otero.  

“Esto ahora puede ser peor porque en María los hospitales estaban llenos excepto los que habían sufrido algún daño estructural, ahora la gente puede estar deteriorándose en sus casas”, indicó 

Las enfermedades crónicas son la principal causa de muerte en Puerto Rico , según un estudio llevado a cabo en el 2014 por la División de Prevención y Control de Enfermedades Crónicas de Puerto Rico del Departamento de Salud. Según determinó, las principales causas de muerte y de discapacidad son la diabetes, la artritis, la enfermedad de Alzheimer, el asma y el cáncer, y los adultos mayores tienen una mayor tasa de morbilidad y mortalidad que el resto de la población. 

“La gente se está quedando en sus casas y no se está comunicando con sus médicos”, expresó Ramos Otero. 

Lecciones del huracán María

Una lección aprendida consta entre los pacientes de diálisis en Puerto Rico tras el huracán María en 2017. Antes de dicho desastre habían 6,013 pacientes de diálisis registrados en la Isla  y la cifra se redujo a 5,928 por muertes ocasionadas por racionamientos de diálisis o interrupciones prolongadas de sus tratamientos, según una investigación del Centro de Periodismo Investigativo.

En aquel entonces, los retos que enfrentó esta población para comunicarse con sus médicos o centros de diálisis aunque más dramáticos jugaron un rol decisivo  en muchas de las muertes. 

Luego de esa experiencia, la directora del Consejo Renal de Puerto Rico, Angela Díaz, expresó que muchos pacientes han aprendido a utilizar las herramientas de la telemedicina.

“Esta no es la primera emergencia que vivimos en Puerto Rico”, dijo. 

“Nosotros tuvimos que buscar alternativas para nuestros pacientes y una de las alternativas fue que pudieran comunicarse con sus médicos, al menos, de manera electrónica”,explicó. 

Lo que logró que la población de pacientes renales en la Isla dominase las herramientas de la medicina fue un arduo proceso de educación que varias organizaciones sin fines de lucro coordinaron, contó. 

“Se requiere, al mismo tiempo que se esté implementando [la telemedicina,] un acercamiento educativo a la población en términos de todo lo que les asiste o todo lo que pueden lograr”, recomendó Díaz. “Es un proceso constante de educación, educación, educación”, concluyó