La época navideña no es celebrada igual por todas las personas. Mientras algunos comparten regalos, mesas llenas de comida y música en familia, otras culturas, religiones o individuos en general no conmemoran la ocasión. Por eso, es importante entender que la Navidad puede tener diferentes significados. Pero, sobre todo, aspirar a espacios de inclusión, tolerancia y empatía, en los cuales se respeten las diversidades, coinciden los entrevistados. 

La temporada de fiestas no es homogénea y no todos y todas la celebran de forma similar, pues las tradiciones varían. En este periodo existen celebraciones como Hanukkah para comunidades judías, el solsticio de invierno o Yule, entre los paganos y otras religiones o personas que simplemente no la celebran. 

Explica el doctor Héctor Concepción, psicólogo clínico, que, aunque esta época suele estar representada por orígenes religiosos, dentro de un mismo contexto cultural, existen variaciones en el significado y tradiciones que distinguen a la misma. Así que, promover el respeto a la diversidad es clave para fortalecer lazos familiares y de comunidad, “permitiendo que todos y todas las personas sientan que ocupan un espacio y pertenecen”, dijo.

Por su parte, la doctora Migna Rivera García, directora programa consejería psicológica de la Universidad Albizu, recordó que en este momento analizar temas de diversidad, equidad e inclusión se encuentran en disputa ante el panorama político actual, tanto a nivel federal como nacional. Se observa, asimismo, una limitación de derechos humanos en grupos históricamente vulnerados; situación que se normaliza a través de las políticas públicas que reproducen desigualdades y mantienen estructuras de poder excluyentes. 

Por tanto, durante estas fechas, este escenario puede afectar las relaciones interpersonales y los procesos de comunicación, haciendo aún más importante el reconocimiento del pluralismo como camino hacia la convivencia respetuosa, en los espacios sociales que interaccionamos, como la familia. 

La época navideña reúne a la familia y amigos con ideas diferentes sobre sus creencias o incluso no creer; y esto puede generar tensiones. Un punto de partida es reconocer que no todas las personas viven la Navidad de la misma forma”, resaltó.

“Entender que cada persona vive la Navidad de manera distinta reduce la presión y las tensiones”, continuó.

Aseguró que, otra forma de manejar los conflictos familiares es emplear destrezas socioemocionales, como la comunicación asertiva y la escucha activa, esto cuando las personas hablan sobre el significado de la época.

De igual forma, la Navidad suele estar cargada de significados emocionales, tradiciones y expectativas, recordó la licenciada Daniela Trabal, consejera psicológica y estudiante doctoral.

Así que, el respeto a la diversidad de creencias ayuda a recordar que no todas las personas viven estas fechas de la misma manera y que eso no las hace menos válidas, exhortó. 

Un primer paso importante, dijo, es reconocer que no siempre es necesario estar de acuerdo para convivir en paz. Es decir, se puede escuchar sin intentar convencer. También, establecer límites claros y respetuosos. Enfocarse, sobre todo, en valores compartidos como: el cariño, la unión o el respeto.

En conflictos familiares se debe entender que no todo desacuerdo necesita resolverse, señaló el doctor Manuel Meléndez Vázquez, psicólogo clínico.

“La Navidad no tiene que ser un campo de batalla ideológico para ser significativa. […] Elegir el silencio consciente, cambiar de tema o retirarse a tiempo también es autocuidado”, sostuvo.

Los niños y jóvenes, mencionó, por ejemplo, construyen su autoestima a partir del mensaje que reciben: entre si “pertenezco” o “encajo o no encajo”. Entonces, cuando se sienten incluidos, desarrollan seguridad, confianza y sentido de valor. 

Por el contrario, al ser excluidos por cómo piensan, creen o sienten pueden experimentar vergüenza, confusión o rechazo hacia sí mismos. Estas experiencias, aunque parezcan pequeñas, dejan huellas emocionales que pueden extenderse más allá de la época, aconsejó el doctor Meléndez. 

El doctor Concepción recomendó validar las emociones y creencias del niño y el adolescente teniendo en cuenta su perspectiva, deseos, afinidades y creencias sobre las festividades.

Es fundamental que puedan hablar sobre lo que creen o no creen, sin miedo a ser juzgados por las personas adultas”, planteó por su parte la doctora Rivera García.

Asimismo, las actividades compartidas fortalecen los vínculos familiares y generan bienestar emocional en las niñeces y juventudes, agregó.

Finalmente, coincidieron en promover una temporada de tolerancia, respeto y empatía a través de destrezas socioemocionales como la comunicación efectiva y la autorregulación emocional (que ayuda a reconocer emociones intensas y hacer uso de estrategias como respirar profundamente).

Aprender a pausar antes de reaccionar y recordar que cada persona tiene una historia distinta, ya que esta ayuda a responder con más humanidad. 

Para practicar la empatía se necesita poner en el lugar de la otra persona, validar sus emociones y ser pacientes. Mientras que, para emplear la tolerancia, es necesario aceptar y respetar que otras personas piensen, crean o vivan diferente, sin juzgar. 

Es recomendable buscar apoyo cuando la persona experimenta tristeza persistente, ansiedad intensa, conflictos constantes, sensación de soledad, o cuando las celebraciones activan pérdidas, duelos o recuerdos dolorosos. También cuando las tensiones familiares afectan el bienestar emocional. Pedir ayuda no es una señal de debilidad, sino de autocuidado y conciencia emocional”, finalizó Trabal.