Diversos hábitos cotidianos pueden servir de escudos protectores del cerebro en la prevención del deterioro de la memoria y la capacidad cognitiva. Ponerlos en práctica desde edades tempranas podría hacer la diferencia en la prevención de la demencia y la enfermedad de Alzheimer.
Aproximadamente 6.9 millones de estadounidenses de 65 años o más viven con la enfermedad de Alzheimer, y se proyecta que esta cifra casi se duplicará, alcanzando los 13 millones para 2050.
Mientras que 200 mil personas, menores de 65 años, han sido diagnosticadas con alzhéimer de inicio temprano. Cifras que destacan la creciente prevalencia del alzhéimer y la necesidad de esfuerzos colectivos en su prevención y manejo, enfatizó la doctora Saidy A. Salem Hernández, psiquiatra general, fellowship en neuropsiquiatría y neurología cognitiva.
La psiquiatra explicó que los escudos protectores son factores relacionados con el estilo de vida, que ayudan a preservar la salud cerebral y reducir el riesgo de desarrollar trastornos neurocognitivos (demencias), como el alzhéimer, la demencia vascular, entre otros.
Estos van desde el ejercicio físico, la estimulación cognitiva, una alimentación balanceada hasta el control de enfermedades crónicas, un buen patrón de sueño, manejo del estrés, evitar sustancias recreacionales (como el alcohol y las drogas) y fomentar la socialización, mencionó Salem Hernández.
Detalló, por ejemplo, que la estimulación mental puede fomentarse mediante actividades, como rompecabezas, crucigramas, sudoku; aprender algo nuevo, leer y hasta socializar, actividad que también protege el cerebro del deterioro cognitivo.
Realizar actividades físicas, además, son esenciales para el cerebro. Se sabe que, al menos 150 minutos semanales de ejercicios aeróbicos, como caminar o nadar, complementados con entrenamiento de fuerza como pesas.
“Siempre digo que la mente necesita ejercitarse igual que el cuerpo”, sostuvo la doctora.
Otros escudos protectores
Por su parte, la doctora Ana Gratacós, directora de Dementia Friends Puerto Rico, comentó que la alimentación es un escudo esencial y se recomienda una dieta mediterránea o la dieta MIND (dieta mediterránea de intervención para el retraso neurodegenerativo), “que se basa mayormente en pescado, vegetales, fruta y aquí en Puerto Rico que tenemos tantos pescados frescos y se cultivan frutas de todas clases”, sostuvo.
“El chocolate oscuro también es parte de la dieta y nosotros, en Adjuntas, producimos un buen chocolate oscuro”, agregó.
“Según la Alzheimer’s Association, la obesidad también es otro factor de riesgo para muchísimas enfermedades como la diabetes o la hipertensión. Sobre todo, en las mujeres, es bien prevalente entre la población femenina”, comentó Gratacós.
Evitar el consumo de tabaco, que se presentan como factor de riesgo, es otro escudo de defensa, no solo para la demencia, sino para muchas enfermedades crónicas como el cáncer y enfermedades cardiopulmonares, planteó.
Por otro lado, el doctor José Carrión Baralt, coordinador del Programa de Gerontología de la Escuela Graduada de Salud Pública del Recinto de Ciencias Médicas, dijo dentro de la gama de hábitos y de estilos de vida, que se entiende podrían reducir el riesgo de desarrollar demencia, está la llamada reserva cognitiva, que estimula y fortalece el cerebro mediante actividades educativas, sociales y diversos recursos cognitivos.
“Esa reserva cognitiva es la más firmemente establecida como escudo protector contra la demencia. Hay mucha literatura sobre eso y se ha encontrado en personas que tienen más altos niveles de escolaridad y en aquellas que han tenido profesiones que les han obligado a mantener el cerebro en forma”, compartió Carrión Baralt.
Estas prácticas retan al cerebro, promueven la toma de decisiones y el análisis.
Por ejemplo, la lectura, el aprender otro idioma, tocar algún instrumento, mantenerse aprendiendo nuevas materias o profesiones.
Coincidiendo con esto, Gratacós reiteró que la falta de educación, precisamente, es otro de factores de riesgo, pues a mayor educación, menos es el riesgo de padecer alguna demencia y esto se ha visto en diversos estudios en todo el mundo.
Desafortunadamente en Puerto Rico no hay un sistema confiable de estadísticas y esto se convierte en un gran reto para los profesionales del tema, recordó el doctor Carrión Baralt.
“Reducir los casos de demencia requiere esfuerzos coordinados en todos los niveles. Reducir las cifras de demencia no depende únicamente del avance médico, sino también de construir una sociedad más informada y solidaria. La educación y concienciación sobre esta enfermedad son fundamentales, incluyendo la capacitación de comunidades, familiares y profesionales de la salud”, dijo Salem Hernández.
Además, es fundamental combatir el estigma asociado a la demencia, especialmente cuando se presentan cambios en el comportamiento, continuó la psiquiatra.
La boricua actualmente trabaja con el neurólogo cognitivo Andrew E. Budson, jefe de Neurología Cognitiva y Conductual en el VA Healthcare System de Boston, y autor del libro Seven Steps to Managing Your Memory, en el que precisamente se presentan estrategias (basadas en evidencia) para el público general.
La actualidad en tratamientos
De acuerdo con la psiquiatra, entre los tratamientos más prometedores e innovadores para el alzhéimer se encuentran las terapias con anticuerpos monoclonales, dirigidos a la proteína beta-amiloide, como Lecanemab, aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos o la FDA, por su siglas en inglés, en julio de 2023, y Donanemab, en julio de 2024.
La beta-amiloide es una proteína que en la enfermedad de Alzheimer puede acumularse en el cerebro y formar placas. Estas afectan las células cerebrales, contribuyendo al deterioro de la memoria. Los nuevos medicamentos van dirigidos a remover dichas placas amiloides, retrasando el progreso de la condición hasta en un 30 por ciento, en un período de 1.5 años.
Estos nuevos medicamentos son administrados mediante infusiones intravenosas en entornos clínicos especializados y han demostrado reducir la progresión del deterioro cognitivo en las etapas tempranas, extendiendo el tiempo durante el cual los pacientes mantienen sus habilidades funcionales y diarias, detalló Salem Hernández.
“Actualmente tengo la oportunidad de trabajar directamente con estos medicamentos, participando en la identificación temprana de candidatos mediante una evaluación segura y multidisciplinaria (neurología cognitiva, neuropsiquiatría, enfermería y farmacéuticos). Este proceso incluye análisis de laboratorio, estudios de neuroimagen y pruebas nucleares, como el amyloid PET scan, que permite detectar la presencia de placas de beta-amiloide en el cerebro”, contó la doctora puertorriqueña.
De las metas a futuro entre los médicos especialistas es que se pueda lograr el diagnóstico temprano mediante biomarcadores en sangre, lo que podría permitir iniciar intervenciones más efectivas (desde etapas iniciales) e incluso sin presentar síntomas, maximizando el impacto de las terapias.
De lograrse, “podríamos estar hablando de posiblemente arrestar o detener la condición, y esperamos que no sea en un futuro muy lejano”, concluyó la psiquiatra.


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