La espondilitis anquilosante es una condición inflamatoria y autoinmune que comúnmente afecta más a hombres que a mujeres. Es un tipo de artritis que se manifiesta en la parte axial del esqueleto o el eje de las vértebras, de acuerdo con la reumatóloga Elizabeth Ramírez Díaz.

La espondilitis anquilosante se presenta como un dolor de espalda de tipo inflamatorio que puede aparecer entre los 30 a 45 años.

Se tiene que diferenciar del dolor espalda mecánico, que es el que todos en algún momento hemos experimentado y es causado por alguna fuerza o peso, problemas de discos u osteoartritis de las vértebras y usualmente mejora al descanso. Ahora, el dolor tipo inflamatorio es el que el ejercicio alivia la molestia”, explicó la doctora.

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Los pacientes con esta condición experimentan dolor cuando están en descanso y la sienten usualmente desde la mitad de la espalda, el área lumbar, hasta las articulaciones sacroilíacas, según Ramírez. 

“Es una enfermedad que puede ser lenta en presentarse”, dijo.

Otras áreas afectadas, de acuerdo a la Clínica Mayo, son los lugares en los cuales los tendones y ligamentos se unen a los huesos (principalmente en la columna vertebral), el cartílago entre el esternón y las costillas, así como las articulaciones de la cadera y los hombros.

Otros síntomas podrían presentarse en los pacientes, entre ellos, fatiga, cansancio, pérdida de apetito, pérdida de peso y dolores articulares de manos y tobillos, aseguró Ramírez Díaz.  

Además, puede tener efectos en el sistema visual, por lo que muchas veces se recomienda que los pacientes visiten un oftalmólogo para la realización de un examen general. 

“Algunos pacientes pueden padecer de inflamación del ojo, ya sea escleritis o uveítis, que puede ocasionar ceguera si no se trata a tiempo”, sostuvo. 

Ramírez Díaz indicó, de igual forma, que se asocia con enfermedad cardíaca temprana, pues la inflamación provoca consecuencias a los vasos coronarios y sanguíneos. 

No existe una causa asociada a la espondilitis anquilosante, pero la Clínica Mayo destaca que los factores genéticos podrían tener un rol significativo. 

Para la detección de la espondilitis anquilosante se emplean radiografías y son los médicos especialistas en la enfermedad quienes ven los casos

La reumatóloga afirmó que en la actualidad la enfermedad no tiene cura. Sin embargo, el tratamiento podría retrasar el proceso de la enfermedad, el cual consiste en el empleo de medicamentos y fisioterapia. 

The University of Miami Health System menciona, en su página web, que muchas personas también pueden recibir neuroestimulación con la finalidad de bloquear los impulsos nerviosos que hacen sentir el dolor.

La doctora Ramírez Díaz hizo un llamado al conocimiento de la condición y establecer comunicación constante con sus doctores. 

Cada persona debe conocer su cuerpo y conocer el tipo de dolor de espalda, cuando sea diferente al dolor mecánico, debe mencionarlo a su médico primario o su fisiatra. Lo más que diferencia el dolor de la espondilitis anquilosante es que el paciente, estando en la cama, tiene que moverse y estirarse, ahí es que siente alivio’’, sostuvo. 

Concluyó diciendo que mientras más temprano se detecte la condición y se comience a tratar, el progreso de la condición se retrasa. “Es una condición de por vida, una vez la persona es diagnosticada con ella, la condición sigue”, puntualizó.