El Recinto de Ciencias Médicas (RCM) de la  Universidad de Puerto Rico lleva a cabo dos investigaciones para conocer el impacto en la salud mental de los sobrevivientes de COVID-19, así como su severidad ante ciertas variaciones genéticas en el ser humano.

La psicóloga de la Universidad Carlos Albizu, Ana Cecilia Sala, al igual que la investigadora del Centro Comprensivo de Cáncer (CCC), María González-Pons —ambas facultativas del RCM— son coinvestigadoras del estudio que busca comprobar si las personas con genotipos proinflamatorios tienen posibilidades de que incremente su inflamación al infectarse cuando se topan con factores estresantes causados por la pandemia.

En caso de corroborarse la hipótesis, incrementaría el riesgo de sufrir la enfermedad de manera grave, coincidieron las dos coinvestigadoras en entrevista con Es Mental.

“El fin de este estudio es tener un conocimiento general sobre lo que pasa en el cuerpo humano, en mi caso, psicoeducando al paciente a entender lo que sucede y ayudarlo a sentir menos ansiedad y estrés al estar en control”, expresó Cecilia Salas vía telefónica.

En cuanto la idea le surgió a González-Pons se la comentó a Cecilia Salas. La psicóloga accedió debido a que le pareció que podía utilizar su conocimiento para desarrollar la investigación para la que tenían parte del camino ganado porque la investigadora del CCC tenía repositorios que podían utilizar para identificar a pacientes con los genotipos.

Junto a González-Pons y Cecilia Salas escogieron 10 investigaciones adicionales que tendrán a su cargo investigar el impacto del COVID-19 luego de someter un call for proposals, indicaron.

La Universidad de Puerto Rico les costeará parte de la investigación al haber sido escogidas.

La investigación trabajada junto a Marcia Cruz Correa, Milagros Figueroa Ramos, Marievelisse Soto-Salgado, así como otras colegas, es una iniciativa interdisciplinaria que han trabajado de manera cordial porque saben que existen preguntas que solamente se pueden responder cuando se unen fuerzas y saberes.

“Esta es una de las cosas que siempre promuevo que haya colaboración. Entre más perspectivas podamos, tener todas dirigidas a una misma visión, mejor es y es más abarcador”, acotó González-Pons.

La meta es llevar a cabo una investigación en la que el magna sea el rigor científico. Si bien es cierto que están conscientes de que siempre han enfilado cañones a ese norte, los artículos académicos e investigaciones que se han retractado de importantes publicaciones durante la pandemia han elevado la vara que comúnmente se imponían.

Esta misión se codea de la importancia de la academia en el manejo de la pandemia por el COVID-19, indicaron.

Para Cecilia Salas, el trabajo interdisciplinario, el análisis de datos y los resultados de la investigación representan el rol de la academia en la sociedad que es generar conocimiento. Es ese el norte que tienen claro porque saben que bajo ellas están las siguientes generaciones de mujeres y hombres en los distintos campos de las ciencias.

“Nosotros somos los que estamos desarrollando futuros psicólogos y, en mi caso, microbiólogos”, acotó González-Pons.

El rector del RCM, Segundo Rodríguez Quilichini, mencionó que la retroalimentación de la academia ha contribuido al manejo de la pandemia.

Rodríguez Quilichini, quien presidió el task force médico que asesoró a la gobernadora Wanda Vázquez Garced sobre el COVID-19, acotó que la comunicación entre la academia y el gobierno ha sido la manera más adecuada de tener una respuesta a la pandemia que alcanzó su pico en la Isla en agosto.

“La variedad de especialidades, investigaciones, modelos matemáticos y datos con los que cuenta la academia brindan un consejo científico que nos permite atender esta pandemia de forma profunda y abarcadora”, puntualizó. “La coordinación y comunicación directa entre la academia y el gobierno es la forma más efectiva de tener una respuesta adecuada al COVID-19”.