Era un martes, 24 de abril del 2018 y lo que parecía ser un día común para una joven de 23 años, posteriormente se convirtió en una pesadilla, la que culminó con la vida de otra persona y un proceso criminal con una pena de 8 años de arresto domiciliario. 

Así lo relató la maestra Gabriela López, hoy con 27 años, como parte del foro “La vida después de la cárcel: Mitos y realidades de la rehabilitación”, realizado por la Universidad Carlos Albizu y en el que siete personas que han enfrentado la cárcel contaron sus experiencias de encarcelamiento y cómo el proceso ha tenido repercusiones a la salud mental y el estigma ante la sociedad. Entre los testimonios figuró el de Alexander Capó, mejor conocido como “Alex Trujillo”, y la educadora de belleza, Ninoshka “Nina Lash” Álvarez.

Cuando me enteré que iba a cumplir 8 años con un grillete yo me quería morir. Ese día, camino a casa, yo me quería tirar del carro. El proceso ciertamente ha sido difícil, especialmente los primeros dos años, los cuales estuve sumergida en una gran depresión, yo no estaba bien”, contó López y aseguró que sin la ayuda de un grupo de trabajadores sociales, psicólogos y psiquiatras actualmente no estaría hablando de su historia. Pero, lograr el grupo de apoyo tampoco fue fácil ante el estigma.

“Recuerdo que llamé a un grupo de apoyo y me dicen: ‘En este caso no te podemos aceptar porque tú no eres la víctima’. Falta más empatía, porque somos constantemente juzgados”, dijo. 

Actualmente López, quien continúa bajo arresto domiciliario, colabora con proyectos a favor de la salud mental. 

“Como universidad pionera en psicología buscamos que nuestros estudiantes puedan conocer cómo la salud mental se afecta y cómo se puede fortalecer. Aspiro a que se pueda entender la importancia del proceso de recuperación y rehabilitación de confinados y personas que han tenido problemas con la ley”, dijo por su parte la coordinadora del evento y psicóloga clínica, la doctora Julimar Sáez Colón

Otro de los relatos sobre el estigma que viven las personas que salen de la prisión y su proceso de reintegrarse en la sociedad, lo compartió el fundador de la organización Impulso Cero y autor del libro Rescatado para Rescatar, Alan Vicéns, quien dijo que salir “a la calle con antecedentes penales” lo llevó a vender botellas de agua en los semáforos, ya que ninguna compañía deseaba darle trabajo.

“Yo vendía agua en la luz y recuerdo también que un (día de) San Valentín vendí fresas con chocolate. La gente me ignoraba, pero lo vendía”, precisó.

Pero, en su anhelo por lograr más, Vicéns comenzó a estudiar electricidad y posteriormente creó su compañía. 

Una historia similar a la de cara detrás de la marca “Nina Lash”, Ninoshka Álvarez, quien desde muy corta edad enfrentó la cárcel como autora de un robo que posteriormente se convirtió en un asesinato. 

La mujer relató cómo sus actos la llevaron a experimentar, asimismo, depresión y autolesiones. 

Luego de varios años en la cárcel y finalmente salir con 23 años, Álvarez se enfrentó a cuatro intentos de secuestro, que tenían como fin culminar con su vida. 

En esa etapa me volví a cortar y volví a la depresión, me estaba buscando uno de los matones más grandes de Bayamón, era una persona poderosa”, afirmó.

La persecución fue tanta que Álvarez y su ahora esposo tuvieron que irse a otra parte de la Isla buscando auxilio y señaló que durante el proceso logró entregar su vida a Dios.

“Realmente fue la gracia y misericordia de Dios. Hoy viajamos el mundo entero (con la marca “Nina Lash”), pero realmente lo que pasamos día y noche fue duro”, puntualizó.   

Finalmente, Alexander Capó expuso que, aunque pensó que nunca saldría de la cárcel, Dios hizo un milagro en su vida.

Me convertí en uno de los diez más buscados en Puerto Rico, yo ya no sentía amor por nadie. Le dije a Dios que me ayudara a ser igual que cuando era pequeño, porque yo vivía con la mente turbada y angustiada. Tenía mucho dinero, pero no tenía paz, contó.  

Relató que fueron muchas las noches que no logró conciliar el sueño, pero fue precisamente en un sueño en el que Dios lo perdonó “por sus pecados”. 

En lo que considera su nueva oportunidad de vida, Capó colabora con una fundación de entrega de alimentos y además visita escuelas para contar su historia.